El diario de una sombra

Abrí las cortinas

Esta mañana
no esperé a que la luz
entrara sola.

Fui yo
quien abrió las cortinas.

Durante mucho tiempo
había dejado que el miedo
decidiera cuándo amanecer.

Hoy no.

Aparté la tela lentamente
y la habitación se llenó
de un color que casi había olvidado.

La luz tocó mis libros.

Mi escritorio.

Las páginas de este diario.

Y finalmente
a mi sombra.

La vi aparecer sobre el suelo.

Ya no parecía una amenaza.

Era simplemente
una parte de mí
bajo la luz de la mañana.

Abrí la ventana.

El aire entró
como si quisiera llevarse
todo aquello que ya no necesitaba.

No se llevó mis recuerdos.

No se llevó mi pasado.

Y no quería que lo hiciera.

Porque ahora entendía
que olvidar no era la única forma
de seguir adelante.

Podía recordar
sin quedarme atrapada.

Podía querer
sin perderme.

Podía mirar atrás
sin dejar de caminar.

Me quedé junto a la ventana
durante unos minutos.

Afuera, el mundo
no había cambiado.

Las calles seguían siendo las mismas.

El cielo seguía teniendo nubes.

La vida seguía teniendo días difíciles.

Pero algo sí había cambiado.

Yo.

Tomé el diario
y pasé las páginas lentamente.

Todas aquellas palabras
que alguna vez escribí
desde la oscuridad
ahora parecían contar
una historia diferente.

No la historia de alguien
que nunca sufrió.

Sino la de alguien
que aprendió a seguir viviendo
después de hacerlo.

Mi sombra se extendió junto a mí.

—¿Vamos? —pregunté.

Y aunque no respondió,
comenzó a caminar.

Cerré el diario.

No para terminar mi historia.

Sino para comenzar
a escribir nuevas páginas.

Porque aquella mañana
comprendí algo:

la luz no llegó
para borrar mi sombra.

Llegó para enseñarme
que podía caminar con ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.