Solo una ordinaria historia de amor

29

—Lily, ¿está todo bien?

—Sí —respondió desde el baño.

En medio del verano, Lily estaba alistándose para ingresar a la universidad. Había pasado medio año desde que sus hermanos fueron acogidos por su abuelo; cambiar de casa y de escuela, y dejar todo atrás había sido más difícil de lo que imaginaron. Mike tuvo que despedirse de la escuela con la que siempre soñó y mantener una relación a distancia. Para retomar sus estudios era indispensable trabajar y ahorrar, algo que hasta el momento no había hecho. Las gemelas tuvieron que conformarse con saber que la traición de su padre era conocida por todos sus amigos en común, pero que ninguno había dicho nada; aun así, estaban esperando que ese hombre lograra recapacitar y regresara con ellas. Tessa se quedó en su internado gracias a una beca que consiguió; aspiraba a ingresar a una buena universidad y ayudar a su familia.

Decir que solo fue medio año era difícil. En ese tiempo, Alan y Lily lograron arreglarse, pero su relación no fue igual. Ella intentó corresponder a sus sentimientos por él, aunque se sentía obligada a hacerlo; lo que cambió fue que ella ya no podía sentir que debía darle cariño y tiempo de calidad para enfocarse en otra cosa. Alan no quería darse por vencido y se quedó a su lado.

Cuando se enteró de que su madre había sido engañada por su padre, esperaba que pudiera divorciarse de él, por lo que anticipaba un largo proceso legal que nunca llegó; su relación ya era rara en sí y el matrimonio fue anulado hace tiempo por la "infidelidad" de la señora Oribe. Ella sabía que desde hacía años que su esposo tenía una mujer con la que se veía los fines de semana, aunque desconocía a esa familia secreta donde tenía hijos que él adoraba con locura. El dinero que ganaba se iba para ellos mientras que a su familia principal la dejaba sufrir carencias.

Lily estaba furiosa, pero, en realidad, ya no era su asunto.

Llegó un momento en que Lily se reunió con su media hermana. Era una chica muy hermosa de su misma edad, también inteligente, aunque más alta y delgada. A diferencia de Lily, que tenía una mirada suspicaz y desconfiada —sospechaba de todo sin reparos—, la extraña tenía un aura llena de bondad que le hizo dudar de que tuvieran los mismos genes; eso sí, su parecido era innegable. Se negó a conversar con ella y con ayuda del señor Dávalos, logró que se le dejara fuera de la disputa. Dado que solo podrían hablar con ella a través de un abogado, a la otra familia les parecía grosero; sin embargo, la mirada de desprecio de su padre era aún más llamativa cuando se encontraban en la calle.

Todo ese asunto la había estresado tanto que incluso llegó a olvidar su examen de ingreso a la universidad. Fue su padre, Ángel Davalos, quien la devolvió a la tranquilidad de la vida cotidiana para enfocarse en solo una cosa: su examen. Después se debería enfocar en trabajar en su disco. También recibió una disculpa del compositor, pero su relación ya no era buena; intentaron trabajar con madurez pese a que ella sabía que él tenía razón en sus palabras: no quería ser cantante y solo vio como un ingreso extra grabar canciones que no entendía.

No eran amigos, pero intentaban llevarse bien por el momento. Era inevitable compararlos; por ejemplo, cuando Alan daba su opinión sobre el tema, era Ángel quien la escuchaba sin opinar hasta que ella explicara todo lo que sentía. Era lo más cercano a un amigo que tenía.

—Estoy bien —dijo cuando salió del baño. De nuevo, su ciclo había sido incapacitante.

—No lo creo. Vamos al médico—pidió Alan, pese a que sabía lo que le iban a decir y lo odiaba. Anteriormente, había tenido que llevarla al hospital para una revisión y, escuchar decir a los médicos que estaba bien, solo le dio escalofríos.

A causa de tanto estrés, ella se había vuelto delicada de salud. Cuando decidieron mudarse a la ciudad donde vivía Alan, sintió el alivio de tener a alguien conocido. Aún era un secreto, pero la realidad era que ya no compartían cama. No lo hablaron. Ella solo eligió una habitación donde se sentía cómoda y él aceptó. La palabra «ruptura» no había salido de sus labios y el acuerdo funcionaba para los dos. Ella cocinaba, estudiaba y trabajaba. Alan se dedicaba a sus estudios y de vez en cuando la presentaba como su novia; si la otra persona se negaba a hablarle, se alejaba. Lily no merecía recibir ese trato. A veces invertían roles cuando ella tenía que trabajar, y lo peor de todo era que parecían un viejo matrimonio acostumbrado a una rutina incómoda.

El señor Dávalos lo vio como un adelanto de lo que sería un matrimonio joven, pero, como espectador noto que ellos ya no se veían como pareja y que los sentimientos que compartieron, habían cambiado con el fin de no lastimarse si llegaban a separarse. Eso podía decirse de Lily, pero Alan era otro caso. Él no quería dejarla ir, aunque tampoco la obligaría a quedarse.

Lily había aprobado su examen de ingreso, se mudó y comenzaría clases en agosto. Ingresar a la universidad un año después, le dio un poco más de seguridad al saber que eso era lo que realmente quería. Dejó muchas cosas atrás como para arrepentirse de sus decisiones. Buscaba un futuro mejor lejos, en un lugar donde nadie la conociera. Día a día se esforzaba por vivir dentro de una completa normalidad y, poco a poco, se preparaban para un final donde el mayor perjudicado sería Alan.




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