_"Aurora".
Cuatro meses después.
11 de noviembre.
ERICK JONES:
Nunca pensé que buscar un anillo de compromiso fuera un dolor de huevos.
Julián y yo entramos a la quinta joyería, casi sin esperanzas. La piedra que buscaba debía ser de algún tono azul, de preferencia un zafiro. Por eso no habíamos tenido suerte en la búsqueda, era una piedra muy escasa debido a su valor y pureza.
Las trabajadoras al vernos entrar se miraron entre sí. Oprimiendo unas sonrisas de complicidad.
_Buenos días, ¿Podemos ayudarles en algo?-preguntó una pelirroja con amabilidad-
_Busco un anillo de compromiso- respondí, sin darle detalles-
_Un anillo con muchos requisitos-añadió Julián-
_Oh, bueno. Por aquí están los anillos de compromiso.
Nos indicó cuales eran las vitrinas dedicadas a mostrar los anillos de boda. Recorrí con mi vista todos y cada uno de ellos. Ninguno se acercaba a lo que quería.
_Estoy buscando un anillo de oro, que tenga un zafiro. Pero que la piedra no sea tan exagerada, ni tampoco tan pequeña. Que tenga forma ovalada y esté colocada en horizontal, al lado que tenga pequeñas piedras. No me importa si son diamantes. Yo los pago.
La mujer se quedó pasmada ante mi explicación. Analizando cada palabra que había dicho. A mi lado, Julián volteó sus ojos con diversión.
_¿Ya me entendió? Un anillo con muchos requisitos.
_Bueno, tenemos algo parecido. Pero no es de compromiso-sugirió-
_No importa. Desearía verlo-le pedí y ella asintió, caminando hacia el almacén-
Julián siguió observando las joyas que habían en las diversas vitrinas.
_Para comprar algo de esto tendríamos que, mínimo, vender un riñón-susurró, tapando con discreción su boca para que nadie pudiera leer sus labios-
_Un riñón, un ojo y la mitad de la cara. Sin añadir el corazón-agregué, burlesco-
_¿Y si le pones el anillo dentro de un pie de limón? Me dijiste que era su dulce favorito-sugirió con entusiasmo-
Le miré haciendo una mueca de negación.
_¿Estás loco? Se come el anillo porque no se daría cuenta.
El rubio rió levemente.
_Tienes razón. Mejor no-recapacitó con diversión en su voz-
Continuamos hablando hasta que llegó la mujer con una pequeña caja blanca de porcelana. La abrió ante mis ojos, dejando relucir la joya.
_¿Es algo así lo qué busca?-preguntó con una sonrisa-
Asentí una vez.
_Sí. Es perfecto para mi mujer.
Julián se posicionó a mi derecha. Palmeando mi hombro a modo de celebración.
_Mission Passed.
Obtuvimos el anillo y salimos de la joyería con la esperanza renovada. El rubio se adelantó en un taxi hacia su apartamento, donde había comenzado a vivir con Lina después de la Luna de miel.
Antes de volver al Penthouse con Stella, quería alegrarle su día con un pequeño detalle. Lirios y pie de limón.
Hice una pequeña parada en una pastelería y luego me dirigí a comprar las flores. Entré a la florería y un señor me recibió con cortesía.
_Buenos días,¿Qué flores desea llevar?
_Buenos días. Un ramo de lirios blancos-le respondí, mirando la diversidad de flores que ofrecían-
Mientras el hombre envolvía el ramo en papel celeste, una mujer de avanzada edad salió del almacén de la tienda. Nuestras miradas se encontraron y sonrió al reconocerme.
Era la misma señora que me atendió el año pasado. Recuerdo haber venido cerca de estas fechas para pedirle perdón a Stella.
_¿Aniversario?-preguntó sin dejar de sonreír-
_No, solo quiero alegrarle el día-aclaré, encogiendo mis hombros-
Las cejas de la Señora se alzaron con asombro y seguido me dedicó una mirada llena de ternura.
_Espero y así sea. Les deseo todo el amor y la felicidad del mundo-expresó con sinceridad mientras me regalaba un bombón-
Su esposo me entregó el ramo y les agradecí por sus gestos tan amables. Parecían buenas personas, seguramente a Stella les agradaría mucho. Conducí hasta el Penthouse, fumando mientras manejaba a mi ritmo.
☆
Estacioné en el parqueo y me adentré hacia el vestíbulo. Recorrí la sala con la vista, extrañado por el pacífico silencio que reinaba. Seguí caminando hacia la cocina, aunque lo más probable es que tampoco estuviera allí. Tras comprobar que no estuviera en la cocina, me dirigí hacia el segundo piso. Si había tanto silencio, debía estar durmiendo.
Subí las escaleras lo más sigiloso posible, para que en caso de que estuviera despierta no me escuchara llegar. Llegué hacia nuestra habitación, escondiendo el ramo de flores y la bolsa con el dulce adentro.
Abrí la puerta con suavidad. Observando de lleno a Stella junto a Schrödinger; ambos dormidos. Stella dormía bocarriba, puesto que su barriga era tan grande que a penas podía dormir de costado. Casi se cumplían sus treinta y nueve semanas.
Me acerqué a ella, provocando que Schrödinger levantara su cabeza en alerta. Suavizando su mirada al verme.
Al verla durmiendo, casi se me escapa una sonrisa.
Acaricié su rostro con suavidad. Depositando un beso en su frente. Su cuerpo se removió con pesar y su frente se arrugó en un gesto de incomodidad, para finalmente abrir sus ojos.
_Buon giorno-la saludé, puesto que no me despedí esta mañana-
Buenos días*.
_¿Dónde estabas?-setenció con sequedad-
Aclaré mi garganta. Incómodo.
Buenos días al menos,¿no?.Pensé con burla.
_Salí un momento.
_¿Y por qué hueles a mujer?-me recriminó con la mirada-
_¿Tal vez por que fui a una tienda de mujer a comprarte un regalo?-ironicé y el fuego de sus ojos fue menguando-Feliz cumpleaños, lunática.
Le mostré la sorpresa que le había comprado y su expresión cambió a una apenada. Enmudeció por un momento, sin saber como reaccionar.
_Disculpa..esto es..gracias-murmuró, tomando con timidez el ramo de lirios-