El Permiso De Una Madre

Epílogo

Cuando alguien cercano muere podemos sentir la pena y la tristeza, pero la realidad detrás de esas emociones es que nos carcome el miedo de no haber sido lo suficientemente buenos con esa persona en vida.

La sensación de que como padre, hermano, pareja, hijo o amigo pudiste haber hecho cosas que la lastimaron revela la fragilidad de la vida. Pedimos esas oportunidades cuando ya no hay tiempo, pero cuando pudimos hacerlo, desperdiciamos los segundos en otras cosas que parecen importantes, pero no lo son tanto. Somos injustos, hasta crueles. No podemos evitarlo; es lo que nos hace humanos.

Esta historia no tiene villanos, es solo el pasar de la vida, donde nadie es demasiado bueno o malo, solo personas haciendo lo mejor que saben.

El cáncer de la vida no siempre es una enfermedad física y palpable. La humanidad necesita conectar más y evitar verse forzada por la enfermedad intrusiva para ser honesta. Esa es la verdadera oportunidad: regalar recuerdos, regalar momentos, ofrecer verdad. Cuando eres real, no hay poder en el universo que te arrebate nada: das lo que eres y las personas reciben lo que necesitan.

Fui dueña de una vida que ahora ya no me pertenece; aún así, estoy agradecida.

Conocí lo mejor y lo peor de mí y de las personas que se encontraron cerca de mí. Todos quizás han pensado que se ha tratado de ganar algo todo este tiempo.

En realidad, se trató de sentir. Y yo lo sentí todo.




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