El salón de clases parecía más silenciosa de lo habitual, aunque mi mente seguía divagando entre los recuerdos de las tardes anteriores con Uziel junto con las dudas que me acosaban. La clase estaba a punto de comenzar, pero no podía evitar sentirme nerviosa, ya que mi mirada se dirigía constantemente a la puerta, esperando a que Kenia apareciera en cualquier momento, porque cada vez faltaba menos para que el maestro empezara a hablar y ella aun no llegaba, así que decidí mandarle mensaje.
—Kenia, ¿vas a entrar a la clase o dónde estás para salirme del salón e ir?
Minutos después, mi celular vibró en el bolsillo trasero, sacándome de mis pensamientos, su mensaje me sacó una sonrisa.
Kenia —Estoy con Mateo, vamos a la cafetería.
Sonreí, asintiendo con la cabeza, aunque sabía que ella no podía verme.
—Okey, dile si va a ir al museo, yo ya le dije, pero te toca a ti también.
Teníamos que ir a ese lugar para una tarea de la clase de historia, y la tarde anterior le hice el favor de preguntarle a Mateo sobre si iría, pero fue difícil que diera una respuesta.
Kenia —Ya le dije, pero dice que no sabe y es muy seguro no vaya, porque va a haber una fiesta en la casa de uno de sus amigos, y olvídalo no venimos a la cafetería.
Rodé los ojos, a veces la espontaneidad de Kenia era desconcertante, pero al mismo tiempo, eso era parte de lo que la hacía tan especial. No la vi el resto del día, las clases transcurrieron lentas, pero aun tenia mi mente dividida entre la conversación con ella y lo ocurrido con Mateo, agregando mis dudas sobre Uziel. Justo cuando estaba comenzando a perderme en la monotonía de mi ultima clase, mi celular vibró nuevamente.
Kenia —Qué crees
Me quedé leyendo el mensaje, sintiendo cómo mi corazón se aceleraba un poco por la anticipación.
—¿Qué?? —respondí rápidamente, olvidándome por completo del maestro que escribía en el pizarrón.
Kenia —Me besé con Mateo.
Abrí los ojos de par en par y mis dedos corrieron por la pantalla.
—Yeeeei —escribí, tratando de contener mi sorpresa, aunque sentí una mezcla extraña de alegría y desconcierto.
Sabía que Kenia y Mateo habían dejado de hablar por un tiempo, pero al parecer las cosas habían cambiado, todo parecía ir de maravilla para ella, recordé cuando Kenia me habló por primera vez sobre Mateo, en esa ocasión sus ojos brillaban mientras describía su sentido del humor y las largas conversaciones que compartían, siempre había sospechado que entre ellos existía algo más que amistad, pero parecía que había llegado el momento de confirmarlo.
Su mensaje me distrajo de mis propias dudas, por un rato, dejé de pensar en Uziel, en cómo había hecho que me sintiera cómoda de una forma que no experimentaba desde mi última relación, me quedé unos segundos mas observando la pantalla de mi celular, pensando en cómo Kenia siempre lograba convertir cualquier momento en algo emocionante, me alegraba por ella.
La clase termino una hora antes, por lo que caminé por los pasillos sin un rumbo claro, ya que esta vez no podía quedarme en el salón, tenia la cabeza llena de pensamientos cruzados, hasta que me encontré frente a la biblioteca, decidí entrar porque ahí siempre me daba una sensación de calma.
Al pasar entre las estanterías, mi mente regresó involuntariamente a Uziel, recordé aquella tarde, sus palabras que llenaron los espacios vacíos con una facilidad, había algo en su forma de hablar, en cómo escuchaba con genuino interés, que hacía que todo lo demás desapareciera.
Me senté en una de las mesas del rincón más apartado, apoye los codos en la superficie y deje que mi mente vagara libremente, ¿era posible que estuviera empezando a sentir algo por él?, la idea me hizo sentir vulnerable, como si estuviera abriendo una puerta que llevaba poco tiempo cerrada y a la cual no sabia si estaba lista de abrir de nuevo.
Intenté distraerme sacando el libro que llevaba de mi mochila, pero no podía concentrarme, cada vez que cerraba los ojos, podía ver la manera en que sus labios se curvaban en una sonrisa o cómo sus ojos brillaban cuando hablaba de algo que le apasionaba, poco a poco pude sentir como mi estomago se agitaba y mi corazón latía mas rápido, para ser sincera, eso me aterraba.
Antes de darme cuenta, alguien se sentó frente a mí, levanté la mirada y ahí estaba él, con su mochila al hombro y una sonrisa que parecía iluminar todo a su alrededor.
—Oh, hola Uziel —dije, tratando de sonar casual, aunque mi corazón estaba latiendo con fuerza.
—Hola, te vi entrar hace un rato y pensé en saludarte —respondió, mientras acomodaba su mochila sobre la silla a su lado.
Apoyó los brazos en la mesa, inclinándose ligeramente hacia adelante y me miro detenidamente.
—¿Todo bien?, pareces... distraída.
—Sí, solo que... pensaba en cosas de mi clase —mentí, desviando la mirada hacia el libro que tenia abierto.
—¿Solo cosas de tu clase o es algo más? —bromeó, pero su tono era lo suficientemente suave como para hacerme pensar que realmente le importaba.
Negué con una risa nerviosa.
—Digamos que un poco de todo.
Pasamos un rato hablando de cosas triviales como el libros que yo estaba leyendo, una película que él había visto recientemente, cada que hablaba me quedaba mirándolo, estaba fascinada por la pasión en su voz, a veces olvidaba que detrás de esa fachada tranquila había una persona con tanto que ofrecer.
Cuando finalmente nos despedimos, me quedé sentada ahí, mirando la silla vacía frente a mí, Uziel era diferente a cualquiera que hubiera conocido antes, aunque no quería admitirlo, algo en mí ya había comenzado a cambiar. Mientras salía de la biblioteca, el viento fresco me golpeó el rostro y supe que no podía seguir ignorando lo que sentía, pero ¿qué significaba todo esto?
Esa noche, mientras me acostaba en mi cama, no pude evitar imaginar cómo sería si me atreviera a dar un paso más allá, ¿me gusta realmente? ¿qué pensaría Kenia? ¿qué pensaría él?, las preguntas giraban en mi mente, por mas que trate de dormir, no logre hacerlo, porque aun no tenía las respuestas de aquellas preguntas y sabía que ya no podía seguir ignorándolas.
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Editado: 01.10.2026