10 de agosto de 1961
Hoy Markus me contó su plan y creo que nunca he sentido tanto miedo y tanta esperanza al mismo tiempo.
Klara apoyó el lápiz un momento.
El cuaderno azul parecía más pesado que nunca. El aire de su habitación estaba quieto, como si también él estuviera escuchando.
Volvió a escribir.
Me llamó esta mañana, me dijo que tenía que verme con urgencia.
Esa palabra me acompañó durante todo el camino hasta el puente.
Cuando llegué, Markus no era Markus, no el de siempre, no el que me recibe con una sonrisa, no el que me espera apoyado en la barandilla; estaba de pie, tenso, con el cuaderno en la mano.
Klara respiró hondo.
El recuerdo le apretaba el pecho.
Me dijo que tenía un plan, un plan para mí, para mi madre, para Anna y para su madre, un plan para escapar.
El trazo se volvió más fino, más tembloroso.
Me enseñó su cuaderno; allí había escrito rutas, calles, flechas, horarios y puntos de vigilancia. Lleva días observando, memorizando, pensando.
Klara pasó la mano por la página, como si pudiera calmar el temblor.
Me dijo que los controles están aumentando, que los hombres del abrigo gris están en todas partes, que la radio repite lo mismo una y otra vez; me dijo que siente que algo se acerca y yo también lo siento.
El lápiz dejó una pequeña marca.
Markus quiere que escapemos el 13 de agosto; eso es dentro de tres días, cuando lo dijo… Sentí que el mundo se detenía.
Klara cerró los ojos un instante y luego siguió escribiendo.
Me explicó la ruta, el hueco en la frontera, el cambio de turno, el muro bajo detrás de la fábrica vieja; me dijo que nos llevaría a las cuatro: a mi madre, a Anna, a su madre y a mí; me dijo que no nos dejaría atrás.
El trazo se volvió más tenso.
Él me abrazó, me dijo que prefería tener miedo conmigo… que perderme sin luchar. Yo lloré.
Klara tragó saliva.
Me preguntó si quería hacerlo, si quería escapar, si quería intentarlo, y yo le dije que sí.
El lápiz tembló.
No sé si fue valentía o desesperación, no sé si fue amor o miedo, no sé si fue locura, pero sé que lo dije con el corazón.
Klara respiró hondo.
Luego fuimos a ver a Anna; nos gritó, lloró, se enfadó, pero al final… también dijo que sí.
El trazo se volvió más suave, más triste.
El 13 de agosto a las diez en el punto,solo llevarnos lo esencial.
Klara sintió un escalofrío.
Markus me dijo que si el hombre del abrigo gris aparece… no debemos mirarlo, solo correr.
El lápiz dejó un pequeño temblor en la línea.
Tengo miedo,mucho miedo pero también tengo algo que no tenía desde hace semanas:
Esperanza.
Respiró hondo y escribió la última parte.
Hoy he decidido escapar, hoy he decidido vivir, hoy he decidido no dejar que nos separen. No sé si lo lograremos, no sé si llegaremos al otro lado, no sé si el mundo nos dejará, pero sé que lo intentaré, por mi madre, por Anna, por su madre, por Markus y por mí.
Klara cerró el cuaderno.
El silencio de la habitación era demasiado grande.
El verano seguía allí… Pero ya no era verano.
Por un instante, solo un instante… sintió que estaba escribiendo su última entrada antes de la noche que lo cambiaría todo.