Divinas Tentaciones

Traiciones, decisiones y más (3era. Parte)

Traiciones, decisiones y más (3era. Parte)

Tres días después

Kazanlak

Dominic

Debía estar acostumbrado a la desconfianza de Arianna, incluso estar preparado para esa necesidad suya de tener siempre respuestas. Pero no lo estaba. No sabía cómo ocultar mi miedo frente a lo evidente: ella podía ser la próxima víctima de esa cacería sangrienta que Novak desató al pisar Kazanlak. Así que dejé que las palabras surgieran solas. Tal vez era lo mejor para no meter la pata. Aun así, fue un error.

Fallé sin darme cuenta al no decirle que sí deseaba más de la relación. La verdad es que con ella era un gran idiota, un hombre con un manual de torpeza bajo el brazo. Nada me salía como quería.

Y cuando menos lo esperé, escuché su voz quebrarse, cargada de dolor por la muerte de Carla. Pero su momento de debilidad duró poco. Enseguida salió a flote la Arianna de siempre: terca, rebelde, orgullosa. Esa que cree que puede controlar lo imposible. Incluso puso sus reglas para mudarse a la mansión.

Cedí. No por debilidad, sino por protegerla. Aunque le costó dar el paso. La contemplé mientras guardaba sus pocas pertenencias, con resignación y un aire de nostalgia dibujado en el rostro.

—No pongas esa cara —dije, anulando la distancia entre nosotros—. Parece que fueras a un entierro.

Hice una pausa y llevé una mano a su rostro.

—Te aseguro que seré un buen marido… menos gruñón.

Soltó una pequeña risa, apenas un gesto.

—Lo gruñón y lo introvertido puedo sobrellevarlo —respondió y le devolví una sonrisa—. Por último, si te pones insoportable, te echaré de la habitación.

Negué con la cabeza, sin perderla de vista.

—No… no. Yo duermo con mi mujer, sin excusas. No es buena la distancia en la pareja.

—¿La manera de Dominic Todorov de ganar siempre? —replicó, ladeando el rostro.

—Es mi forma de decir lo que significas para mí —clavé la mirada en la suya antes de continuar—. No sé hacerlo con palabras bonitas, como esperas.

—Lo sé —hizo una pausa—. Y aun así soy tu mujer.

No respondí con palabras. Le robé un beso fugaz. No hubo te amo ni promesas como las que se dicen las parejas normales. Por ahora me bastaba con que estuviera a mi lado. Con creer que, cuando esas palabras llegaran, ya no habría desconfianza ni muros entre nosotros.

Al llegar a la mansión noté de inmediato lo mucho que le costaba sentirse cómoda. Era lógico. En su casa, mis hombres nunca cruzaban la puerta; la cuidaban desde afuera. Aquí, en cambio, mi gente ocupaba puntos estratégicos, armados, atentos a cualquier movimiento sospechoso. Seguridad, sí… pero también vigilancia.

Y como si el momento no pudiera ser peor, Milos apareció en la sala con ese gesto serio que solo traía malas noticias. Apenas pisamos el jardín, mi voz se adelantó al pensamiento.

—¿Qué sucedió?

Milos inspiró hondo antes de hablar.

—No te va a gustar lo que voy a decirte —anunció—. Anoche los hombres vieron a Petrovic cerca de Divinas, charlando con una de las bailarinas nuevas.

Fruncí el ceño, molesto.

—¿Y qué tiene eso de importante? —espeté—. Pudo estar negociando su tarifa para acostarse con ella.

Milos negó despacio, con firmeza.

—Lo dudo, Dominic. Esa muchacha, Tatiana, no encaja con el perfil de prostituta. Es astuta, curiosa… y le gusta husmear donde no debe.

Hizo una pausa.

—Además, los hombres aseguran que discutían en ruso. Repitieron varias veces una palabra: предатель.

—Traidor… —susurré, casi para mí mismo.

Sentí cómo algo frío se acomodaba en el centro del pecho.

—Tráeme a esa basura de Petrovic como sea, antes de que sea demasiado tarde. —Luego añadí, más bajo—. Y a la mujer, investígala. Acércate sin que sospeche.

Milos dudó un segundo.

—¿Qué crees que está pasando?

Exhalé despacio.

—Russell murió. Petrovic merodea. Está la llamada de Viktor, el engendro de Bogdan en Kazanlak… y ahora esta mujer hablando ruso. —Negué con la cabeza—. Todo empieza a tener sentido. Es demasiada coincidencia… o alguien está moviendo los hilos para provocar una guerra en los territorios de mi padre. Y después quedarse con ellos.

Milos apretó la mandíbula.

—Puede ser… o puede ser ese demonio de Viktor rompiendo el acuerdo.

No respondí enseguida. El silencio habló por mí.

Porque ya no eran simples conjeturas. No era paranoia. Era una guerra que no se anunciaba a gritos, sino que avanzaba en silencio.

Lo cierto es que los días transcurren en alerta constante. Estoy atento a cada ruido, a cada movimiento extraño. El arma como mi fiel compañera. Lo único rescatable —lo único que realmente importa— es tener a Arianna conmigo.

Como cada mañana, llevo la bandeja del desayuno entre las manos. Empujo la puerta de la habitación con cuidado… y ahí está otra vez. Sentada en la cama, la maldita agenda apoyada contra el respaldar, pasando las páginas con demasiada concentración.

—Buenos días, mi fiera —digo, forzando una calma que no siento—. Traje el desayuno: jugo, café, huevos, tostadas… y esta vez no me equivoqué con el sabor de la mermelada.

Dejo la bandeja sobre la mesita. Ella gira apenas el rostro hacia mí… y algo cambia. Su expresión se quiebra en un segundo.

—Hola… Dominic… —no termina la frase.

Se incorpora de golpe, salta de la cama y sale corriendo hacia el baño.

—¿Estás bien, Arianna? —alcanzo a decir.

No hay respuesta. Solo el portazo cerrándose con violencia.

Me quedo parado, como un idiota, sin entender nada. El silencio pesa. Entonces mi mirada cae sobre la libreta.

La tomo. Me siento en el borde de la cama.

Empiezo a hojearla con atención. Fechas. Nombres de gente muerta. Cifras. Movimientos de dinero. Una lista de códigos e iniciales que no termino de descifrar. Paso una página. Luego otra. Y entonces lo veo.

El pulso se me acelera. El corazón me golpea con fuerza en el pecho. Las manos me tiemblan.

Natasha. El nombre salta de la hoja como una herida abierta. La rabia me consume mientras mis ojos recorren cada línea una y otra vez, buscando contexto, explicación, cualquier cosa que niegue lo evidente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.