Perspectiva de Sebastián
—Nat dejó eso para usted. No sé... al principio me pareció raro, pero la recuerdo mencionar algo de agradecer su arduo trabajo. Supongo que eso debe ser, y quizás es algo común para usted y raro para mí. —Pero parece que esto es frecuente en pacientes con cáncer. Quizás él ya ha recibido muchas como esta. Le entrego el sobre pulcramente sellado por Nat.
Ay, Nat, debí dejarte escribirme cientos de estas. El doctor me observa ansioso y, muy cordial, me invita a leerla con él. Me niego, pero dice que no es inconveniente, y le agradezco; en esta instancia aceptaría lo que fuera por tener algo que me recuerde a ella y a su forma de decir las cosas.
«Le agradezco mucho todo lo que hizo por mí. En esa última reunión me obsequió el guión que me permitió tener más tiempo para despedirme y no para explicar mi decisión; no lo reconocí al momento, después comprendí que hizo por mí mucho más que llevar mi expediente».
El doctor me ve realmente conmovido. Así es, mi buen amigo, esa es Natalia hasta el final.
¿No podías hablar de tu amor de otra forma, cierto? Tenías que hablar de lo incómodo, de lo que nadie quiere soltar así nada más sin pensar en las consecuencias.
Te odio un poco por esto, Natalia. Por dejarme estas instrucciones tan precisas sobre cómo extrañarte.
Podrías haber sido más suave; podrías haberme dejado una mentira donde refugiarme. Pero no, tú tenías que ser tú hasta el último suspiro: quitándome las vendas, obligándome a ver las grietas. Ahora entiendo que no me estabas castigando; me estabas enseñando a caminar sobre el suelo que construiste para nosotros.
Es este suelo el que caminaré en silencio, dispuesto a hacer exactamente lo que me pediste. Ahora sé y entiendo esa verdad de la que hablaste: dolorosa y cruel, pero no deja de ser real; no deja de ser tuya, precisamente por ello, es que me enamoré de ti. Sin imaginar verme algún día ante la ironía de vivir con tu esencia impregnada hasta la médula, pero solo eso, nada más que eso.
Lo que cambió, lo que cambiaste con tu forma tan única de entender la vida, Nat:
Más importante que salvar a alguien es acompañar. Salvarlo, probablemente, no sea posible; sostener, en realidad, requiere más trabajo y es más satisfactorio porque no es agresivo ni violento.
Las paredes de este hogar no van a tener grietas que se hagan más grandes por las mentiras y falsas ilusiones o expectativas de la vida. Ya nada podrá modificar esta cruda realidad y eso es, irónicamente, el mayor significado de libertad para mí.
Me permitiste aprender cómo es el verdadero cuidado y protección. Me enseñaste a hacerlo para ti y, no conforme con ese regalo, al mismo tiempo me estuviste cuidando y protegiendo. Qué hermosa fuiste.
Solía ponerme triste por Mati, ¿sabes? Pensar en él quedando huérfano, cuando ha tenido a la mejor madre del mundo, y que no hayan tenido suficiente tiempo juntos me rompía. Pero estaba equivocado: Mati siempre serás tú, en alma y esencia; seguro todos han visto lo inteligente que él es. El huérfano seré yo, Natalia; incluso más yo que Mati.
Y qué decir de Mati: solo un niño de siete años podría elegir en quién apoyarse después de perder a su mamá, tras haber tenido tus enseñanzas. Me dejaste una labor enorme pero me hace sentir honrado. Imaginar verlo cada mañana me hará calzar tus zapatos; me estás dejando la mejor parte de ti. ¿Alcanzará la vida para agradecerte por eso? Tengo la certeza de que no. Dejaste que nos salvemos el uno al otro.
Lo reconozco: ese escenario de pasar el resto de mi vida con Mati, pero contigo fuera de la ecuación, ese posible existente nunca se me pasó por la cabeza. Quiero pensar que a veces la vida te hace sufrir, pero también a veces te premia, ¿no?
Al final todo cobró sentido.
Lo único que no te dije fue "gracias", Natalia, es un dolorcito en el pecho a veces por la madrugada; pero comparado con la miseria que me esperaba si no lo hacías así, no es nada.
Me dejaste libre de culpas y, no conforme, me confiaste tu más grande amor. Que me incluyeras en tu paquete de vida... bueno, ni el "gracias" más grande del mundo estaría a la altura de ti, de tu amor y de lo inteligente que fuiste siempre.
Hoy puedo responder a todas esas preguntas que me hacías y a las que dejé de buscar respuesta debido al pánico que me generaban; pero sí, aun en esos momentos de crisis, tus preguntas nunca dejaron de hacerte ver como la mujer más jodidamente atractiva de mi vida.
Debes saber que de eso te culparé a ti: no habrá persona en este mundo que se acerque a ti y, si en algún momento sucede, esa persona deberá aceptar que no debe siquiera intentarlo porque perderá, lo que hace de esa tarea algo sumamente difícil. ¿Comprendes, Natalia?
Tal vez mi condena por quedarme hasta el final será estar un largo tiempo solo, porque ¿qué poder humano podría superar al amor de su vida, que pasó por todo esto y siempre permaneció fiel a sí misma? No creo que sea imposible, pero difícil sí. Me la dejaste difícil...