El diario de una sombra

Pequeñas luces

Pensé que para salir de la oscuridad
necesitaba encontrar una gran luz.

Algo capaz de borrar las noches,
de cerrar las heridas
y hacer desaparecer
todos mis recuerdos.

Pero estaba equivocada.

La luz llegó poco a poco.

En una canción
que me hizo sonreír.

En una mañana
en la que desperté con ganas
de abrir las cortinas.

En una conversación
que me hizo sentir escuchada.

En una flor
que apareció después de la lluvia.

En una página
que pude escribir sin llorar.

Eran cosas pequeñas.

Casi invisibles.

Pero estaban ahí.

Como estrellas
que solo aparecen
cuando aprendemos a mirar el cielo
con paciencia.

Mi sombra también las vio.

—¿Las ves? —le pregunté.

Esta vez
no esperé una respuesta.

Porque ya sabía cuál era.

Sí.

Las pequeñas luces
también podían encontrarnos.

Comencé a guardarlas
en mi diario.

Una por cada día.

Una sonrisa.

Una canción.

Una conversación.

Una tarde tranquila.

Una razón para levantarme.

Una razón para continuar.

No eran soluciones mágicas.

No hacían desaparecer
lo que había vivido.

Pero me recordaban
que mi historia
no estaba hecha únicamente
de días oscuros.

También había momentos
que merecían ser escritos.

Así que llené varias páginas
con pequeñas luces.

Y cuando llegó otra noche difícil,
las leí una por una.

Entonces comprendí:

no siempre necesitamos
una estrella enorme
para encontrar el camino.

A veces basta
con seguir una pequeña luz
hasta descubrir
que existen muchas más.




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