Solo una ordinaria historia de amor

27

Se quedaron a dormir en la habitación de Alan. Lily lo vio descansar un rato antes de quedarse dormida. Sus ojos hinchados, las lágrimas secas en su cara y la manera en que sostenía su mano para no dejarla le hicieron un hueco en el corazón. Sintió lástima por él y por que no la entendía, pero no como si fuera algo malo. Ese día que llegaron después de la fiesta, platicó un rato con su padre. El señor Dávalos escuchó en silencio el monólogo indiferente que ella exclamó al sentirse excluida. Quería quedar bien con esos extraños, pero lo único que provocó fue revelar la parte de sí misma donde no era sociable.

—Si tuviera un círculo de amigos, yo también estaría feliz de presentarlo, así como me pondría triste si mis amigas hablaran mal de él sin conocerlo. No forzaría a que se llevaran bien, pero lo mínimo que puedo hacer es... es que se hablen con cortesía.

—Hija, son situaciones diferentes. Alan es un chico social desde niño y tú, quizás, tuviste una infancia difícil.

—Yo...

Su conversación se vio interrumpida por una llamada. Lily sostuvo el celular y miró el nombre: de nuevo era Mike. Contestó y puso el altavoz.

—¿Qué hago, hermana? Mamá se fue.

Su primer pensamiento fue correr hacia ellos, pero antes actuó de la misma manera y lo único que ganó fue una cachetada con una orden de alejamiento.

—Mike, llama a papá. No quiero meterme en más problemas. Es tu madre, ¿recuerdas? A mí me echaron de casa y ya no tengo por qué ayudarles.

Escuchó sollozos.

—Hola, soy Brandon, el nov… amigo de Mike— habló una voz de hombre.

—Hola... ¿Qué pasó con Mike? ¿Y su mamá?

—La señora Oribe encontró recibos de depósitos que estaba haciendo su marido sobre y para un negocio desconocido. Grandes cantidades de dinero y préstamos hechos en diversas instituciones. Discutieron y ella se fue. Él también se marchó furioso. Tessa sospecha que fue estafado y ahora está sumido en deudas.

—¿Solo por eso?

—Bueno, no es raro creer en depositar dinero para negocios inexistentes con la promesa de recuperar un gran porcentaje; lo tonto es no darse cuenta del engaño hasta que la deuda es enorme. Es la estafa más común cuando eres pobre —comentó serio—. El hecho es que ya los ha abandonado una vez y todos son menores de edad. No quieren ir con alguna autoridad ni ser llevados a un hogar de acogida.

—No puedo ayudarlos. Ya que estás allí, supongo que es porque tienes una idea.

—Si, la novia de Tessa y sus padres pueden cuidarlos algunos días a todos mientras localizamos a tu padre. Por muy famoso que sea, los prestamistas lo van a perseguir. ¿No quieres que tu familia se vea afectada, o si?

—¿Te dijeron qué hicieron conmigo?

Silencio.

Solo escuchaba su respiración.

Claro que lo sabía, pero no tenía que decirlo.

—Puedo reunirme con ustedes y escucharlos. Dile a Mike y a Tessa que escriban sus peticiones. Mañana temprano. Enviaré la dirección.

Colgó.

—Ya no quiero ayudarlos. Ya no quiero relacionarme con ellos. No sé si son lastre o piedras en el camino, pero por mucho que sean mis hermanos... solo notaron lo que yo hacía cuando no estaba allí.

Por primera vez, se dejó llevar por expresar lo que realmente quería hacer y comenzó a llorar. No eran lágrimas de tristeza sino de todo lo que quedó atorado en su garganta durante años. El señor Dávalos se quedó a consolarla ofreciéndole ayuda. Su vida familiar era un círculo vicioso; incluso si ayudaba ahora, no había garantía de que no se repetiría.

Casi no durmió. A las cinco de la mañana, le envío un mensaje diciéndoles que pasaría por ellos para hablar. Pensó que debían verse en algún sitio, aunque a esa hora no había nada abierto más que la escuela. El señor Manuel la recogió y la llevó hasta su viejo hogar donde ellos la estaban esperando. Había un hombre que supuso sería Brandon; estaba en la puerta conversando con Mike. Tessa acababa de salir junto a una persona que le resultó familiar. Subieron al auto apenas ella los saludó y conversaron un poco. Mike quería saber dónde estaba su padre; Tessa no quería ver de nuevo a su padre aunque necesitaba saber dónde estaba su madre.

—Esta es la dirección de la casa del abuelo. Su madre seguramente está allí. El abuelo es muy amable y los recibirá. Es un viaje de cinco horas en autobús —señaló—. Lo digo por Sami, que se marea mucho.

—¿Solo eso?

—No sé qué más quieres. Es lo primero que se me ocurrió. En esa familia era la sirvienta. Me fui porque temía por mi vida y no voy a regresar solo porque siento lástima de que ellos decidieron quedarse.

—Son tus hermanos —se quejó la mujer.

—Lo sé, y fueron ellos los que me pidieron ayuda para después sacrificarme. Incluso Tessa, que vive bien gracias a mí, se niega a reconocerlo.

—Eres bastante rencorosa. No me sorprende que no tuvieras amigas durante la escuela.

—Hmmm, no veo qué tiene que ver eso en esta conversación. Si se van a quedar con ellos, deberían cuidarlos. No serán adultos, pero actúan como unos.

—Apenas Mike tenga dieciocho nos iremos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.