El Permiso De Una Madre

Capítulo 15: Cirugía II

La cita sucede y, pese a mis temores, la carga de lo que pasó ayer se desvaneció. Incluso siento un poco de vitalidad al verme aún capaz de resolver los conflictos familiares que cualquier pareja normal tiene; eso me inyectó de una buena actitud para lo que sea que suceda hoy.

Claro que no todo es tan bello. Papá y mamá están aquí; Sebas también, pero él no se ve tan bien como yo... o eso quiero creer. El oncólogo recomendó estrictamente el acompañamiento y ellos estaban esperando que así fuera.

Nos recibe; todos nos acomodamos lo mejor posible. No logro descifrar nada en la mirada que me ofrece ni en la forma en que le explica a mi familia datos irrelevantes. ¿Pero qué hace? Regresa a mí y comienza de nuevo.

—Natalia, te mostraré —corrige—: Les mostraré las imágenes y lo que significan. Esto que observan aquí es una masa anexial/pélvica principal, sin cambios en comparación con tu primer estudio; estos son los centímetros que mide...

A sus palabras las siguió mi mirada: un movimiento que viaja de sus labios a la pantalla frente a nosotros, es su voz la que llena todo el espacio que está a nuestro alrededor.

—Este es el hígado, con diámetros estables; no se observan nuevas lesiones de aspecto metastásico. Y esto de aquí muestra una moderada cantidad de líquido libre en la cavidad peritoneal y el hueco pélvico; indica que no hay variación volumétrica evidente.

Lo miro impávida y él continúa con algo más, mientras todos los demás permanecemos en un silencio casi estruendoso.

—El reporte final del radiólogo indica: hallazgos tomográficos compatibles con Enfermedad Estable.
Tomo el papel, leo todo de nuevo y al final dice exactamente lo que el oncólogo acaba de decir. No sé qué decir y, muy incómoda, suelto una risa bajita llena de confusión:

—No entiendo. ¿Qué significa?

Como si leyera el pensamiento de todos, lo miramos de forma pesada, implorante y casi adolorida para poder saber lo que queremos saber.

—Que el diagnóstico sea "Estable" implica que el tumor no se redujo y tampoco creció; se mantuvo en su estado inicial y disminuyó muy levemente el líquido libre.

Ahora ya entiendo. Pero antes de que yo diga algo, él se adelanta y comienza a explicar. Claro que tenía todo preparado; alguna vez dijo que yo era una de esas pacientes que lo retaban en el sentido médico, a usar y valerse de estrategias que no iban de la mano con un guión definido. ¿Esta es mi trampa médica? Porque les comienza a explicar a ellos:

—Lo que se recomienda bajo este nuevo panorama sería la cirugía de rescate, altamente riesgosa, se tendría que intervenir en los órganos dañados para poder quitar el tumor. La otra opción es buscar el tratamiento de segunda línea: intentar con quimioterapia con otro medicamento más agresivo. O, finalmente, aceptar la inclusión en un ensayo clínico: probar medicamentos nuevos como objeto de estudio y ver la reacción del cuerpo, lo cual en realidad es una apuesta al futuro con el mismo panorama de siempre: un cincuenta por ciento de probabilidad de que funcione o no lo haga.

No me molesta que me haya excluido de mi propio diagnóstico, únicamente porque apela a mi inteligencia. Él sabe que yo ya sé mis opciones; por eso se rehusó a entregarme el sobre.

Lo que me molesta es que les ofrece una bandeja de plata llena de esperanza. Ellos nunca lo aceptarán, pero es lo que se tiene que hacer cuando ya fuiste al médico y seguiste todas sus indicaciones. Sin embargo, si aun así el resultado es este, es tiempo de aceptarlo.

—No lo haré.

El mismo silencio de antes reina, y el doctor regresa a mí.

—Todas las opciones... las rechazo. —agrego de inmediato—. ¿Qué más tengo que hacer para concluir aquí?




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