Saga - Lágrimas en silencio

9- El eco de los muertos

Capítulo 9. Un pacto entre cenizas

Tras el quiebre absoluto que había supuesto el intento de acabar con su vida, Manoplas había entrado en una etapa de su existencia que apenas lograba comprender. Ya no era el mismo omega que caminaba por los pasillos del instituto con la cabeza agachada, procurando no llamar la atención para evitar convertirse en el blanco de las burlas de Lolo. Tampoco era el joven que encontraba consuelo en las conversaciones con el repartidor de pizzas o en los brazos de su madre cuando el mundo parecía demasiado cruel.

Aquellas personas ya no estaban.

El recuerdo del primer amor seguía acompañándolo, como una canción que se repetía una y otra vez en su cabeza. A veces abría sus conversaciones antiguas y releía los mensajes que habían intercambiado. En otras ocasiones escuchaba sus audios, intentando conservar el sonido de su voz antes de que el tiempo terminara borrando los detalles de su memoria.

También echaba de menos a su madre. Recordaba sus manos, sus consejos y aquella forma tan particular que tenía de llamarlo cuando necesitaba algo. La casa se había convertido en un lugar demasiado silencioso desde su muerte. Cada habitación guardaba una ausencia y cada objeto parecía recordarle que ya no tenía a quién acudir cuando sentía que no podía continuar.

El acoso de Lolo tampoco había desaparecido de su vida. Aunque Manoplas había pasado por una crisis que casi le cuesta la vida, el alfa seguía siendo una presencia desagradable en su memoria. Las humillaciones, las risas y los comentarios crueles habían dejado heridas que no se cerraban simplemente con el paso de los días.

Sin embargo, algo había cambiado.

El miedo que durante tanto tiempo lo había mantenido inmóvil comenzaba a transformarse en una rabia profunda. Ya no quería seguir soportando las injusticias. No quería volver a sentirse pequeño, indefenso o inferior por ser un omega.

Pero todavía no sabía cómo cambiar su situación.

Fue entonces cuando comenzó a escuchar hablar de un lugar que casi nadie se atrevía a mencionar.

La leyenda del pueblo abandonado

La primera vez que Manoplas oyó hablar del pueblo fue durante una conversación que escuchó accidentalmente. Dos personas hablaban cerca de una pequeña tienda, mientras él esperaba para comprar algunas cosas.

—Dicen que todavía se escuchan voces por allí —comentó una de ellas.

—No vuelvas a hablar de ese sitio —respondió la otra, mirando a su alrededor—. Hay lugares que deberían permanecer olvidados.

Manoplas levantó ligeramente la cabeza.

—¿De qué lugar hablan? —preguntó, sin poder contener la curiosidad.

Las dos personas se miraron antes de responder.

—De un pueblo abandonado hace muchos años. Está lejos de aquí, detrás de los caminos que atraviesan el bosque.

—¿Por qué lo abandonaron?

Una de ellas bajó la voz.

—Por una desgracia. Nadie quiere recordar lo que ocurrió allí.

—También cuentan que, cuando cae la noche, se escuchan pasos entre las casas derruidas —añadió la otra—. Algunos dicen que es el viento. Otros aseguran que hay alguien que todavía espera.

Manoplas frunció el ceño.

—¿Alguien?

—Un espíritu que no ha encontrado descanso.

La conversación terminó poco después. Las dos personas se marcharon sin ofrecer más explicaciones, dejando a Manoplas con una inquietud que no consiguió quitarse de encima.

Al principio pensó que todo aquello eran historias inventadas para asustar a los niños. No tenía motivos para creer en fantasmas. Había sufrido demasiado como para prestar atención a leyendas populares.

Sin embargo, durante los días siguientes, el nombre del pueblo volvió a aparecer en distintas conversaciones.

Cada vez que preguntaba, recibía respuestas parecidas: que nadie debía acercarse, que las ruinas estaban malditas o que era mejor dejar que los muertos permanecieran donde estaban.

Aquellas advertencias despertaron todavía más su curiosidad.

Una tarde, mientras ordenaba algunas pertenencias de su madre, encontró una fotografía antigua entre los objetos que había guardado en una caja. En ella aparecía un paisaje rural, con varias casas de piedra y un camino estrecho rodeado de árboles.

En la parte trasera había una anotación casi borrada.

Manoplas acercó la fotografía a la luz.

No consiguió reconocer el lugar, pero aquella imagen le produjo una sensación extraña. No sabía por qué, aunque tuvo la impresión de que el paisaje guardaba algún secreto.

Dejó la fotografía sobre la mesa y siguió ordenando.

No podía imaginar que aquella leyenda acabaría cambiando su vida.

La aparición en las sombras

La primera manifestación ocurrió una noche especialmente silenciosa.

Manoplas estaba sentado en su cama, mirando la pantalla de su teléfono. Había vuelto a leer algunos mensajes antiguos del repartidor y, como tantas otras veces, terminó sintiendo un vacío insoportable.

Bloqueó la pantalla y dejó el móvil sobre la mesita.

—Ojalá estuvieras aquí —murmuró.

No esperaba respuesta.

La casa permaneció en silencio durante varios segundos. Entonces escuchó un ruido procedente del otro extremo de la habitación.

Un leve crujido.

Manoplas levantó la mirada.

Al principio creyó que se trataba de algún objeto que había caído, pero no vio nada fuera de lugar. Volvió a mirar hacia delante y trató de concentrarse en sus pensamientos.

Entonces la luz parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

Y finalmente se apagó.

—¿Qué ha pasado? —susurró.

Buscó el interruptor de la lámpara, pero antes de que pudiera alcanzarlo percibió algo en una esquina de la habitación.

Una sombra.

No era como las sombras normales, aquellas que se formaban cuando un objeto bloqueaba la luz. Aquella figura parecía tener volumen propio. Su silueta se alargaba desde el suelo hasta casi tocar el techo, aunque sus bordes se deshacían continuamente en pequeñas partículas oscuras.



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En el texto hay: drama, terror, omega verse

Editado: 07.11.2026

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