El diario de una sombra

No eres mi enemiga

Durante mucho tiempo
pensé que eras mi enemiga.

Te culpé por mis noches largas,
por los recuerdos que regresaban,
por las preguntas
que nunca encontraban respuesta.

Quise borrarte.

Quise escapar de ti.

Pensé que si conseguía
hacerte desaparecer,
finalmente estaría en paz.

Pero estaba equivocada.

Tú no eras la herida.

Eras quien me recordaba
que había una herida
que todavía necesitaba ser escuchada.

No eras el miedo.

Eras quien caminaba conmigo
mientras aprendía a enfrentarlo.

No eras mi tristeza.

Eras el lugar
donde podía dejarla descansar.

Ahora te miro
y ya no veo oscuridad.

Veo todas las versiones de mí
que alguna vez necesitaron compañía.

La niña que tenía preguntas.

La adolescente que aprendió a callar.

La persona que quiso olvidar.

La que volvió a levantarse
sin saber exactamente cómo.

Todas están ahí.

En ti.

En mí.

Por eso hoy quiero decirte:

No eres mi enemiga.

Nunca lo fuiste.

Solo fui yo
quien tardó demasiado
en entenderte.

Así que no voy a pedirte
que desaparezcas.

Quédate.

Pero no detrás de mí.

Camina a mi lado.

Porque todavía habrá días oscuros.

Todavía habrá recuerdos.

Todavía habrá noches
en las que necesite escribir.

Y cuando llegue la oscuridad,
quiero recordar algo:

tener una sombra
no significa vivir en ella.

También puedo caminar
hacia la luz.




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