Gane y perdí la apuesta?

Extra 1

El anillo de las cenizas superadas

El atardecer en los acantilados que bordeaban la costa de Florencia teñía el cielo de tonos dorados y violetas, replicando exactamente los colores de aquella ciudad donde mi metamorfosis había comenzado. Habían pasado meses desde aquella ceremonia universitaria donde cerramos las heridas del pasado, y cada día a lado de Mara había sido la prueba viviente de que el amor, cuando se reconstruye sobre la verdad y el arrepentimiento genuino, puede ser indestructible.

Llevaba semanas guardando un secreto en el bolsillo interior de mi saco. Un pequeño estuche de terciopelo negro que contenía una pieza única: un anillo diseñado personalmente con oro blanco y un sutil diamante central rodeado de diminutas incrustaciones que simulaban finas cenizas de plata, un recordativo eterno de que habíamos renacido juntos desde lo más hondo del dolor.

-¿En qué tanto piensas, Nolan? -la voz de Mara me sacó de mis pensamientos. Estaba de pie junto a la barandilla de piedra, luciendo un vestido vaporoso en tono marfil que se mecía con la brisa marina, con su melena corta en corte bob color avellana brillando bajo la luz del crepúsculo.

Me acerqué a ella con paso firme pero con el corazón latiéndome a mil por hora, exactamente igual que el primer día en que me atreví a hablarle en el campus, pero esta vez sin rastro de arrogancia, solo con una absoluta y vulnerable devoción.

-Pienso en el día en que te conocí, en el idiota que fui y en la mujer extraordinaria que tengo frente a mí -le respondí con voz suave, deteniéndome a pocos centímetros de distancia.
Mara me miró con una sonrisa tierna, arqueando una ceja con esa elegancia felina que jamás perdía.

-Vaya, capitán Vance. Veo que tus discursos han mejorado notablemente desde los tiempos de la universidad.

-Solo digo la verdad -murmuré, tomando sus manos suaves entre las mías y sintiendo cómo temblaban levemente-. Mara, me hiciste pasar por tus pruebas de fuego, me obligaste a mirar mis propios monstruos a los ojos y me enseñaste que el amor no se trata de apariencias ni de apuestas vacías, sino de elegirnos todos los días, incluso cuando el mundo se desmorona.

Me arrodillé lentamente sobre la piedra del acantilado, abriendo el estuche de terciopelo negro bajo la luz de las primeras estrellas. El anillo brilló con intensidad frente a sus ojos.

-No te pido que olvides el pasado, porque gracias a él somos quienes somos hoy. Solo te pido que caminemos juntos el resto de nuestras vidas. ¿Quieres casarte conmigo, Mara?
Las lágrimas brillaron en los ojos avellana de Mara. Se quedó en silencio un par de segundos, con una sonrisa radiante y profunda iluminando su rostro, antes de inclinarse y tomar mi rostro entre sus manos.

-Sí, Nolan. Sí quiero casarme contigo -respondió con la voz quebrada de emoción antes de besar mis labios con la misma intensidad de un nuevo comienzo.




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