El diario de una sombra

Lo que escondía mi silencio

Nunca fui buena
explicando lo que sentía.

Prefería guardar las palabras
en algún rincón de mi pecho
y fingir que con el tiempo
dejarían de pesar.

Pero las palabras no desaparecen
solo porque decidamos callarlas.

Se quedan.

Crean raíces
en los lugares más silenciosos
de nosotros.

Por eso mi silencio
estaba lleno de historias.

Historias que nadie conocía,
preguntas sin respuesta,
nombres que todavía recordaba
y despedidas que nunca aprendí a aceptar.

Cuando alguien preguntaba:

—¿Qué te pasa?

Yo respondía:

—Nada.

Una palabra pequeña
para esconder un mundo entero.

Mi sombra conocía la verdad.

Sabía que detrás de cada “nada”
había algo que quería decir.

Que detrás de cada sonrisa
había una conversación pendiente.

Que detrás de cada silencio
existía una voz
esperando ser escuchada.

Tal vez por eso
mi sombra nunca se alejaba.

Porque cuando todos escuchaban
mis palabras,
ella escuchaba
todo lo que no decía.

Y aquella noche,
mientras escribía en este diario,
entendí algo:

no todo silencio significa ausencia.

A veces,
el silencio es una habitación llena de palabras
que todavía no encontramos
el valor de pronunciar.




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