El diario de una sombra

Conversaciones a medianoche

A medianoche
todos los ruidos desaparecen.

Las calles duermen.

Las ventanas se apagan.

Y mi habitación
se convierte en el único lugar
donde puedo escucharme.

Es entonces
cuando hablo contigo.

—¿Crees que algún día
dejaré de recordar?

Mi sombra permanece en la pared.

—¿Crees que algún día
podré mirar atrás
sin sentir tristeza?

Silencio.

—¿Crees que hice lo correcto?

La sombra se mueve
cuando la luz de la luna
entra por la ventana.

No responde.

Pero ya aprendí
a entender sus silencios.

No todas las preguntas
necesitan una respuesta inmediata.

Me quedo pensando.

—¿Y si vuelvo a equivocarme?

La sombra permanece conmigo.

Entonces aprenderás nuevamente.

—¿Y si vuelvo a confiar
en alguien y me lastiman?

Nada.

Pero esta vez
no necesito una respuesta.

Porque comienzo a entender:

vivir también significa
aceptar que no podemos controlar
todo lo que sucederá.

—¿Y si tengo miedo?

La sombra parece acercarse.

Entonces camina despacio.

—¿Y si no puedo?

Descansa.

—¿Y si quiero rendirme?

La habitación queda completamente quieta.

Entonces miro mi diario
y escribo:

No tengo que saber
cómo llegar al final.

Solo necesito dar
el siguiente paso.

Cierro los ojos.

Por primera vez
la medianoche no parece tan oscura.

Porque ahora sé
que cuando el mundo se queda en silencio,
todavía puedo hablar conmigo.

Y quizá esa sea
la conversación más importante
que he tenido.




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