Sal de mi piel

Museo

El día finalmente llegó y con él nuestra visita al Museo de Antropología, aunque inicialmente la idea no me emocionaba mucho, la perspectiva de pasar la tarde con mi amiga hacía que todo pareciera más llevadero. Desde el momento en que a llegamos a las afueras del lugar, Kenia y yo estábamos emocionadas por explorar las exhibiciones, a pesar de que el plan inicial era solo hacer la tarea.

—¿Lista para convertirnos en críticas por un día? —dijo Kenia con una sonrisa mientras caminaba a la entrada del museo.

—Siempre lista —respondí con un toque de sarcasmo, sosteniendo mi teléfono para tomar fotos.

Entrar al museo fue como cruzar una barrera a otro mundo, nos entregaron un mapa del lugar, pero Kenia lo dobló y lo guardó en su bolso sin siquiera mirarlo.

—¿Plan organizado o pura intuición? —pregunté mientras seguía su ejemplo.

—Por supuesto que será por intuición, recuerda que las mejores aventuras siempre son las improvisadas —respondió guiñándome un ojo.

La energía de ella de ver todo convirtió el recorrido en una experiencia mucho más entretenida de lo que había anticipado, caminamos entre vitrinas que exhibían artefactos prehispánicos, cada una más fascinante que la anterior, Kenia no dejaba de hacer comentarios graciosos sobre algunas de las figuras de barro y las herramientas de obsidiana, a lo que ambas no podíamos parar de reír.

Probablemente éramos las visitantes más ruidosas de todo el museo, pero no nos importó, las miradas de los demás solo hacían que Kenia se volviera más dramática, levantando la mano como si estuviera dando una conferencia sobre arte e historia. Cuando llegamos a la sala de esculturas, nos detuvimos frente a una pieza impresionante, ya que era una figura que representaba a una mujer con una expresión melancólica.

—¿Qué crees que estará pensando? —pregunté, intrigada.

Kenia se cruzó de brazos y fingió reflexionar profundamente.

—Tal vez algo como, "¿por qué no pedí tacos en vez de ensalada?"

No pude evitar estallar en carcajadas, Kenia siempre encontraba la forma de hacer que cualquier situación fuera divertida. La tarde transcurrió entre risas, fotos y pequeños momentos en los que realmente nos dejábamos llevar por la historia, al salir del museo fuimos a una cafetería cercana a tomar algo y comentar nuestra visita.

Mientras comíamos algo, tampoco pudimos parar de hablar y de reír, incluso algunos de los que estaban ahí también nos dijeron que nos callaremos, pero no les dimos importancia. En general fue una tarde en la que habíamos aprendido algunas cosas de historia, a la vez que hubo un poco de introspección, o al menos de mi parte, porque cada vez que estaba con Kenia, me daba cuenta de lo valiosa que era nuestra amistad para mi y también de lo bien que podíamos equilibrar momentos serios con nuestro humor absurdo.

Por la noche, ya en mi habitación, mi celular vibró con los mensajes de Kenia.

Kenia —Ya le avise a Uziel de mañana.

—Muy bien, —respondí.

Había olvidado en que habíamos quedado en invitarlo.

Kenia —¿Y si invito a Mateo mañana?

—Sí, hazlo

Kenia —Pero primero invítalo tú.

—Sí, pero tú también invítalo, para que se haga presión social.

Kenia —Sí, sí, le digo que si no, en mi vida le vuelvo a dar un beso.

Me reí mientras leía su mensaje, a los segundos me metí en la conversación que tenia con Mateo y le hice la invitación del picnic del día siguiente, mientras contestaba revise la conversación que llevábamos, aunque no era mucha y solo le hablara por Kenia, ya que no le hablaría de otra forma, no podía decir que me caía mal. Su respuesta fue un ¨para la siguiente ire¨ y justo después recibí un mensaje de mi amiga, al revisar vi que me envió un video de una pareja haciendo cosas adorables juntos.

Kenia —Jajaja, podríamos ser él y yo, es que estamos enamorados.

—Jajaja, obvio que son ustedes, por cierto ¿a ti qué te dijo de mañana?

Kenia —Técnicamente fue un no amable, jajaja

—A mi también jaja.

Kenia —Por primera vez en toda su existencia me contestó rápido, a la vez que me hice la que no sabía que tú ya le habías dicho.

—Jajaja, pero al menos te contesto rápido y que bueno que no sospecho que ya sabias.

Kenia —Si que bueno, es para que pensara que lo hice por iniciativa propia.

—Ojalá nunca se le pase por la cabeza.

Kenia —Pero al menos ya vio que sí lo quiero.

No pude evitar no hacer una sonrisa de gusto por ella.

Kenia —Por cierto, vine a ver el final del reality show que no te gusta a la casa de Oriol, apenas se armó el plan y también va a venir Uziel.

—Se la pasan a gusto y les dices del color rojo para mañana —le recordé

Kenia —Sí, ya me dijeron que sí.

—Que bueno, porque si no, no los iba a dejar estar en el picnic.

Kenia —Jajaja.

—Más les vale.

Kenia —Jajaja.

Apagué el celular con una sonrisa, pensando en lo fácil que era hablar con Kenia sobre cualquier cosa, nuestro día había sido uno de esos que se quedan grabadas en la memoria por mucho tiempo.




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