Gane y perdí la apuesta?

Capitulo 33

La prueba de la vulnerabilidad compartida

La quinta prueba no fue un examen académico, ni una auditoría financiera, ni una tarea de limpieza en el sótano. Fue una cena privada en el mismo departamento de Florencia... bueno, en el departamento de Mara decorado con recuerdos de Florencia, donde me exigió desnudar mi alma por completo.

Eran las nueve de la noche cuando llegué con una botella de vino y algo de comida italiana sencilla. Mara abrió la puerta con una sonrisa sutil, permitiéndome pasar. Cenamos en silencio durante los primeros minutos, hasta que ella dejó los cubiertos sobre el plato y clavó sus ojos avellana en los míos con una intensidad que me hizo detener el tenedor en el aire.

-Dime la verdad, Nolan -comenzó diciendo con voz firme pero temblorosa en el fondo-. ¿Por qué aceptaste esa maldita apuesta de quinientos dólares? Sé lo que decían los chicos, sé la presión del grupo... pero quiero escuchar de tu propia boca qué demonios pasaba por tu cabeza para arriesgar algo tan valioso por una estupidez superficial.

Sentí que un nudo helado se me formaba en el estómago. Sabía que este era el momento de la verdad, el examen más difícil de toda mi vida. No podía mentir, no podía adornar las cosas ni buscar excusas baratas.
Dejé el tenedor sobre la mesa, bajé la mirada un segundo y luego la enfrenté con los ojos húmedos.

-Porque era un cobarde, Mara -confesé con la voz rota, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con desbordarse-. Tenía terror de no encajar en el molde que mi padre y mis amigos habían construido para mí. Vivía con el miedo constante de ser juzgado, de no ser lo suficientemente "popular", de perder el estatus que me habían impuesto desde niño. Cuando Brad lanzó la apuesta sobre la chica nueva y callada del fondo del salón, mi maldito ego idiota vio una oportunidad de demostrarle a los demás que yo mandaba. Al principio pensé que sería un juego inofensivo... pero en cuanto empezaste a hablarme, en cuanto descubrí tu inteligencia, tu dulzura, la forma en que veías el mundo con esa pasión por el arte que yo jamás me atreví a explorar, me enamoré de ti como un loco.
Hice una pausa, tragándome el nudo en la garganta mientras una lágrima se escapaba por mi mejilla.

-El verdadero terror no fue perder la apuesta, Mara; el terror fue darme cuenta de que me había enamorado de la única persona real en un mundo lleno de máscaras, y que por culpa de mi propia arrogancia estúpida te había destruido con mis propias manos. Desde el día en que te fuiste a Florencia, mi vida ha sido un infierno de remordimiento. Si me odias por eso, lo entenderé. Pero por favor, no dudes nunca de que lo nuestro, de lo que siento por ti, es lo único genuino que me ha pasado en la vida.

El silencio que siguió a mi confesión fue tan profundo que se podía escuchar el latido de nuestros corazones.
Mara se quedó inmóvil frente a mí. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas, y por primera vez en meses, vi cómo la máscara de hielo que había mantenido con tanta fuerza se resquebrajaba por completo, dejando al descubierto a la mujer sensible y herida que aún habitaba en su interior.

Se levantó lentamente de la silla, caminó alrededor de la mesa y se detuvo justo frente a mí. Extendió una mano temblorosa y, con una delicadeza infinita, acarició mi mejilla, limpiando la lágrima que había caído por mi rostro.
-Has pasado la quinta prueba, Nolan -susurró con una voz tan suave que apenas pude escucharla-. Has tenido el valor de mirar tus propios monstruos a los ojos y admitir tus debilidades sin excusas.
-¿Significa eso que... que me perdonas? -pregunté con el aliento suspendido, temiendo que fuera una ilusión.

-Significa que el muro de hielo por fin se ha derrumbado del todo -respondió ella con una sonrisa tierna y luminosa, la misma sonrisa que creí haber perdido para siempre-. Pero aún nos queda una última prueba, la más importante de todas.




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