El diario de una sombra

Aprendí a caminar conmigo

Durante mucho tiempo
esperé que alguien llegara
para enseñarme el camino,
para decirme que todo estaría bien,
para tomar mi mano
cuando yo no supiera qué hacer.

Esperé demasiado.

Hasta que una tarde
me encontré frente al espejo
y comprendí algo sencillo:

también podía acompañarme yo.

No siempre supe escucharme,
muchas veces ignoré mi propia voz,
dejé mis sueños para después
y olvidé preguntarme
qué necesitaba mi corazón.

Pero comencé despacio.

Aprendí a escuchar mis silencios,
a respetar mis días grises,
a celebrar mis pequeños avances
y a no exigirme
tener todas las respuestas.

Aprendí que caminar conmigo
no significaba estar sola.

Significaba conocerme.

Saber cuándo necesitaba descansar,
cuándo debía dejar algo atrás,
cuándo una puerta debía cerrarse
y cuándo valía la pena
abrir una nueva.

Mi sombra seguía conmigo,
pero ya no llevaba el rumbo.

Ahora caminábamos juntas,
sin prisa,
sin miedo a equivocarnos.

Y mientras avanzaba
descubrí algo que nunca había entendido:

no necesitaba convertirme
en otra persona
para merecer una vida bonita.

Solo necesitaba
volver a encontrarme.

Así que tomé mi diario,
miré la página en blanco
y escribí:

“Hoy aprendí a caminar conmigo.
Y por primera vez,
no tengo miedo de descubrir
hasta dónde puedo llegar.”




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.