Perspectiva de Sebastián
Nos encontramos en un concurrido restaurante de comida rápida; de esos donde hay juegos para niños. A Mati le encantan estos lugares. Con el tiempo he aprendido a escucharlo y no solo a deducir las cosas que le pueden gustar a un niño de su edad. Comprendí que cuenta con una alta capacidad y facilidad de expresión. A menudo tenemos momentos de tensión, pero lo resolvemos; siempre resolvemos.
Cosas como: "A mí no me gusta eso" tenían un impacto muy negativo en mí. Era la constante sensación de que aquí no soy explícitamente necesario y de que alguien no estaba tomando en cuenta mis múltiples esfuerzos. Pero, de inmediato, Mati soltaba palabras simples: "Sebas, no dije que no te quiero, digo que a mí no me gusta eso". No daba oportunidad para otra palabra más.
A tropezones me di cuenta de que era simple: él habla, yo escucho. No hay código que descifrar. Soy el adulto aquí, pero él sabe lo que quiere. Hoy fue pollo frito, por ejemplo.
El comportamiento de Mati ante una persona que conoció muy bien a su mamá no es algo que me preocupe; veo que ya maneja muy bien ese tipo de interacciones. A veces me angustio por esas cosas, pero luego recuerdo tomarlo con calma: vamos un día a la vez.
En cambio, Melanie... bueno, ella lo ve jugar, reír, comer, y noto que apenas puede hablar. Sinceramente, no pensé que me tocaría esta parte a mí.
—Sabes, no estaba segura de hacer esto, pero si te soy honesta, siento un gran hueco en mi vida actual y está comenzando a afectar todo lo que hago.
—¿Qué es lo que quieres escuchar? —me atrevo a preguntarle sin rodeos.
No me molesta estar aquí con ella, entiendo que la está pasando mal, pero después de Mati, yo no he sido soporte emocional del duelo de nadie más. Todos lo hicimos como pudimos y, aunque a Natalia le habría encantado que nos ayudáramos unos a otros, mentiría si dijera que fue así.
—No sé... Sentí que si alguien sabría qué hacer, ese serías tú.
Le sonrío con la amabilidad que me pidió Natalia alguna vez.
—Mel, ¿tú crees que nosotros nos queríamos despedir de ella en vida? Por supuesto que no; a mí me parecía la cosa más cruel. Cuando me enteré del cáncer, jamás imaginé hacer algo así. Ella nos arrastró hasta ese momento. Con su familia siempre supo que no tenía opción, pero a nosotros nos dejó elegir. No pensaba pelear contra nuestra decisión porque ella estaba haciendo exactamente lo mismo: quería decidir sobre sus condiciones hasta el último respiro.
—Sé que no estás pasando por esto como yo. Sé que todos ustedes ya avanzaron —dice Mel mientras mira a Mati correr a lo lejos—. Yo me siento atrapada. Atrapada en ese momento en que hablé con ella por última vez, y no sé cómo salir de ahí —voltea a verme y deja salir las lágrimas.
—Ella fue tan lista siempre —Melanie sonríe y asiente conmigo—. Yo tampoco entendía lo que intentaba decirme. ¿Sabes cuándo me di cuenta? Cuando supe que ella confiaba en mí para criar a Mati. Ahí el terror me invadió; todo se hizo real y desde entonces no ha dejado de doler.
Mel toma una larga pausa y dice, más para sí misma que para mí:
—Tengo que vivir con el hecho de que la abandoné como si su dolor no estuviera sucediendo, mientras ella solo quería que cualquiera que fuera mi decisión eso me hiciera feliz— Respira pesado y agrega —Lo que creí me haría feliz duró muy poco.
—Lo siento, Mel.
Sé que ella buscaba un cierre, y me habría gustado haberlo hablado con Natalia alguna vez, pero lo cierto es que nunca hablamos más allá de lo que ese día se dijeron la una a la otra, supongo que, aunque Natalia no lo dijo en voz alta, a ella realmente le dolió que Mel no estuviera ahí, aunque sea para intentarlo, después de todo ella siempre estuvo para Mel.
En su momento yo estaba ocupado tratando de ser una buena pareja; no me importaba nada más que mi propio sufrimiento y cuidar de Nat; así que nunca indagué sobre este silencio. No había espacio para otros roles e incluso estaba molesto con Melanie. Ahora no puedo decir lo mismo.
—No te preocupes, Sebas. En el fondo lo sabía: mi cobardía fue lo que me alejó de Nati. Y aunque nada cambie ya, necesito que alguien cercano lo escuche —sonrío con nostalgia—. Cada vez que la recuerdo, me repito que me habría gustado estar ahí. Ahora que no puedo evitar la realidad, daría mi vida por haber estado para ella.
...
Cuando Mati y yo llegamos a casa solo quiero descansar, así que le propongo ver la televisión para poder dormir un rato. Él está de acuerdo, y antes de quedarme dormido, lo escucho decirme:
—Ella es la amiga que sale con mamá en sus fotos de niña y de grande, Sebas. También la extraña mucho. Lo sentí en sus ojitos.