La Canción que Encontró mi Corazón

Capítulo 20 — Una relación escondida

Durante los días siguientes, algo había cambiado entre Adrián y Valentina.

No era necesario decirlo.

No necesitaban explicarlo.

Después de aquel beso bajo la lluvia, ambos sabían que lo que sentían había dejado de ser una posibilidad.

Era amor.

Pero también sabían que el mundo exterior no les daría tranquilidad.

La prensa seguía pendiente de cada movimiento de Valentina.

Los fotógrafos buscaban cualquier imagen que pudiera confirmar una relación.

Y mientras Julián seguía moviendo sus piezas en silencio, Adrián y Valentina decidieron guardar su relación para ellos.

Al menos por un tiempo.

—Entonces... ¿somos novios? —preguntó Valentina una tarde.

Adrián sonrió.

—Yo diría que sí.

—¿Dirías?

—Si quieres puedo decirlo con más seguridad.

Valentina cruzó los brazos.

—A ver.

Adrián se acercó.

—Eres mi novia.

Ella sonrió.

—Ahora sí.

—Y tú eres mi novia.

—Correcto.

—¿Eso significa que puedo besarte?

—Solo si preguntas.

Adrián fingió decepción.

—Qué estricta.

Valentina soltó una carcajada.

—Es importante establecer reglas.

—¿Cuáles?

Ella levantó un dedo.

—Nada de controlar mis decisiones.

—De acuerdo.

Segundo dedo.

—Nada de contratar guardaespaldas sin decírmelo.

—De acuerdo.

Tercer dedo.

—Nada de revisar mis mensajes.

—Nunca lo haría.

Cuarto dedo.

—Y...

Se quedó pensando.

—¿Y?

—Nada de poner esa cara cuando estés celoso.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué cara?

Valentina comenzó a reír.

—Esa.

—No pongo ninguna cara.

—Adrián, cuando Sebastián se acerca, parece que quieres comprar el edificio donde estamos solamente para echarlo.

—No haría eso.

—¿Seguro?

—Bueno...

Ella levantó una ceja.

—Tal vez el edificio.

Los dos rieron.

Era fácil estar juntos cuando nadie los observaba.

Sin cámaras.

Sin periodistas.

Sin explicaciones.

Solo ellos.

Y, por supuesto, Mateo.

El niño estaba sentado en el sofá de la casa de Adrián dibujando.

Su padre entró a la sala.

—¿Qué haces?

Mateo escondió rápidamente la hoja.

—Nada.

Adrián lo miró con sospecha.

—¿Por qué escondes el dibujo?

—Porque es secreto.

—¿Qué secreto?

—No te puedo decir.

—Soy tu padre.

—Por eso.

Adrián soltó una pequeña risa.

—Está bien.

Mateo volvió a dibujar.

Adrián se sentó a su lado.

—¿Quieres ir al parque mañana?

—Sí.

—¿Invitamos a Valentina?

Mateo levantó inmediatamente la cabeza.

—¡Sí!

—Pero recuerda que no puedes decirle a nadie que estamos saliendo.

Mateo frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque queremos mantenerlo privado.

—¿Privado?

—Sí.

Mateo pensó unos segundos.

—¿Como un secreto?

—Exactamente.

El niño asintió.

—Yo sé guardar secretos.

Adrián sonrió.

—Eso espero.

Mateo volvió a su dibujo.

—¿Puedo decirle a mi abuela?

—No.

—¿A mi tío?

—No.

—¿A mi profesora?

—¡Mucho menos!

Mateo soltó una risita.

—Está bien.

Adrián no podía imaginar que acababa de confiarle el secreto a la persona menos indicada para guardarlo.

Al día siguiente, Valentina llegó al parque.

Mateo la vio desde lejos.

—¡VALENTINA!

Varias personas voltearon.

Adrián cerró los ojos.

—Empezamos mal.

Mateo corrió hacia ella.

—¡Mi mamá!

Valentina se quedó paralizada.

—¿Qué dijiste?

Mateo se dio cuenta de su error.

—Nada.

—¿Me dijiste mamá?

—No.

—Mateo...

—Dije... ¡mamá... no!

Adrián llegó rápidamente.

—Mateo.

El niño miró a su padre.

—Se me escapó.

Valentina se llevó una mano a la boca para ocultar la risa.

—Creo que alguien necesita practicar eso de guardar secretos.

Mateo bajó la cabeza.

—Perdón.

Valentina se agachó frente a él.

—No estoy enojada.

—¿De verdad?

—De verdad.

—Entonces...

Miró a Adrián.

—¿Puedo seguir diciendo mamá cuando estemos solos?

Adrián se quedó sin palabras.

Valentina soltó una carcajada.

—Solo cuando estemos solos.

Mateo sonrió.

—¡Trato hecho!

Pasaron la tarde en el parque.

Mateo jugaba mientras Adrián y Valentina estaban sentados en una banca.

—Me gusta esto —dijo ella.

—¿Qué cosa?

—Esto.

Señaló el parque.

—Estar contigo sin que nadie sepa.

Adrián la observó.

—A mí también.

Valentina apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Aunque me gustaría que algún día podamos hacerlo sin escondernos.

—Ese día llegará.

—¿Lo prometes?

—Sí.

Ella levantó la mirada.

—¿Y si la gente habla?

—Que hable.

—¿Y si dicen que estoy contigo por dinero?

Adrián negó con la cabeza.

—Yo sé por qué estás conmigo.

—¿Y si dicen que tú estás conmigo por mi fama?

—También sé por qué estoy contigo.

Valentina sonrió.

—¿Por qué?

Adrián acercó su rostro al de ella.

—Porque cuando estoy contigo dejo de ser el hombre que todos esperan que sea.

Valentina lo miró emocionada.

—¿Y quién eres conmigo?

—Solo Adrián.

Ella lo besó suavemente en la mejilla.

—Me gusta ese Adrián.

—A mí me gusta esta Valentina.

—¿Cuál?

—La que no necesita ser famosa.

Valentina sonrió.

—Entonces quédate con ella.

—Eso pienso hacer.

Mientras ellos hablaban, Mateo jugaba con otros niños.

Uno de ellos le preguntó:

—¿Quiénes son ellos?

Mateo señaló a Adrián y Valentina.

—Mi papá y mi mamá.

Adrián escuchó.

Se levantó de inmediato.

—Mateo.

El niño se volvió.




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