El Permiso De Una Madre

Extra 4: El diario de Natalia

Perspectiva de Sebastián

—Hoy estábamos jugando básquetbol y, mientras entrenábamos, Elías lanzó un balón muy fuerte a un compañero y le pegó en la cara. Cuando terminamos de jugar, los más grandes le decían a Elías que qué bueno que no les había tocado ese balón porque iba bien fuerte. Todos se iban riendo, entonces yo también dije que menos mal que a mí tampoco me había tocado ese balonazo.

Lo estoy mirando mientras picotea la comida y da bocados pequeños para seguir hablando.

—Los chicos grandes me voltearon a ver como si yo tuviera la peste. Ya no volveré a hablar con ellos y tampoco jugaré básquetbol.

—¿Qué culpa tiene el básquetbol?

—No soy buen jugador. No tan bueno como Elías.

—Pero a ti te gusta jugar. Qué importa la opinión de unos cuantos chicos mayores.

—Porque así ya no me volverán a ver de esa manera y ya no me sentiré avergonzado.

— ¿Ya desbloqueamos la vergüenza? Y ¿qué tal Matías?

— Puf, ¿Tú qué crees? —Me responde evitando hablar sobre ello.

—¿Fuiste a jugar porque tú querías o porque Elías jugaría también?

—Por ambas.

—¿Él qué hizo?

—No hizo nada. Estaba hablando con ellos de forma amigable.

—¿Él supo cómo te sentiste?

—Eso no importa.

—Mati, si algo te gusta o no te gusta se lo puedes decir a tus amigos. Si quieres hacer algo nuevo, lo puedes hacer con o sin tus amigos; lo primero es porque tus amigos de verdad lo entenderán o al menos lo intentarán, y lo segundo es para que aprendas, solo o acompañado, lo que te gusta.

—Esos chicos no son mis amigos, solo Elías, pero me dan miedo. No creo que pudiera decirles algo.

—No puedes saber lo que ellos piensan de ti. Tal vez no es tan malo como tú piensas; quizás no entendieron muy bien lo que dijiste y por eso te miraron de esa manera.

—O quizás les parezco ridículo.

—¿Eres acaso ridículo?

—Creo que hablar de esto es ridículo.

—¿Lo es?

Se lo piensa un momento.—No, no lo es.

Nuestra conversación continúa un poco más. De pronto la seguridad de Matías al atravesar su etapa adolescente se esfumó. Ahora es un chico que, ante cualquier amenaza grande o pequeña a su autoestima, quiere abandonar lo que sea para sentirse seguro de nuevo; sin embargo, hoy logramos que continúe con el básquetbol y que Elías pueda ser un amigo en quien confiar. Podría no ser mucho, pero para mí es el logro del día.

Antes de ir a casa de sus abuelos a recibir a su tía, que llega de visita. Mientras nos preparamos, Mati me comenta sobre una reunión escolar:

Fue un año después de que Nat partió que Lucas y Lily dejaron el nido también. Sé que para ellos ese acto fue de completa supervivencia. Sus papás, sin embargo, se aferraron a los rincones del hogar donde Natalia creció.

—Sebas, ¿te puedo preguntar algo?

—Dime.

—La tía Lily dice que mi maestra y tú harían buena pareja.
Vaya, a esto hemos llegado, no lo puedo creer.

—¿Por qué hablan de esto ustedes? ¿No te parece extraño?

—Vamos, se nota que le gustas.

—¿No está prohibido que se relacionen los docentes con los padres de familia? Sería incómodo para ti.

—No se trata de mí. ¿A ti te gusta también?

Yo sonrío sin dudarlo:—No, ella no me gusta.

—Vamos, Sebas, ni siquiera lo pensaste.

—No hay nada que pensar. Tú preguntaste, esa es mi respuesta —le digo en tono relajado—. Y Mati, ya no hablen de posibles parejas para mí. Yo puedo buscar mi propia pareja.

—Sí, claro.

...

—Mati te habló de nuestro pequeño secreto —me dice Lily en tono de burla.

—No es gracioso. Él debe estar concentrado en sí mismo, no en buscarme pareja. No le metas esas ideas.

—Qué anticuado eres, Sebastián, además fue Mati quien mencionó que su maestra también era viuda y ustedes podrían funcionar.

— No alimentes sus entusiastas ideas, Lily, por favor. Yo me encargo de eso

—Sí, claro...

Le doy mi mirada de reproche y finalizo el tema
A lo lejos observo cómo Matías y Lucas permanecen juntos apenas llegamos a la casa; ellos simplemente se unieron. Lucas dejó sus celos para convertirlos en protección; espero que Mati no le hable de esos chicos mayores o ya mismo estará yendo para darles un susto.
Mati encontró en él a un amigo de verdad, es su modelo a seguir. El básquetbol, el fútbol... cualquier deporte que le gusta es porque a su genial tío le gustó; y así, cualquier cosa que descubre de él ha sido una evolución divertida. Y Lucas ve en él a su hermana: en cada gesto, cada paso y palabra. Me ha dicho que incluso en la adolescencia Natalia fue igual, insegura como nunca; para él es verla crecer en la piel de Mati.

Lucas me mencionó de forma confidencial que para el resto del mundo Mati habla de mí diciéndome papá, aunque me gustaría me lo dijera, estoy siendo paciente hasta el momento que él decida hacerlo.

Cuando todos leímos el diario de Natalia, al final acordaron que me lo querían dejar a mí, pero Lucas pegó el grito en mi cara y me dijo que me estaba quedando con todo, que no era justo. Así que, a escondidas, sin el consentimiento del resto, se lo dejé a él; yo ya tenía lo que necesitaba.

Él me agradeció y me dijo lo cuidaría como nadie. Yo estaba seguro de que sería así. Cuando Matías cumplió sus quince años, él se lo heredó. Matías ha dormido con ese diario bajo su almohada desde entonces.

Y yo finjo no saberlo cuando le ayudo a tender su cama.




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