Amor&ciencias: entre átomos y estrellas

Capítulo 44

_"Dos elevado a la sesenta y cuatro".

Un año y cinco meses después.

6 de abril.

ERICK JONES:

_¿Y si lo pensó bien y ahora me deja plantado?-murmuré con impaciencia, mi pierna izquierda estaba tan inquieta que parecía un maldito conejo-

_Tranquilízate hijo, todo saldrá bien-me respondió mi madre con voz serena, la cual traía a Aurora en sus brazos- Arregla de nuevo el pañuelo de tu bolsillo-sugirió, haciendo un ademán por arreglarlo-

Resoplé con frustración y decidí hacerlo yo mismo. Ella me dedicó una sonrisa llena de dulzura mientras que sus ojos brillaban bajo la luz de la Luna, estaba tan contenta y orgullosa que era imposible no notarlo.

Aurora jugaba con el lazo blanco que traía en su cabello, el cual estaba recogido en un moño elegante. Ya había cumplido un año y sus primeros dientes habían salido. Su cabello era ondulado y sus rasgos faciales eran una mezcla de los míos con los de Stella: los ojos almendrados y mejillas redondas de la madre, la nariz y gestos del padre. La pequeña lucía un vestido blanco con lazos en los hombros y muchos vuelos en la falda, de calzado eran unas sandalias cerradas.

Volví a mirar el reloj de mi muñeca. Cinco minutos de retraso.¿Acaso no era suficiente tiempo cómo para considerar que me había dejado plantado?

Levanté mi vista hacia las estrellas, mientras que mis oídos eran inundados por el sonidos de las olas. Estaba tan ansioso y...¿nervioso? que ya estaba empezando a creer que Stella podía dejarme plantado, en el día más importante de nuestras vidas. En el día de nuestra boda. En la boda de sus sueños.

Todo había sido tal y como ella soñaba, porque a mí nada me hacía más feliz que complacer y hacer realidad sus sueños. Primero el telescopio, luego la lluvia de estrellas y ahora, la boda de noche en una playa de aguas bioluminiscentes.

La decoración era bastante minimalista y romántica, cuyo objetivo principal era resaltar el brillo azul de las aguas. El altar era decorado con un arco de ramilletes, lirios blancos y telas azules transparentes que se movían con la brisa. Las guirnaldas de luces cálidas eran colocadas en las palmas, cerca de la zona de invitados o el buffet. Hacia el altar había un pequeño camino marcado con diminutos faroles.

Las mesas donde aguardaban los invitados eran adornadas con mateles de lino blanco, en los centro de mesa una concha marina artificial con una vela aromática adentro y servilletas azules.

A mis oídos llegó la melodía de un piano, no era la música nupcial. Mi madre fue hacia su lugar junto a mi abuela aún con Aurora en brazos. A medida que seguía la melodía, la reconocí al instante: All of me de John Legend en versión piano y violín.

A lo lejos pude divisar a Amy con Schrödinger y Happy vestidos de traje negro. Amy espacía pétalos de rosas blancas a medida que caminaba hacia mí. Hasta que finalmente, la vi llegar.

Quedé totalmente fascinado. Embelesado. Hechizado ante su belleza. Tal y como la primera vez que la vi. Sus ojos conectaron con los míos al instante, tan brillosos como perlas preciosas. Stella nunca dejaría de cautivarme, su alegría era tan inmensa que a penas le cabía en su sonrisa. El vestido la hacía lucir como un ser místico; celestial. El color no era el blanco tradicional, sino un degradado en tonos azules; desde un azul zafiro hasta el azul más celeste, creando un efecto de fluidez parecido a las olas. Poseía un corte de sirena ceñido al cuerpo con un escote en forma de V suave que realzaba sus pechos, mangas caídas por los hombros con telas transparentes y brillosas que caían junto a su velo. Sin embargo, el detalle de la abertura alta en la pierna derecha fue lo que más me fascinó, era un detalle tan sutil y sensual que no podía pasar desapercibido.

Stella brillaba bajo la penumbra de la noche, el vestido estaba salpicado con pequeños destellos brillantes que parecían estrellas. Todo en el atuendo era tan único y característico de ella que encajaba a la perfección, tanto que parecía una sirena y yo, su más fiel marinero. Stella siempre era hermosa ante mis ojos, pero hoy, era tanto su esplendor que me daban ganas de llorar. De quebrarme. De ponerme de rodillas a sus pies.

Cuando dije que estaba hermosa, no la estaba viendo con ojos de amor. Puesto que todos los presentes se quedaron atónitos ante su impactante llegada.¿Quién se imaginaba qué Stella llegaría al altar con un vestido azul? Nadie, ni siquiera yo.

STELLA SPENCER:

Ojalá y toda mujer tuviera un hombre que la mire con la misma intensidad, devoción y amor con el que me mira Erick. No solo cuando entre al altar, sino todos los días de este mundo. Su mirada era tan profunda e intensa que me daban ganas de llorar.

Sostenía con demasiada fuerza mi ramo hecho de lirios blancos y pequeñas rosas azules mientras llegaba hacia donde estaba Erick. Tenía sus manos atrás de la espalda en una pose erguida a la par que esbozaba una sonrisa al verme llegar. Por primera vez, dejaba relucir sus hoyuelos en público. Su cabello estaba desordenado, como si hubiera pasado sus manos un millón de veces para acomodarlo y aún así no lo lograba.

Vestía de traje completamente de negro, con chaleco abotonado y abajo una camisa blanca de cuello alto, adornada con un pañuelo plisado. El traje se completaba con un frac largo hasta las rodillas. En el bolsillo del pecho, llevaba un pañuelo azul con una rosa blanca, creando un contraste con el negro predominante. Bajo la luz de la Luna, brillaba una cadena plateada que cruzaba su chaleco, lo cual probablemente sea un detalle inspirado en un reloj de bolsillo.

Al llegar al altar, Erick no lo pensó dos veces antes de tomar una de mis manos. Antes de volver a mirarlo, le dediqué un vistazo a los presentes. Emilia cargaba a Aurora mientras limpiaba sus lágrimas con un pañuelo, la nona nos miraba con orgullo y Amy cargaba a Schrödinger para que no hiciera de las suyas. Por otro lado, Lina en llanto con una barriga enorme a causa del embarazo siendo consolada por Julián, Violeta se apoyaba en el hombro de Arthur mirándonos con cariño, Rose sobando su nariz por haber llorado y la Sra Johnson requiriendo a John por querer tocar la vela aromática, mientras que el Señor Johnson cuidaba de Happy.



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Editado: 04.11.2026

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