La Canción que Encontró mi Corazón

Capítulo 10 — El primer ataque de celos

Valentina pasó la noche dando vueltas en la cama.

No podía dejar de pensar en dos hombres.

Uno pertenecía a su pasado.

El otro comenzaba a convertirse en su presente.

Julián Cruz.

Adrián Montenegro.

Dos hombres completamente diferentes.

Y, sin embargo, ambos estaban provocando que su corazón perdiera la tranquilidad que tanto le había costado conseguir.

Tomó el teléfono de la mesa de noche.

El último mensaje de Adrián seguía allí.

“No quiero presionarte. Solo quería que supieras que sigo pensando en ti.”

Valentina sonrió.

—Eres un tonto —susurró.

Estuvo a punto de responder.

Pero recordó que él había sido quien decidió alejarse.

Dejó el teléfono nuevamente sobre la mesa.

Cinco segundos después lo tomó.

Escribió:

“Yo también pienso en ti.”

Lo leyó.

Lo borró.

Escribió:

“Mateo debe extrañarme.”

Lo borró.

Finalmente escribió:

“Buenas noches.”

Lo envió.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

“Buenas noches, Valentina.”

Y debajo apareció otro mensaje.

“Duerme bien.”

Ella sonrió.

—Eso intentaré.

A la mañana siguiente, Valentina recibió una llamada de su representante.

—Necesito que vengas al estudio.

—¿Por qué?

—Tenemos una propuesta.

—¿De quién?

—Sebastián Vega.

Valentina se quedó en silencio.

Sebastián era uno de los cantantes más importantes del país.

También era conocido por su atractivo, su seguridad y por haber protagonizado varios rumores amorosos con otras artistas.

—¿Qué quiere?

—Grabar una canción contigo.

Valentina sonrió.

—Eso suena bien.

—Y quiere que participes en un concierto especial.

—Perfecto.

—Hay un detalle.

—¿Cuál?

—La prensa seguramente va a interpretar que hay algo entre ustedes.

Valentina soltó una carcajada.

—La prensa interpreta cualquier cosa.

—Lo sé.

—Acepto.

Horas después, Valentina llegó al estudio.

Sebastián estaba esperándola.

—¡Valentina!

La abrazó con confianza.

—Qué gusto verte.

—Igualmente.

—Escuché tu último sencillo.

—¿Y?

—Me encantó.

—Gracias.

Sebastián sonrió.

—Sabía que trabajar contigo sería una buena idea.

—¿Eso significa que ya estás preparando una canción?

—Tengo algunas ideas.

Se sentaron frente a un piano.

Comenzaron a hablar de música.

Valentina se relajó.

Por primera vez en varios días no estaba pensando en Adrián.

Hasta que alguien tomó una fotografía desde el pasillo.

A varios kilómetros de distancia, Adrián acababa de terminar una reunión.

Su asistente entró en la oficina.

—Tenemos un problema.

Adrián levantó la mirada.

—¿Qué pasó?

Su asistente colocó un teléfono sobre el escritorio.

—Esto acaba de publicarse.

Adrián miró la pantalla.

La fotografía mostraba a Valentina abrazando a Sebastián.

El titular decía:

“VALENTINA CRUZ Y SEBASTIÁN VEGA PREPARAN UNA SORPRESA. ¿NUEVO ROMANCE?”

Adrián sintió que algo se apretaba dentro de su pecho.

—¿Quién es él?

Su asistente levantó una ceja.

—¿En serio preguntas?

Adrián no respondió.

—Es Sebastián Vega.

—Lo sé.

—Entonces sabes que es cantante.

—También sé que está trabajando con Valentina.

Adrián tomó el teléfono.

Volvió a mirar la fotografía.

—Están demasiado cerca.

Su asistente intentó no sonreír.

—Es un abrazo.

—Demasiado cerca.

—Adrián...

—¿Qué?

—Estás celoso.

Él levantó la mirada.

—No estoy celoso.

—Claro.

—No lo estoy.

—Entonces deja de mirar la fotografía.

Adrián dejó el teléfono.

Pasaron tres segundos.

Lo volvió a tomar.

Su asistente sonrió.

—Definitivamente no estás celoso.

—Puedes retirarte.

—Con gusto.

Antes de salir, añadió:

—Por cierto, tienes una reunión en veinte minutos.

—Cámbiala.

—¿Por qué?

Adrián tomó su teléfono.

—Tengo que hacer una llamada.

—¿A quién?

Adrián lo miró.

—A Valentina.

Su asistente salió sonriendo.

Valentina contestó después de la tercera llamada.

—Hola.

La voz de Adrián hizo que sonriera.

—Hola.

—¿Estás ocupada?

—Estoy trabajando.

—Ya veo.

Hubo un silencio.

—¿Pasó algo? —preguntó ella.

—No.

—Adrián...

—Nada.

Valentina soltó una pequeña risa.

—Estás raro.

—No estoy raro.

—Sí lo estás.

—Solo quería saber cómo estabas.

—Bien.

—¿Con quién estás?

Valentina arqueó una ceja.

—¿Perdón?

—Preguntaba...

—¿Con quién estoy?

—Sí.

—Estoy con Sebastián.

Silencio.

Valentina sonrió.

—¿Adrián?

—¿Sí?

—¿Estás celoso?

—No.

—¿Seguro?

—Completamente.

Ella comenzó a reír.

—Tu silencio acaba de responder por ti.

Adrián suspiró.

—Solo...

—¿Solo qué?

—No me gusta verlo abrazándote.

Valentina se quedó callada.

—¿Sabes que no tienes derecho a ponerte celoso?

—Lo sé.

—Porque tú decidiste alejarte.

—También lo sé.

—Entonces...

—Pero no puedo evitarlo.

Aquella confesión hizo que la sonrisa de Valentina desapareciera lentamente.

—Adrián...

—No quiero controlar lo que haces.

—Entonces no lo hagas.

—No lo haré.

Hubo otro silencio.

—Pero sí puedo decirte que me pone celoso.

Valentina sonrió.

—Eso sí.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿No te pondrías celosa si me vieras con otra mujer?

Valentina respondió inmediatamente.

—No.




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