A las seis de la mañana, el teléfono de Valentina comenzó a sonar sin descanso.
Una llamada.
Luego otra.
Después otra.
Todavía medio dormida, estiró la mano para tomarlo.
—¿Quién llama tan temprano?
Vio el nombre de su representante.
—Diego...
Contestó.
—¿Sí?
—Valentina, no salgas de tu casa.
Ella se incorporó inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Hubo un silencio breve.
—La noticia salió hace unos minutos.
—¿Qué noticia?
—Tu relación con Adrián.
Valentina sintió que el sueño desaparecía de golpe.
—¿Qué?
—Hay fotografías de ustedes.
—¿Qué fotografías?
—Las del parque. También hay una de ustedes en el estudio.
Valentina se quedó inmóvil.
—¿Quién las publicó?
—No lo sabemos todavía.
—¿Qué están diciendo?
Diego suspiró.
—De todo.
Valentina abrió su computadora.
Las redes sociales estaban llenas de fotografías.
“VALENTINA CRUZ Y ADRIÁN MONTENEGRO: EL ROMANCE DEL AÑO.”
Otro titular decía:
“LA CANTANTE MILLONARIA Y EL EMPRESARIO MÁS PODEROSO DEL PAÍS CONFIRMAN SU RELACIÓN.”
Y uno más agresivo:
“¿AMOR O NEGOCIO? LA RELACIÓN QUE PODRÍA SER LA NUEVA ALIANZA DE DOS FORTUNAS.”
Valentina apretó los labios.
—No...
Comenzó a leer los comentarios.
Algunos eran positivos.
Otros crueles.
“Ella solo quiere su dinero.”
“Él busca publicidad.”
“Qué conveniente que ambos sean millonarios.”
“Seguro es una estrategia de marketing.”
“Ella odiaba a los hombres ricos y terminó con el más rico de todos.”
Ese comentario le dolió.
Porque era cierto.
Ella había dicho públicamente que no confiaba en los hombres ricos.
Y ahora estaba enamorada de uno.
—Valentina —dijo Diego—, no leas los comentarios.
Ella cerró la computadora.
—Demasiado tarde.
—Voy para allá.
—No.
—¿No?
—Quiero hablar con Adrián primero.
Adrián recibió la noticia casi al mismo tiempo.
Su asistente entró a su despacho con el teléfono en la mano.
—Adrián...
Él levantó la mirada.
—Ya lo vi.
—Las redes están explotando.
—Lo imaginé.
—Hay periodistas afuera.
Adrián se levantó.
—¿Cuántos?
—Muchos.
—¿Y la casa?
—También.
Adrián miró por la ventana.
Varias camionetas de medios estaban estacionadas frente al edificio.
—Esto no es casualidad.
—¿Crees que fue Julián?
—No lo sé.
Su asistente dudó.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—Algunos medios están diciendo que Valentina se acercó a ti por tu dinero.
Adrián endureció la expresión.
—No voy a permitir que la ataquen.
—Entonces tendremos que dar una declaración.
Adrián negó.
—No todavía.
—¿Por qué?
—Porque primero necesito hablar con ella.
Tomó su teléfono.
Tenía un mensaje de Valentina.
“Necesito verte.”
Adrián respondió inmediatamente.
“Voy por ti.”
Pero no fue necesario.
Valentina llegó al edificio de Adrián por una entrada privada.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, él estaba esperándola.
Ella salió rápidamente.
—Adrián.
Él caminó hacia ella.
—¿Estás bien?
Valentina negó con la cabeza.
—No.
Adrián la abrazó.
Ella se aferró a él.
—No quería que fuera así.
—Lo sé.
—Quería que pudiéramos vivir esto tranquilos.
—Yo también.
Valentina se separó.
—Están diciendo que estoy contigo por dinero.
Adrián la miró fijamente.
—Yo sé que no.
—Pero todos los demás no.
—No importa lo que digan.
—Sí importa.
Él tomó sus manos.
—Valentina, mírame.
Ella levantó los ojos.
—No voy a permitir que nadie decida por nosotros.
—¿Y si esto destruye tu reputación?
—Mi reputación sobrevivirá.
—¿Y tu empresa?
—También.
—¿Y tu familia?
Adrián sonrió suavemente.
—Mi familia está contigo.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—¿De verdad?
—Mi madre te quiere.
—Tu hijo me llama mamá.
Adrián soltó una pequeña risa.
—Ese es un asunto que ya se salió de control.
Valentina sonrió entre lágrimas.
—Es adorable.
—Es peligroso.
Ella rió.
Por unos segundos olvidaron el escándalo.
Hasta que un teléfono comenzó a sonar.
Era el de Valentina.
Su madre.
Contestó.
—Mamá.
—Hija, ¿estás bien?
—Sí.
—Tu hermano está intentando responder a todos los periodistas.
Valentina abrió los ojos.
—¡Dile que no lo haga!
Desde el otro lado se escuchó la voz de su hermano:
—¡Ya les dije que Adrián no es un viejo aburrido!
Valentina cerró los ojos.
—¡Mamá!
Elena se rio.
—No te preocupes. Ya lo tengo controlado.
—¿Están bien?
—Sí. Solo estamos sorprendidos.
Valentina respiró aliviada.
—Te quiero.
—Yo también, hija.
Antes de colgar, Elena añadió:
—Y, por cierto...
—¿Sí?
—Si ese hombre te hace feliz, no dejes que los comentarios arruinen eso.
Valentina sonrió.
—Gracias, mamá.
Colgó.
Adrián la miró.
—Tu familia es increíble.
—Lo sé.
Mientras tanto, Mateo estaba desayunando con su abuela.
Su teléfono infantil no paraba de recibir mensajes de sus amigos.
Uno de ellos había visto la noticia.
—Abuela.
—¿Sí?
—¿Por qué hay una foto de mi papá y Valentina en todas partes?
La mujer se quedó quieta.
—Porque los periodistas los fotografiaron.
Mateo frunció el ceño.
—¿Ya saben?
—¿Qué cosa?
—Que ella va a ser mi mamá.