He sentido ese vacío de haber llevado una delicada situación hasta la última instancia, donde lo único que queda es recapitular todo lo que salió mal para buscar, de una forma irreparable e imposible, volver a comenzar.
En mi experiencia, este es de los peores sentimientos, porque no sabes cómo lidiar con esos pensamientos tan destructivos; solamente empeoran y no tienen un final. Lo único que queda es aceptar que ya está, eso es peor, porque se repite una y otra vez la dinámica hasta que quedas exhausto.
¿Es posible que el amor te asfixie? Sí, lo es, y es eso lo que lo hace realmente difícil de hablar y compartir. ¿No sonaría acaso como una desagradecida? Mientras mi familia intenta cubrir las grietas de sus heridas, estas se hacen más profundas y difíciles de sanar.
Lo que pasó ayer levantó un muro de acero entre nosotros, pero eso no fue motivo suficiente para que dejaran de protegerme. Lo dejaron estar: no hubo réplica, convencimientos ni imploros. El único momento en que vi a mamá tratar de abalanzarse sobre la charola de plata, papá le hizo un gesto casi imperceptible que los hizo discutir por la noche en su habitación. Discutían por mí.
Por la mañana hablaron con mis hermanos, y ambos estallaron también. De nuevo, no conmigo, sino entre ellos. Otra vez por mí. Estoy muy segura de quién fue el que prohibió venir a fastidiarme; solo pudo ser papá. Está de mi lado, a su manera, pero al menos intenta acercarse de la única forma que puede. Los sacrificios más grandes son movidos por el amor que se tiene. ¿Podrán comprender que no me necesitan a mí, sino solo a la verdad? Quizás algún día; probablemente no será hoy.
Salgo del cuarto por primera vez en el día. Mati está por salir de sus clases, pero ha sido Sebas quien se ha encargado de ir y venir por él. Esta casa está a punto de explotar y él es el único que maneja un poco de temple.
Me muevo sigilosa por el pasillo; casi segura, los escucho hablar despacio. Mi hermana está más exaltada que el resto, en absoluta negación:
—¿Por qué seguimos haciendo todo bajo sus términos? ¿No es injusto también para nosotros? Estamos aquí, pero ella sigue actuando de esta forma sin ver que podemos y queremos intentar junto a ella.
Nadie opina nada, pero quieren hacerlo.—¡Se está dejando morir! ¿Se dan cuenta? Está acelerando incluso todo más de lo que estaba previsto.
Escucho suspiros pesados; la tormenta se viene. Mi hermana continúa, buscando apoyo, aliados, peso moral:
—No puede hacerlo ni siquiera por nosotros. Ni en estos momentos podría brindarnos esa oportunidad de luchar. Esta también es nuestra lucha.
Lo siento, hermana, pero no se trata de quién tiene la razón; solo es lo que es. Ya no quiero más tratamientos.
Tomo el aire suficiente y cruzo el muro.
—¿Y por qué tendría que hacerlo? En todo caso, si lo que buscan son opciones, ¿no tendrían que hablar conmigo y no de mí? —Agrego también—: Ustedes saben que se están aferrando al tratamiento porque es lo único que queda, pero ya no tienen que hacerlo. Enfrentemos esto desde la verdad; así podrán decirme exactamente lo que piensan y no otra cosa. Eso es lo que les permitirá seguir. Tenemos esta oportunidad hoy; no aseguro cuánto más queda para pensar que todo irá bien más adelante. Eso ya no existe, ustedes lo saben y fingen no hacerlo; yo lo sé e intento aceptar que ustedes no lo han aceptado aún. —Todos me miran y, al segundo, bajan la mirada—.
Los he descubierto y tratan de permanecer quietos, aunque ahora solo quieran salir de aquí, tomo un segundo tiempo y continuo:
—Pero no hay necesidad de esto. Si lo piensan bien, ya no tenemos que proteger nada más que el propio dolor, y yo les dejaré sentir lo que necesiten ahora y después. Tienen ese derecho por el simple hecho de que los amo.
Mi hermana me regresa una mirada vidriosa y me dice, llena de frustración y con una voz quebrada:
—¿Te has puesto, al menos un segundo, en nuestro lugar?
Con "lugar" se refiere al de ella. Sonrío internamente; no se da cuenta de lo parecidas que somos. En cuanto a papá y mamá, luchan con todas sus fuerzas por no tomar un partido; están tratando de evitar que esto escale, pero nos dejan ser. Ellos tienen todo el crédito de que seamos así.
—Lily, esas opciones no son opciones en realidad. Es una manera de seguir el código médico de ir al frente por la vida de los pacientes, porque no te pueden decir que vas a morir sin más.
Ella cambia su expresión: —¿Ahora me vas a explicar? Ahora te importa incluirme en tu plan —me reta.
—¿Ustedes también lo piensan? ¿Piensan que en mi derecho a decidir de qué manera voy a morir debería incluir sus esperanzas? —Les pregunto sintiendo una leve descarga de enojo.
Mamá aprovecha este pequeño destello de luz:—Hija, ¿podemos probar la segunda línea? Solo queremos un poco más de tiempo, sin importar si no es mucho... solo un poquito más. —Mamá dice eso y me desarma. ¿No haría yo eso por Mati? Sí, sin dudarlo.
—Mamá, papá, Lucas, Lily... Ni siquiera sabía que existía una segunda línea de tratamiento. Desde el principio pensé y creía que estaba viviendo un todo o nada. Al procesar ese escenario anoche, caí en la cuenta de que es "segunda línea" porque no se recomienda; tiene todas las desventajas para mí. Es agresiva, con un precio ridículo, y quizás solo me debilite más de lo que ya estoy, haciendo de ese poquito más de tiempo una persona que no seré yo. Solamente estaré respirando con dolor, mamá. No es así como planeo pasar mis últimos días. Lo siento —termino, casi con un hilo de voz.
Lo que sigue ya no es por mí. Es por ellos.