La Canción que Encontró mi Corazón

Capítulo 13. El beso accidental

La mañana siguiente comenzó con una sonrisa que Valentina no podía explicar.

Se encontraba frente al espejo, arreglándose el cabello para asistir al estudio, cuando recordó la cena de la noche anterior.

Las dos velas torcidas.

La flor arrancada del jardín.

Mateo hablando de matrimonio como si estuviera organizando una boda para la siguiente semana.

Y, sobre todo, aquel instante en que ella y Adrián estuvieron a punto de besarse.

Valentina tocó sus labios distraídamente.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó su hermano desde la puerta.

Ella se sobresaltó.

—¡Nada!

—Estabas tocándote los labios.

—Me estaba poniendo bálsamo.

Su hermano miró el tubo que estaba sobre la mesa.

—Está cerrado.

Valentina se quedó callada.

—Buenos días —dijo él, sonriendo.

—Vete.

—¿Adrián te besó?

—¡No!

—¿Tú lo besaste?

—¡Tampoco!

—Entonces, ¿por qué tienes cara de haber ganado la lotería?

Valentina tomó una almohada y se la lanzó.

—¡Fuera!

Su hermano salió riendo.

—¡Voy a decirle a mamá que ya tenemos boda!

—¡No hay boda!

Pero cuando se quedó sola, Valentina volvió a sonreír.

Tal vez no había ocurrido un beso.

Pero algo estaba cambiando.

Y ella lo sabía.

En casa de Adrián, la situación no era muy diferente.

Adrián estaba desayunando mientras revisaba algunos documentos cuando Mateo apareció con una expresión demasiado seria.

—Papá.

—¿Qué?

—Tenemos un problema.

Adrián dejó el teléfono.

—¿Qué pasó?

—Ayer no se besaron.

Adrián cerró los ojos.

—Mateo…

—Es un problema.

—No es un problema.

—Sí.

—¿Por qué?

Mateo se sentó frente a él.

—Porque si no se besan, no pueden enamorarse más.

—Eso no funciona así.

—¿Entonces cómo funciona?

—No lo sé.

Mateo sonrió.

—Tú tampoco sabes.

Adrián soltó una risa.

—Definitivamente eres hijo mío.

—¿Eso es bueno?

—A veces.

Mateo tomó una tostada.

—Hoy tenemos que arreglarlo.

—No vamos a arreglar nada.

—Yo sí.

—Mateo.

—¿Qué?

—No hagas nada.

Mateo levantó ambas manos.

—Está bien.

Adrián lo observó con desconfianza.

—¿Prometido?

—Prometido.

Pero Mateo sonrió.

Y esa sonrisa era exactamente lo que preocupaba a su padre.

Por la tarde, Valentina llegó al estudio para terminar la canción.

Diego escuchó la nueva versión.

—Está muy bien.

—¿De verdad?

—Sí. Pero hay algo que falta.

—¿Qué?

—Una parte que diga exactamente lo que sientes.

Valentina se quedó pensando.

—No sé si quiero decirlo.

—Entonces no lo digas.

—¿Y si quiero?

Diego sonrió.

—Entonces no tengas miedo.

Valentina tomó el lápiz.

Escribió una última línea.

"Quizá no sea el momento, pero mi corazón ya te eligió."

Se quedó mirándola.

No la tachó.

—Esa se queda —dijo.

Diego asintió.

—Definitivamente estás enamorada.

Esta vez Valentina no discutió.

—Creo que sí.

Esa noche, Adrián recibió otro mensaje.

Valentina:
"¿Quieres escuchar la canción completa?"

Adrián sonrió.

Adrián:
"Sí."

Valentina:
"Entonces ven al estudio."

Él miró la hora.

—Voy.

Tomó las llaves y salió.

Cuando llegó al estudio, Valentina lo esperaba.

—Hola.

—Hola.

Durante unos segundos ninguno supo qué decir.

Finalmente ella sonrió.

—¿Quieres escucharla?

—Claro.

Entraron a la cabina.

Valentina colocó la grabación.

La música comenzó.

Adrián escuchó cada palabra.

No necesitaba que ella dijera su nombre.

Sabía perfectamente de quién hablaba.

Cuando terminó, se hizo un silencio.

—Valentina…

Ella lo miró.

—¿Te gustó?

—Mucho.

—¿La entiendes?

Adrián se acercó.

—Creo que sí.

—¿Y?

—Creo que alguien tuvo mucha suerte.

Valentina sonrió.

—¿Quién?

—El hombre que inspiró esa canción.

Ella bajó la mirada.

—Tal vez no sea tan afortunado.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sabe si la mujer que la escribió siente lo mismo por él.

Adrián dio otro paso.

—Creo que sí lo sabe.

—¿Cómo?

—Porque esa mujer lo mira de la misma manera que él la mira a ella.

Valentina levantó la vista.

Sus ojos se encontraron.

Otra vez aquella cercanía.

Otra vez ese silencio.

Pero esta vez ninguno retrocedió.

Adrián levantó lentamente una mano y apartó un mechón del cabello de Valentina.

—No quiero volver a alejarme de ti.

Ella sintió un nudo en la garganta.

—Entonces no lo hagas.

Adrián sonrió.

Estaban a centímetros.

Y justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse…

La puerta se abrió.

—¡Papá!

Ambos se separaron.

Mateo entró corriendo.

—¡Los encontré!

Adrián se llevó una mano a la frente.

—¿Qué haces aquí?

—Vine con la abuela.

Detrás apareció la madre de Adrián.

—Perdón. Mateo insistió tanto que finalmente tuvimos que traerlo.

Mateo miró a su padre.

Después miró a Valentina.

—¿Otra vez casi?

Valentina se puso roja.

Adrián respiró profundamente.

—No pasó nada.

Mateo suspiró.

—Ustedes son muy lentos.

La madre de Adrián soltó una carcajada.

—Parece que el niño tiene razón.

—Mamá…

—Yo no dije nada.

Mateo se acercó a Valentina.

—¿Te gustó la canción?

—Sí.

—¿Es para mi papá?

Valentina miró a Adrián.

—Tal vez.

Mateo sonrió.

—Entonces sí se van a casar.

—¡Mateo! —dijeron ambos al mismo tiempo.




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