El diario de una sombra

Después de la tormenta

Llovió durante tanto tiempo
que olvidé cómo era el cielo
cuando estaba despejado.

Las gotas golpeaban la ventana
como si quisieran entrar.

Y yo permanecía allí,
observando la tormenta,
esperando que algún día
decidiera marcharse.

Hubo noches
en las que pensé
que la lluvia sería eterna.

Pero ninguna tormenta
sabe quedarse para siempre.

Una mañana
desperté y escuché silencio.

No había truenos.

No había lluvia.

Solo el sonido
de los pájaros afuera.

Me acerqué a la ventana.

El cielo todavía estaba gris,
pero entre las nubes
aparecía una pequeña claridad.

Mi sombra estaba a mi lado.

—¿Terminó? —pregunté.

No respondió.

Solo miró conmigo
hacia el cielo.

Entonces comprendí
que quizá una tormenta
no termina de golpe.

A veces se va lentamente.

Primero desaparece el trueno.

Después disminuye la lluvia.

Luego las nubes comienzan a separarse.

Y finalmente
aparece la luz.

Así también sucedió conmigo.

No desperté un día
sin recuerdos.

No olvidé todo lo que dolió.

Simplemente dejé
de sentir que cada recuerdo
tenía que llevarme de vuelta
a aquel lugar.

Abrí la ventana.

El aire olía a tierra mojada.

Había pequeñas gotas
sobre las hojas.

Y entre ellas
vi algo que no esperaba:

una flor.

Pequeña.

Frágil.

Pero viva.

La miré durante unos segundos
y sonreí.

Quizá yo también era así.

Había pasado por la tormenta.

Había perdido algunas hojas.

Había cambiado.

Pero seguía aquí.

Y mientras el sol comenzaba
a atravesar las nubes,
escribí en mi diario:

La tormenta no fue el final.

Solo fue la parte de mi historia
que vino antes de aprender
a reconocer el cielo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.