El día siguiente se desarrolló como cualquier otro, aunque mi corazón palpitaba más rápido cada vez que pensaba en Uziel, aún podía sentir la emoción de ver su reacción a mi historia. Las clases transcurrían lentas y mi mente divagaba constantemente hacia él, y no podía parar de preguntaba si volveríamos a encontrarnos solo él y yo como el día anterior.
Al salir de mi primera clase, lo vi, estaba cerca de las escaleras, aparentemente distraído, pero algo en su postura me decía que estaba esperando a alguien, no había mucha gente alrededor, por lo que decidí acercarme, a medida que estaba mas cerca él levantó la vista y su mirada se cruzó con la mía, me quede parada y ahora él era el que se acercaba lentamente, como si no quisiera llamar la atención.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté, tratando de sonar casual mientras mi corazón latía con fuerza.
—Esperaba verte —respondió con una sonrisa.
Sentí como mis mejillas se calentaban.
—¿Tienes un rato? —me preguntó en voz baja.
—Sí, ¿por qué?
—Ven, quiero hablar contigo.
Antes de que pudiera procesarlo, sin decir una palabra me hizo una seña con la cabeza para que lo siguiera, me guió por el pasillo hasta llegar a un salón vacío, él abrió la puerta y me dejó entrar primero, cerró la puerta detrás de nosotros, asegurándose de que nadie nos hubiera visto, el silencio del lugar solo provocó que mi corazón latiera más rápido.
—¿Por qué tanto misterio? —pregunté, aunque en el fondo sabía la respuesta.
—Solo quiero estar un rato contigo sin que nos interrumpieran —dijo.
La forma en que lo dijo me hizo sentir un cosquilleo en el estómago, nos quedamos en silencio por un momento, pero del tipo de silencio que no es incómodo, hasta que poco a poco comenzamos a hablar, primero de cosas insignificantes, luego de cosas más personales, la tensión en el aire era palpable, como si ambos estuviéramos esperando que algo mas pasara, de pronto Uziel se apoyó contra el escritorio del maestro y yo me quedé de pie a unos pasos de él.
—Ayer fue divertido —dijo de repente, mirándome directo a los ojos.
—Sí, lo fue —respondí con una sonrisa tímida.
Y entonces sin previo aviso, se acercó hacia mí y me besó, fue rápido como si temiera que me alejara, pero yo no lo hice, sino que fue todo lo contrario, me dejé llevar por el momento, mi mente se nubló por completo y por un momento todo a nuestro alrededor dejó de existir, cuando nos separamos ambos nos quedamos en silencio, tratando de procesar lo que acababa de pasar.
—Perdón, no sé por qué hice eso —dijo, llevándose una mano a la nuca.
—Está bien —respondí, aunque mi corazón seguía latiendo con fuerza.
Nos sentamos en unas sillas, uno al lado del otro, intentando normalizar la situación, comenzamos a platicar de cualquier cosa para aligerar la tensión, pero había algo en el ambiente que hacía que las palabras parecieran irrelevantes. De repente Uziel jaló mi silla hacia él, nos quedamos tan cerca que nuestras rodillas se rozaron.
—¿Qué haces? —le pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
—No quiero tenerte lejos —dijo
Antes de que pudiera decir algo, el me tomo del rostro y volvió a besarme, esta vez el beso fue más largo, más intenso, pero algo no se sentía del todo bien, al principio pensé que era solo mi imaginación, pero después de un par de besos más, me di cuenta que Uziel no besaba tan bien.
Había algo torpe en la manera en que movía los labios, y me di cuenta de que, aunque el momento era especial, su forma de besar dejaba mucho que desear, intenté seguir el ritmo, pero no podía ignorar la sensación de incomodidad. Me separé un poco, tratando de ocultar mi confusión, y sonreí para que no notara nada, él me miró estando todavía cerca, como si estuviera analizando mi reacción.
—¿Qué pasa? —preguntó al notar mi expresión.
—Nada, solo... me sorprendiste —mentí.
Seguimos platicando, esta vez con una energía más relajada, pero la idea de su manera de besar seguía rondando mi mente, no sabía cómo sentirme al respecto, pero decidí dejarlo pasar, después de todo los sentimientos eran lo que realmente importaban, ¿no?.
Ninguno de los dos entro a la ultima clase, el resto del tiempo nos la pasamos juntos, hasta que llego el momento de irnos, él me acompaño a la mitad del camino a mi casa, ya que tenia que regresar temprano a su casa, nos despedimos con un beso y cada quien siguió su camino.
La tarde avanzaba lentamente mientras repasaba mentalmente cada detalle de lo que había sucedido en el salón vacío con Uziel, había algo en la forma en que el día había cambiado tan repentinamente, seguía sintiendo el calor de su presencia y la torpeza de su beso, como si su esencia aún estuviera impregnada en mi piel, entonces mi teléfono vibró, sacándome de mis hermosos pensamientos.
Kenia —Me acabo de besar a Mateo.
Su mensaje me dejo con los ojos abiertos.
—Eso, ¿quién tuvo la iniciativa esta vez?
Kenia —Él.
—¡Por fin!
Kenia —Y hoy que traigo un labial fuerte, así que lo dejé todo manchado jaja.
—Como se debe Jajaja.
Kenia —La marca del amor, jaja.
Sonreí al leer sus mensajes, imaginando su expresión de felicidad, su emoción era contagiosa, pero al mismo tiempo, me hizo cuestionarme si debería contarle lo que había pasado con Uziel, miré la pantalla por unos segundos, pero al final decidí que no era el momento.
—Qué bueno que por fin pasó, te lo mereces.
Kenia —Gracias, amiga, ¿y tú? ¿cómo va todo?
Respiré hondo antes de contestar.
—Todo tranquilo o al menos eso creo.
Kenia —Pues ya te llegará tu momento, yo sé.
Dejé el teléfono a un lado y me recosté sobre la cama, repasando las palabras de Kenia, ¿debería contarle?, era mi mejor amiga, pero algo dentro de mí me decía que aún no, porque no sabía qué como era ahora su relación con Uziel, si es que había algo, además la forma en que él había estado actuando conmigo, primero tan distante hasta hacía poco y ahora tan coqueto todavía me confundía.
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Editado: 01.10.2026