La Canción que Encontró mi Corazón

Capítulo 15. La primera confesión

La fotografía no tardó en llegar a donde Julián quería.

Aquella misma tarde, uno de sus hombres se encargó de que una copia terminara en el teléfono de Adrián.

No fue necesario agregar demasiado.

Solamente una frase:

“Parece que Valentina ya encontró a alguien más.”

Adrián observó la imagen.

Valentina y Sebastián estaban frente al piano.

Sebastián la miraba.

Ella sonreía.

Una escena completamente inocente para cualquiera.

Pero para un hombre que ya estaba enamorado, aquella fotografía podía convertirse en una tormenta.

Adrián dejó el teléfono sobre el escritorio.

—No voy a caer en esto.

Intentó continuar trabajando.

Cinco minutos después volvió a mirar la fotografía.

—Maldita sea.

Se levantó.

Caminó hasta la ventana.

No quería desconfiar de Valentina.

Ella misma le había pedido confianza.

Y él se la había prometido.

Pero había algo que no podía ignorar.

Sentía miedo.

Miedo de perderla antes de haber tenido siquiera la oportunidad de decirle lo que realmente sentía.

Mientras tanto, Valentina seguía en el estudio.

Sebastián tocó una melodía.

—¿Qué te parece?

—Bonita.

—¿Y la letra?

—Podemos mejorarla.

Sebastián la observó.

—¿Estás pensando en alguien?

Valentina sonrió.

—Siempre pienso en alguien cuando escribo.

—¿En Adrián?

Ella levantó la mirada.

—Sí.

Sebastián guardó silencio unos segundos.

—Lo quieres mucho.

—Sí.

—Se nota.

Valentina dejó el lápiz.

—¿Te molesta?

Sebastián sonrió con cierta tristeza.

—No debería.

—Sebastián…

—No te preocupes. No voy a hacer nada que te haga sentir incómoda.

Valentina asintió.

—Gracias.

Él volvió al piano.

—Pero sí voy a intentar conquistarte.

Valentina abrió los ojos.

—¿Qué?

Sebastián soltó una carcajada.

—Era broma.

Ella lo miró con desconfianza.

—No pareció una broma.

—Tal vez porque no lo era completamente.

Valentina suspiró.

—Sebastián…

—Tranquila. Respeto tus sentimientos.

Pero aquella conversación confirmó algo.

Sebastián no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.

Esa noche, Valentina salió del estudio y encontró a Adrián esperándola.

Se sorprendió.

—¿Qué haces aquí?

—Quería verte.

Ella sonrió.

—Podías haberme avisado.

—Lo sé.

Valentina se acercó.

—¿Está todo bien?

Adrián la miró.

—Sí.

—No pareces convencido.

—Estoy pensando demasiado.

—Eso nunca es bueno.

Adrián soltó una pequeña risa.

—Tienes razón.

Caminaron juntos hacia el automóvil.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

Finalmente Adrián habló.

—Vi las fotografías.

Valentina supo inmediatamente cuáles.

—¿Las de Sebastián?

—Sí.

Ella respiró profundamente.

—Estábamos trabajando.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué estás así?

Adrián se detuvo.

—Porque tengo miedo.

Valentina lo miró sorprendida.

—¿Miedo de qué?

—De perderte.

Ella dio un paso hacia él.

—No me vas a perder.

—No puedo estar seguro.

—¿Por qué?

Adrián la miró directamente.

—Porque todavía no sé qué soy para ti.

Valentina sintió que aquellas palabras le atravesaban el corazón.

—Adrián…

—Sé que te gusto.

Ella sonrió.

—Mucho.

—Sé que confías en mí.

—Sí.

—Sé que hay algo entre nosotros.

—Sí.

—Pero necesito saber si tú también sientes lo mismo que yo.

Valentina permaneció en silencio.

El corazón le latía con fuerza.

Había llegado el momento.

—¿Quieres saber la verdad?

—Sí.

Ella respiró profundamente.

—Me enamoré de ti.

Adrián se quedó completamente inmóvil.

Valentina continuó:

—No sé exactamente cuándo ocurrió.

Sonrió nerviosamente.

—Quizá fue en el parque.

—¿Cuando Mateo lanzó la pelota?

—Quizá.

Adrián sonrió.

—O cuando descubrí que no eras solamente un hombre rico.

—¿Y ahora?

Valentina lo miró a los ojos.

—Ahora sé que eres el hombre que quiero conocer cada día un poco más.

Adrián sintió que algo dentro de él se rompía.

No de dolor.

De felicidad.

—Valentina…

Ella tomó su mano.

—No quiero que tengas miedo de Sebastián.

—Lo intentaré.

—No tienes que competir con él.

—Lo sé.

—Porque mi corazón ya eligió.

Adrián apretó suavemente su mano.

—El mío también.

Permanecieron mirándose.

El mundo parecía haberse detenido.

Adrián levantó lentamente una mano y acarició la mejilla de Valentina.

Ella cerró los ojos.

Sus rostros volvieron a acercarse.

Esta vez no había interrupciones.

No había cámaras.

No había periodistas.

Solo ellos.

Pero cuando estaban a centímetros…

El teléfono de Valentina comenzó a sonar.

Ambos se quedaron inmóviles.

Valentina abrió los ojos.

—No puede ser.

Adrián soltó una carcajada.

—¿Mateo?

Ella miró la pantalla.

—Mi hermano.

Adrián respiró aliviado.

—Por un momento pensé que el universo tenía algo personal contra nosotros.

Valentina contestó.

—¿Qué pasó?

La voz de su hermano sonó al otro lado.

—¿Dónde estás?

—Con Adrián.

Silencio.

—Ah.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué?

—Nada.

—Habla.

—Mamá recibió otra carta de papá.

Valentina dejó de sonreír.

—¿Otra?

—Sí.

—Voy para allá.

Colgó.

Adrián notó inmediatamente el cambio en su rostro.

—¿Tu padre?

Valentina asintió.

—Sí.

—¿Quieres que te acompañe?

Ella lo miró.

Por un instante pareció dudar.




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