Sal de mi piel

La biblioteca

El profesor termino la clase puntualmente, dando el fin de la última clase del día, salí del aula con un suspiro de alivio, llevaba conmigo algunos libros que tenia que devolver a la biblioteca, pero antes de ir preferí ir con Kenia, mis ojos la buscaron por el pasillos hasta que inmediatamente la encontré saliendo de su salón, aunque esta vez estaba siendo acompañada por Uziel, ya que compartían la ultima clase.

—¡Kenia! —la llamé con una sonrisa, agitando la mano.

Ella se volvió hacia mí y me devolvió el saludo con una sonrisa, Uziel caminaba a su lado, levantó ligeramente la mano en un gesto casual, acompañado de una sonrisa pequeña, casi imperceptible, le devolví el gesto aunque esta vez un poco más tímida, siempre me había parecido un poco distante, pero últimamente me parecía alguien que sabe más de lo que dice, pero que prefiere guardárselo para sí mismo.

Cuando llegaron a mi lado comenzamos a conversamos animadamente, mientras caminábamos hacia la salida, bueno más bien Kenia llevaba la conversación, como siempre, a la vez que yo lanzaba algunos comentarios, sin embargo nuestra burbuja se rompió cuando Kenia se detuvo de repente.

—Bueno, los tengo que dejar, porque me tengo que ir a mi clase y por si no los vuelvo a ver ¡nos vemos mañana! —dijo, dándonos un beso en la mejilla a cada quien.

Antes de que pudiera reaccionar, ella ya estaba cruzando el patio con su paso ligero y seguro, dejándome a solas con Uziel. Un silencio incómodo se instaló entre nosotros mientras caminábamos unos pasos, no sabía si debía decir algo o simplemente despedirme también.

—¿Y tú, a dónde vas? —pregunté finalmente, un poco nerviosa de que no respondiera.

—A la biblioteca —respondió él, rascándose la nuca—. Tengo un examen de matemáticas que me trae de cabeza.

—¡Ay, no!, a mí también me cuestan muchísimo —confesé, sintiendo una pequeña conexión inesperada con él—. Quizás podríamos estudiar juntos alguna vez.

Uziel me miró, claramente sorprendido por mi propuesta.

—¿De verdad?, no quiero molestarte —dijo, aunque la ligera curvatura de sus labios delataba que la idea le agradaba.

—Para nada, de hecho, me vendría bien tener a alguien que me explique las cosas de forma más clara —le sonreí, tratando de parecer más segura de lo que realmente me sentía.

Y así, sin pensarlo mucho más, nos dirigimos juntos a la biblioteca, el camino que al principio temí que estuviera lleno de silencios incómodos, se llenó rápidamente de una conversación inesperadamente fluida, descubrí que Uziel era un apasionado de la música alternativa, me habló de bandas que nunca había escuchado antes, con nombres tan peculiares que me hacían reír.

—Tienes que escuchar a The Paper Kites —dijo en un momento, sacando sus audífonos—. Hay una canción que pienso que te gustaría.

—¿En serio?, nunca los había oído —respondí, intrigada.

—Eso lo arreglamos ahora mismo —se colocó un audífono y me ofreció el otro.

Caminamos con la canción suave y melancólica de fondo, cuando acabo Uziel comenzó a hablarme de cómo la música había sido una especie de refugio para él, me contó que pasaba horas explorando listas de reproducción y asistiendo a conciertos de artistas pequeños, siempre buscaba nuevos sonidos que le hicieran sentir algo distinto, su entusiasmo era contagioso y por primera vez lo vi completamente relajado sin que hubiera fumado algo, ademas de que cada vez que hablaba de su pasión los ojos le brillaban.

—¿Tocas algún instrumento? —le pregunté, curiosa.

—Aun no, pero me gusta intentarlo —respondió encogiendose de hombros, como si fuera algo insignificante.

Al llegar a la biblioteca, primero fui a entregar los libros que tenia, después encontramos un rincón tranquilo y sacamos nuestros libros, sin embargo pronto quedó claro que estábamos más interesados en hablar que en estudiar, ya que incluso algunos de los que se encontraban ahí nos empezaron a callar, pero lo ignoramos, porque no podíamos parar de soltar algunas risas por las anécdotas que nos contábamos.

Me sorprendí a mí misma disfrutando de su compañía más de lo que esperaba, había algo en Uziel que hacía que el tiempo pasara más rápido, aunque también había una pequeña parte de mí que seguía siendo cautelosa, como si no pudiera evitar preguntarme si todo eso era genuino o solo una máscara.

Cuando finalmente llegó la hora de despedirnos, sentí una punzada de tristeza, no quería que ese momento terminara.

—Bueno, ha sido un buen día —dijo Uziel, sonriendo mientras recogía sus cosas—, Gracias por acompañarme.

—Igualmente —respondí, sintiendo un leve calor en las mejillas—. Nos vemos pronto, ¿verdad?

—Por supuesto —aseguró con una ligera inclinación de cabeza.

Mientras caminaba de regreso a casa, la música que él me había mostrado seguía resonando en mi mente, aquel momento había sido mucho más que una simple sesión de estudio, había sido un vistazo a una persona que... aunque parecía sencilla por fuera, guardaba un mundo entero de detalles, pero no podía negar que aun había algo en él que me intrigaba, algo que quería seguir descubriendo.




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