Solo una ordinaria historia de amor

23

Pasaron los días y, con la ayuda del señor Dávalos, logró ver a sus hermanos después de su alta del hospital. Por insistencia de este, se quedó unos días adicionales para descartar secuelas de los golpes que recibió. Todos estaban cubiertos de heridas; no la miraban, pero la única que parecía estar bien se mostraba furiosa pese a estar a una distancia considerable. Hablar ya no era una opción si sentía que su buena acción fue la que marcó su separación familiar. Tessa tenía prohibido acercarse a ella desde el incidente anterior, pero parecía tener mucho que decir en su lugar.

—No queremos perder a mamá —dijo Sami y pidió—: No te vamos a culpar, pero no intervengas en los asuntos de nuestra familia.

—Mike, ¿están seguros de esto?

—Sí, es nuestra madre y la queremos. Es terrible que seas una mala hija, pero con todo eso, lo mejor es que no te acerques de nuevo y causes problemas. Lo que suceda después, ya no es asunto tuyo. —pidió monótono.

Estaba tentada a responder; de nada serviría llevarles la contraria. Desde el momento en que dejó esa casa, era una extraña.

—Lily, sabemos que no soportas a mamá ni a papá y lo entendemos. Te fuiste de la familia y vives en una casa donde no te falta nada más que el cariño que solo nosotros podemos darte —dijo Elli como si hubiera memorizado su diálogo—. No aparezcas de nuevo cerca de nosotros; haz como si no existiéramos.

Lily suspiró. Esas palabras parecían sacadas de un capítulo de ruptura y no tenía por qué responder otra cosa. Ya había salido del hospital, los ayudó y el resultado fue algo que ni ella logró entender. Podría decir solo por sus palabras que el problema es y será ella.

—Papá, ¿podemos irnos? —pidió dirigiéndose a Ángel, que estaba esperando cerca de ella.

—¿Hablaste todo lo que querías?

—Más que hablar, escuché. Soy la causa de sus problemas, así que no me necesitan como su única defensora. Supongo que el apego que les tenía a mis hermanos puede desaparecer en un instante.

No parecía dolida, sino que entendía lo que le dijeron. Ella no podía hacer nada si no se quejaba; si su madre no alzaba la voz, por más pruebas que se presenten, no lograría nada y ya no debía entrometerse.

—Vámonos.

Subieron al auto que los estaba esperando.

Tras esa despedida, los días comenzaron a contarse de uno en uno.

El señor Dávalos se aseguró de que Lily estuviera lo más cómoda posible, pero su estado de ánimo no cambió durante días. Comían juntos, paseaban y veían películas; ella notaba cómo cambió el hombre que llevaba viviendo la misma rutina desde hace tiempo y no temía experimentar cosas nuevas; en cambio, él notó en ella que vivió reprimida tanto tiempo que no sabía cómo expresar lo que le gustaba o lo que quería. No tenía un gusto particular, pero su comportamiento era el de alguien a quien callaron de todas las maneras posibles, desde su manera de hablar al no usar palabras innecesarias hasta sus porciones de comida que parecían hechas para un niño. Simplemente se empeñó en verla por quien era y no por quien debía ser. Cuando Alan los visitaba, se comportaba de manera respetuosa. Lily no le mencionó que ahora se trataban como padre e hija solo para ver su reacción, pero Alan lo sospechó cuando la presencia del señor Dávalos le hizo sentir más nervios que de costumbre.

Tras ajustarse a su nueva rutina, llegó el momento de firmar su contrato con Galia Inc. Sería acompañada por el señor Manuel. A diferencia de Ray, que debía entrenar medio año antes de debutar, ella estaría dentro del proceso de interpretar canciones casi después de firmar. Su desempeño mejoró bastante gracias a su memorización de notas y melodías; presumía tener el control de su voz de manera natural. Tuvieron que revisar varias cláusulas del contrato que beneficiarán a ambas partes. Primero que nada, ella no haría ninguna gira ni revelará su rostro a causa de sus problemas familiares, además de que tendría músicos de apoyo y un compositor exclusivo para ella; esto último fue un gesto de apoyo después de que se escucharon rumores de que LuHan Inc. estaba tratando de ficharla, proponiendo las mejores condiciones que tenían a su favor. Había un poco de consideración; no obstante, ella dejó claro desde el principio que debía intentar ser alguien y dejar su huella. No había nada extraño en sus peticiones y condiciones; la mayoría de los cantantes actuales se mantenían en el anonimato después de ser artistas de un solo éxito durante años.

—Ven, te vamos a presentar a Ángel.

—¿Disculpe?

—Es el compositor que accedió a trabajar contigo. Ángel es un poco especial, así que ten algo de paciencia —explicó la señorita Vont—; además, tenemos un calendario ajustado. Él escribirá solo para ti, pero para los ensayos, usaremos pistas y letras que ya han sido grabadas.

—Ok —respondió no muy convencida de haber entendido.

Fueron a la sala de música. Allí estaba un chico vestido de negro, tatuajes en ambos brazos, piercings en la cara y un cigarro en su boca. Era muy delgado, pero bastante joven.

—Si fumas, debes abrir la ventana. —Se quejó la mujer—. Deja eso, te presentaré a la nueva cantante de la empresa.

—Hmmm, ¿ella?

Lily había optado por usar cubrebocas y al parecer fue la peor opción que pudo elegir.




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