El diario de una sombra

El lugar donde te quedaste

Hay un lugar
donde todavía te recuerdo.

No sé si es la calle,
la banca,
la tarde
o simplemente la versión de mí
que existía cuando estabas.

Paso por allí
y durante unos segundos
todo parece detenerse.

El viento mueve las hojas.

El cielo tiene el mismo color.

Y mi memoria,
sin pedir permiso,
te trae de vuelta.

No estás ahí.

Lo sé.

Pero hay lugares
que aprenden nuestros recuerdos
y se niegan a olvidarlos.

Mi sombra camina conmigo
cuando regreso.

Ella también reconoce el camino.

A veces quisiera preguntarle
por qué seguimos volviendo.

Pero ya conozco la respuesta.

No buscamos encontrarte.

Buscamos encontrar
a quienes éramos entonces.

A aquella persona
que podía reír sin pensarlo,
que esperaba mensajes,
que creía que algunos momentos
podían durar para siempre.

Me quedé mucho tiempo
en ese lugar.

Demasiado.

Esperando que el recuerdo
se cansara de aparecer.

Hasta que una tarde
decidí seguir caminando.

No porque hubiera olvidado.

Sino porque entendí
que un recuerdo puede quedarse
sin convertirse en una casa.

Volví a mirar hacia atrás.

El lugar seguía allí.

Pero yo ya no era la misma.

Mi sombra caminó a mi lado.

Y por primera vez
no sentí que me seguía.

Sentí que avanzaba conmigo.

Quizá sanar
no significa borrar los lugares
donde alguna vez fuimos felices.

Quizá significa poder volver a ellos
sin querer quedarnos allí para siempre.




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