El Permiso De Una Madre

Capítulo 25: Final

Cuando llegamos al hospital, hice malabares para que Sebas me ayude a explicarle a Mati y lograr que lo dejen estar en la sala; no le pueden arrebatar ese momento a mi pequeño.

Los doctores le han dicho a mi familia que probablemente no pase de la noche. Esa noticia los ha puesto a todos inquietos, como si una alerta en código rojo estuviera instalada en cada uno.

Para cuando me preparan en la habitación, mientras arreglan papeles y asuntos, supongo, Mati permaneció a mi lado; y yo lo dejé, y todos lo dejaron. Permanecimos hablando. Le contesto sus preguntas una vez más, por última vez, y él lo sabe.

Nadie interrumpe, porque si algo estuve haciendo fue reservar mis fuerzas y últimos momentos para él; no podría ser para nadie más. Y si hubiese podido, mi vida entera habría sido para Matías.

—Mami...

Me dice con la voz más dulce. Si puedo conservar algo de este mundo en el más allá, será el deseo de poder escuchar el timbre de su voz.

—Mmm... —le digo en un sonido casi inaudible.

—Tienes permitido irte, sé que quieres hacerlo... Te recordaré, mamá, y te amo. Yo te llevaré siempre, así nunca te irás de mi lado —termina.

El lugar se llena de silencio y mis ojos vidriosos no me permitieron observar más. Lo que pasa después es simple: nos despedimos. Todos en la habitación me dicen adiós y yo a ellos.

Las cosas importantes ya las habíamos hablado antes, así que no intentaré calmarlos. Si quieren llorar, acepto llorar con ellos, porque yo también quiero hacerlo.
Nos aferraremos a este momento tanto como sea posible; será, quizás, su motor de vida y, para mí, espero que pueda ser mi eterno descanso.

El aire contenido de todos al mismo tiempo, como si lo único que pudieran hacer en este momento fuera inhalar profundo, se vuelve una señal para mí. Casi la vida misma diciéndome: «Está bien, elige cuándo dejas de respirar». Algo que, como mencioné al principio, no todos tienen la oportunidad de hacer.

Y así, en medio de este clima, me sumerjo en lo desconocido. Como supervivencia, una vez más, al dolor, mi mente me envía los recuerdos más hermosos de mi existencia. Y después... después todo se apaga.




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