La Canción que Encontró mi Corazón

Capítulo 30 — La familia que eligieron

La noticia de la supuesta crisis entre Adrián y Valentina recorrió todos los medios en cuestión de horas.

Las fotografías de ambos, serios y separados, aparecieron en todas partes.

Los periodistas hablaban de una ruptura.

Los programas de espectáculos analizaban cada gesto.

Las redes sociales estaban llenas de teorías.

Y mientras el mundo entero creía que la pareja estaba a punto de terminar...

Adrián y Valentina estaban sentados juntos en una habitación privada, tratando de no reír.

—Esto es absurdo —dijo Valentina.

Adrián sonrió.

—Pero está funcionando.

—Mira esto.

Ella le mostró el teléfono.

—Dicen que posiblemente cancelamos la boda.

—Perfecto.

—También dicen que tú regresaste con una antigua novia.

Adrián abrió los ojos.

—¿Qué?

Valentina comenzó a reír.

—Lo siento.

—¿Y quién es?

—No dicen el nombre.

—Excelente. Ahora soy infiel con una mujer misteriosa.

Valentina se rio aún más.

—Te queda.

Adrián negó con la cabeza.

—Qué cruel eres.

Ella se acercó.

—Pero te amo.

—Eso me salva.

Se abrazaron.

La estrategia estaba funcionando.

Julián y Esteban creían que la presión había conseguido separarlos.

Y precisamente por eso estaban bajando la guardia.

Mientras tanto, en una oficina oscura, Esteban observaba las noticias.

—Funcionó.

Julián permanecía de pie frente a la ventana.

—¿Estás seguro?

—Las fuentes están confirmando la ruptura.

Julián sonrió.

—Entonces Valentina está sola.

—No exactamente.

—¿Qué quieres decir?

—Sigue teniendo a su familia.

Julián apretó los labios.

—Su familia no podrá protegerla de todo.

Esteban dejó un expediente sobre el escritorio.

—Hay otra cosa.

Julián lo abrió.

Dentro había información sobre la empresa de Adrián.

—¿Qué es esto?

—Los documentos que necesitamos.

Julián levantó la mirada.

—¿Ya los tienes?

—Casi.

—¿Y qué falta?

Esteban sonrió.

—La firma de Valentina.

Julián se quedó inmóvil.

—Ella nunca firmará.

—Lo hará.

—¿Cómo?

—Cuando crea que firmar es la única manera de salvar a su familia.

Julián cerró el expediente.

—No quiero que le hagan daño.

Esteban soltó una pequeña risa.

—Qué curioso.

—¿Qué?

—Después de catorce años, todavía quieres ser el padre protector.

Julián lo miró con dureza.

—No la metas en esto.

—Ya está dentro.

La trampa comenzó esa misma noche.

Valentina recibió una llamada.

—¿Señorita Cruz?

—¿Quién habla?

—Tenemos información sobre su madre.

Valentina se puso seria.

—¿Qué ocurre con ella?

—Está en peligro.

—¿Dónde está?

—En un lugar seguro.

—Quiero hablar con ella.

—Puede hacerlo si viene sola.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Quiénes son ustedes?

—Personas que pueden evitar que ocurra una tragedia.

La llamada terminó.

Valentina permaneció inmóvil.

Después llamó a Adrián.

—No vayas sola —dijo él inmediatamente.

—Lo sé.

—Voy contigo.

—Pero estamos fingiendo estar separados.

—Entonces fingiremos mejor.

Valentina sonrió.

—De acuerdo.

El lugar indicado era un viejo edificio.

Valentina entró acompañada por un equipo de seguridad oculto.

Adrián estaba cerca.

No podía verla directamente.

Todo parecía vacío.

Hasta que escucharon una voz.

—Valentina.

Julián apareció.

Ella se quedó inmóvil.

—¿Dónde está mi madre?

—Está bien.

—Quiero verla.

—Primero tenemos que hablar.

—No.

Valentina dio un paso atrás.

—Dijiste que estaba en peligro.

—Lo está.

—¿Por qué?

Julián respiró profundamente.

—Porque ellos saben que estás investigando.

—¿Quiénes?

—La gente que estuvo detrás de nuestra familia.

Valentina lo miró con desconfianza.

—¿Y tú estás con ellos?

Julián bajó la mirada.

—No.

—Entonces demuéstralo.

Julián sacó un documento.

—Firma esto.

Valentina lo miró.

—¿Qué es?

—Una transferencia temporal.

—¿De qué?

—De algunos de tus activos.

Ella soltó una risa incrédula.

—¿Quieres que te entregue mi dinero?

—Quiero protegerte.

—No.

—Valentina...

—No volverás a utilizar esa palabra para manipularme.

Julián cerró los ojos.

—No entiendes.

—Entiendo perfectamente.

Ella levantó el documento.

—Quieres mi dinero.

—No.

—Entonces ¿por qué necesitas mi firma?

Julián permaneció en silencio.

Valentina rompió el documento.

—No voy a firmar nada.

En ese momento, las luces se apagaron.

Valentina retrocedió.

Escuchó pasos.

—¡¿Quién está ahí?!

Julián la tomó del brazo.

—¡Corre!

—¡Suéltame!

—¡Valentina!

Una puerta se abrió.

Adrián apareció.

—¡Valentina!

Ella corrió hacia él.

—¡Adrián!

Él la abrazó.

—¿Estás bien?

—Sí.

Julián los observó.

—Tenemos que salir.

Adrián lo miró.

—¿Tú?

—No fui yo.

—Eso todavía está por demostrarse.

Julián negó.

—Si hubiera querido hacerle daño, no la habría advertido.

Adrián tomó la mano de Valentina.

—Nos vamos.

Afuera, la policía ya estaba llegando.

El equipo de seguridad había activado el protocolo.

Julián fue detenido para declarar.

Antes de subir al vehículo, miró a Valentina.

—Yo no quería que esto ocurriera.

Ella lo observó en silencio.

—Todavía puedes decirme la verdad.

Julián bajó la mirada.

—La verdad te pondrá en peligro.

—No.

Valentina negó.

—Las mentiras ya lo hicieron.




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