Valentina permaneció inmóvil frente a su madre.
La fotografía temblaba entre sus dedos.
—Mamá... —repitió—. ¿Quién es este hombre?
Elena no respondió inmediatamente.
Su mirada permanecía fija en la fotografía.
—¿Lo conoces?
Elena cerró los ojos.
—Sí.
El corazón de Valentina comenzó a latir con fuerza.
—¿Quién es?
—Se llamaba Esteban Rivas.
—¿Se llamaba?
—Sigue vivo.
Valentina frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué dices que se llamaba?
Elena respiró profundamente.
—Porque para nosotros dejó de existir hace muchos años.
El hermano de Valentina se acercó.
—Mamá, ¿qué está pasando?
Elena dejó escapar un suspiro.
—Tu padre conoció a Esteban cuando comenzó a expandir su negocio.
Valentina miró nuevamente la fotografía.
—¿Era su socio?
—Más que eso.
—¿Qué significa eso?
Elena se sentó.
—Esteban fue quien presentó a tu padre a los inversionistas que cambiaron su vida.
Valentina sintió un escalofrío.
—Entonces era verdad.
—¿Qué?
—Que papá no construyó su fortuna solo.
Elena asintió.
—No.
—¿Y por qué nunca me dijiste?
—Porque eras una niña.
—Ya no lo soy.
—Lo sé.
Valentina apretó la fotografía.
—Necesito saberlo todo.
Elena bajó la mirada.
—No puedo contártelo todo.
—¿Por qué?
—Porque algunas cosas no me corresponden.
—¡Mamá!
Elena levantó los ojos.
—Tu padre me pidió que nunca hablara de aquello.
Valentina se quedó callada.
—¿Y tú obedeciste?
—Durante años.
—¿Por qué?
Elena tardó en responder.
—Porque tenía miedo.
La palabra cayó en la habitación como una piedra.
Valentina se sentó frente a ella.
—¿De Esteban?
Elena asintió lentamente.
—Y de lo que podía hacerle a nuestra familia.
Adrián recibió una llamada pocos minutos después.
—¿Valentina?
—Necesito verte.
Su voz sonaba diferente.
—¿Qué pasó?
—Encontré algo sobre mi padre.
Adrián se puso de pie.
—Voy por ti.
—No.
Él se detuvo.
—¿No?
—Quiero hablar contigo, pero primero necesito pensar.
Adrián entendió.
—Está bien.
—Adrián...
—¿Sí?
—Gracias por no preguntarme más.
—Cuando estés lista, me contarás.
Valentina cerró los ojos.
—Te amo.
Adrián sonrió.
—Yo también te amo.
Colgaron.
Pero ninguno de los dos sabía que aquella sería una de las últimas conversaciones tranquilas que tendrían durante algún tiempo.
Al día siguiente, la situación empeoró.
Una nueva noticia apareció en todos los medios.
“VALENTINA CRUZ: ¿HEREDERA DE UNA FORTUNA CON UN PASADO OSCURO?”
Después apareció otra.
“DOCUMENTOS ANTIGUOS CUESTIONAN EL ORIGEN DE LA FORTUNA DE LA CANTANTE.”
Y otra.
“¿QUÉ OCULTA LA FAMILIA CRUZ?”
Valentina observaba las noticias en silencio.
Su hermano apagó la televisión.
—Ya basta.
—Déjala —dijo Valentina.
—No tienes que escuchar esto.
—Necesito saber qué están diciendo.
Elena entró en la habitación.
—Hija.
Valentina la miró.
—¿Fue papá?
Elena no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.
—Fue él.
—No lo sé.
—Mamá...
—No lo sé, Valentina.
—Pero sabes que está relacionado.
Elena bajó la mirada.
—Sí.
Adrián estaba en una reunión de emergencia.
Su abogado colocó varios documentos sobre la mesa.
—Los medios están recibiendo información privada.
—¿De dónde?
—De alguien con acceso a documentos antiguos.
—¿Julián?
—Probablemente.
Adrián golpeó suavemente la mesa.
—Quiero saber quién está detrás de todo esto.
—Estamos investigándolo.
—Más rápido.
—Adrián...
—No voy a quedarme sentado mientras destruyen a Valentina.
Su abogado lo miró seriamente.
—Hay otra cosa.
—¿Qué?
—Si continúas apareciendo públicamente con ella, los medios podrían empezar a relacionar tu empresa con las investigaciones sobre Julián.
Adrián permaneció en silencio.
—Eso podría afectar a tus accionistas.
—No me importa.
—A ti quizá no.
El abogado respiró profundamente.
—Pero puede afectar a miles de empleados.
Adrián cerró los ojos.
Aquello era precisamente lo que sus enemigos querían.
Obligarlo a elegir.
Valentina o todo lo demás.
Esa tarde, Valentina y Adrián finalmente se encontraron.
Fue en el mismo parque donde se conocieron.
El lugar estaba casi vacío.
Valentina llegó primero.
Adrián caminó hacia ella.
—Hola.
Ella intentó sonreír.
—Hola.
Él notó inmediatamente que algo estaba mal.
—¿Qué pasó?
Valentina sacó la fotografía.
—Mi madre conoce a este hombre.
Adrián la observó.
—Esteban Rivas.
—Sí.
—Era socio de Julián.
—Mi madre dice que fue quien lo ayudó a construir su fortuna.
Adrián asintió.
—Lo sabemos.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Lo sabías?
—Encontramos su nombre en los documentos.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Adrián se quedó callado.
—Porque todavía no sabía qué significaba.
—Pero me prometiste que me contarías.
—Y lo hice.
—No. Me dijiste que habías encontrado algo, pero no esto.
Adrián respiró profundamente.
—No quería asustarte.
Valentina dio un paso atrás.
—No vuelvas a decir eso.
—Valentina...
—No quiero que me protejas ocultándome cosas.
Él asintió.
—Tienes razón.
—Estoy cansada de que todos decidan qué puedo soportar.
Adrián se acercó.
—No quiero ser como tu padre.
Valentina cerró los ojos.
—Entonces no lo seas.