Gane y perdí la apuesta?

Extra 2

El refugio de nuestra complicidad en la luna de miel

El sonido de las olas rompiendo contra los pilotes del bungalow privado sobre el agua en las Maldivas era la única música que interrumpía la paz absoluta de nuestras mañanas. Nuestra luna de miel se había convertido en el santuario definitivo donde la alta sociedad, los negocios del holding financiero y los fantasmas del pasado simplemente dejaron de existir.

Estábamos tumbados en una amplia hamaca tejida en la terraza, bajo la sombra de una sombrilla de lino blanco, mientras el sol tropical calentaba la atmósfera. Mara descansaba cómodamente con la cabeza apoyada en mi pecho, trazando círculos invisibles sobre mi piel con la punta de sus dedos, mientras yo le acariciaba el cabello corto en corte bob que ahora olía a jazmín y sal marina.

-¿Te das cuenta de que ya no hay juntas directivas, ni comités de disciplina, ni exámenes pendientes? -murmuró Mara con una sonrisa perezosa, cerrando los ojos al sentir la brisa cálida.

-Me doy cuenta, y me gusta peligrosamente -le contesté, besando la coronilla de su cabeza con infinita delicadeza-. Aunque, a decir verdad, el único examen que me importa aprobar todos los días es el de verte sonreír así de feliz.
Mara soltó una risa suave y se giró para quedar medio montada sobre mí, mirándome con esos ojos avellana que seguían quitándome la respiración como el primer día.

-Aprobaste con honores todas mis pruebas, Nolan. Pero te advierto que la vida de casados no viene con manual de instrucciones ni con segunda oportunidad si dejas la ropa tirada en el suelo.

-Acepto todas las condiciones de la dueña de mi vida -respondí antes de tirar de ella suavemente para besarla bajo el sol del trópico, sabiendo que este paraíso era apenas el prólogo de todo lo que nos esperaba.




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