La Canción que Encontró mi Corazón

Capítulo 5 — Cuando el mundo comenzó a mirar

El teléfono de Valentina no había dejado de sonar desde que había llegado a casa.

Una llamada.

Otra.

Mensajes.

Notificaciones.

Etiquetas en redes sociales.

Fotografías.

Comentarios.

Y una cantidad absurda de especulaciones.

Valentina estaba sentada en el borde de su cama, mirando la pantalla de su teléfono con el ceño fruncido.

La fotografía era clara.

Ella caminando junto a Adrián.

Mateo unos pasos delante de ellos.

No se veía nada comprometedor.

No estaban abrazados.

No se estaban besando.

Ni siquiera iban tomados de la mano.

Pero para la prensa aquello era suficiente.

¿QUIÉN ES EL MISTERIOSO HOMBRE QUE ACOMPAÑA A VALENTINA CRUZ?

Otro titular decía:

LA EXITOSA CANTANTE PODRÍA HABER ENCONTRADO EL AMOR.

Y uno más:

¿NUEVO ROMANCE EN PUERTA? VALENTINA CRUZ ES CAPTADA CON UN DESCONOCIDO.

Valentina dejó caer el teléfono sobre la cama.

—Esto es increíble.

Su hermano apareció en la puerta.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Cuando dices "nada" con esa cara, significa que pasó algo.

Valentina tomó el teléfono y se lo mostró.

Su hermano observó la fotografía.

Después levantó lentamente la mirada.

—¿Ese es él?

Valentina frunció el ceño.

—¿Quién?

—El hombre del parque.

—Sí.

Su hermano sonrió.

—Es guapo.

—No estamos hablando de eso.

—Tiene cara de rico.

Valentina se quedó callada.

—¿Cómo sabes?

—Porque parece que jamás ha tenido que comprar algo en oferta.

Valentina soltó una pequeña risa.

—No seas tonto.

—¿Es rico?

—No sé.

—¿No le preguntaste?

—No.

—¿Entonces qué sabes de él?

Valentina pensó unos segundos.

—Que tiene un hijo.

—Eso ya lo sé.

—Que trabaja mucho.

—También lo sabemos.

—Que cocina huevos.

Su hermano levantó una ceja.

—Eso sí es información importante.

Valentina sonrió.

—Y que es un hombre bastante reservado.

Su hermano se sentó a su lado.

—¿Te gusta?

Valentina se quedó inmóvil.

—No.

—Te gusta.

—No.

—Te gusta.

—¡No me gusta!

Su madre apareció en la puerta.

—¿Qué no te gusta?

Su hermano respondió inmediatamente:

—El hombre del parque.

Valentina lo fulminó con la mirada.

—¡Traidor!

Su madre sonrió.

—¿Es el que te invitó a cenar?

—Sí.

—¿Y te gusta?

Valentina suspiró.

—No sé.

Su madre se acercó y se sentó junto a ella.

—Entonces no tengas prisa por saberlo.

Valentina la miró.

—¿Qué quieres decir?

—Que a veces conocemos a alguien y nuestro corazón empieza a sentir cosas antes de que nuestra cabeza tenga tiempo de entenderlas.

Valentina bajó la mirada.

—No quiero enamorarme de alguien que no conozco.

—Entonces conócelo.

Aquellas palabras quedaron en su mente.

Al otro lado de la ciudad, Adrián estaba en su despacho.

Frente a él estaba su abogado.

También su asistente.

Y sobre el escritorio, una tableta mostraba la misma fotografía.

—¿Quién tomó esto? —preguntó Adrián.

—Un fotógrafo independiente —respondió su asistente—. La imagen fue publicada hace aproximadamente una hora.

Adrián observó la pantalla.

Valentina aparecía sonriente.

Mateo estaba junto a ella.

Y él caminaba a su lado.

La fotografía parecía completamente inocente.

Pero Adrián sabía perfectamente cómo funcionaba la prensa.

Una fotografía inocente podía convertirse en un escándalo en cuestión de minutos.

—¿Ya saben quién es ella? —preguntó.

Su asistente dudó.

—Hay algunas especulaciones.

—No pregunté eso.

—Sí, señor.

El abogado intervino.

—Adrián, deberíamos emitir una declaración.

—No.

—La prensa va a seguir investigando.

—Que investiguen.

—Si descubren quién es ella...

Adrián levantó la mirada.

—No quiero que nadie la moleste.

El abogado guardó silencio.

Aquella respuesta decía más de lo que Adrián estaba dispuesto a admitir.

Su asistente miró la pantalla.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—Ya descubrieron parte de la información.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué información?

—La identidad de ella.

Adrián se quedó quieto.

—¿Quién es?

Su asistente giró la tableta.

En la pantalla apareció una fotografía de Valentina sobre un escenario.

El cabello suelto.

Un vestido brillante.

Un micrófono en la mano.

Miles de personas detrás de ella.

Debajo de la imagen aparecía un nombre.

VALENTINA CRUZ.

Adrián sintió un pequeño golpe en el estómago.

La joven del parque.

La mujer de los jeans.

La que decía preferir una vida sencilla.

La misma que había evitado decirle exactamente a qué se dedicaba.

Era una de las artistas más famosas del país.

—¿Ella es...?

—Sí.

Su asistente comenzó a explicarle.

—Tiene veintiséis años. Es cantante profesional. Sus últimos tres álbumes han sido éxitos internacionales. Tiene millones de seguidores y...

Adrián dejó de escuchar.

Solo pensaba en una cosa.

Ella también le había mentido.

No había sido una mentira grave.

Pero era una mentira.

Y eso significaba que la relación que habían comenzado estaba construida sobre secretos.

A la mañana siguiente, Adrián llegó al parque con Mateo.

Pero esta vez había algo diferente.

Estaba nervioso.

No quería reconocerlo.

Un hombre que había cerrado negociaciones de millones de dólares sin pestañear no debería sentirse nervioso por encontrarse con una mujer.

Pero lo estaba.

Mateo corría detrás de una pelota.

—Papá.




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