Capítulo 18. El pueblo que borraron de la historia
Un lugar olvidado, un incendio que nunca se explicó y un espíritu que guarda secretos.
Manoplas llevaba varios días sin poder quitarse de la cabeza las palabras del espíritu.
«Hay culpas que ni el paso de los siglos consigue disolver».
Desde que había encontrado aquella fotografía del viejo naranjo, algo había cambiado. El espíritu, que hasta entonces se había mostrado seguro y poderoso, había reaccionado con un miedo que Manoplas no le había visto nunca. Y eso le preocupaba.
¿Qué podía asustar tanto a un ser que llevaba tanto tiempo muerto?
La imagen del árbol aparecía una y otra vez en sus pensamientos. Sus ramas retorcidas, el tronco grueso y aquella pequeña construcción que se distinguía al fondo. Había algo familiar en aquella fotografía, aunque Manoplas no sabía explicar el motivo.
Además, cada vez que intentaba recordar la voz de su primer amor o el rostro de su madre, sentía que algo se escapaba de su memoria. El pacto seguía cobrándose su precio.
Y ya no estaba dispuesto a perder más cosas sin saber por qué.
Una búsqueda entre documentos olvidados
Aquella mañana, Manoplas decidió acudir a la biblioteca municipal. Necesitaba encontrar información sobre el pueblo de la fotografía. Quizá allí descubriría por qué el espíritu se negaba a hablar del naranjo.
Entró con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta. La bibliotecaria levantó la mirada desde el mostrador y lo saludó con una sonrisa discreta.
—Buenos días. ¿Puedo ayudarte?
—Estoy buscando información sobre un pueblo que desapareció hace muchos años.
La mujer frunció ligeramente el ceño.
—¿Recuerdas cómo se llamaba?
Manoplas sacó la fotografía del bolsillo y se la enseñó.
—No. Solo tengo esto.
La bibliotecaria examinó la imagen durante unos segundos.
—Parece bastante antigua. Quizá tengamos algo en el archivo histórico.
Lo condujo hasta una pequeña sala situada al fondo de la biblioteca. Allí había estanterías llenas de periódicos antiguos, documentos administrativos y libros que apenas parecían haber sido consultados.
—Puedes revisar estos registros. Si encuentras algo, avísame.
Manoplas le dio las gracias y comenzó a buscar.
Durante la primera hora no encontró nada especialmente útil. Había mapas de carreteras antiguas, listados de localidades y documentos sobre modificaciones territoriales. Sin embargo, ninguno mencionaba el lugar de la fotografía.
Empezaba a frustrarse.
—Vamos… Tiene que haber algo —murmuró.
Sacó otro mapa de una carpeta y lo extendió sobre la mesa. Recorrió con el dedo las pequeñas localidades que aparecían dibujadas. Algunas ya no existían, otras habían sido absorbidas por municipios cercanos.
Entonces encontró una anotación escrita a mano en el margen de uno de los documentos.
Una referencia a un asentamiento rural que había dejado de aparecer en los registros oficiales después de un incendio.
Manoplas sintió un escalofrío.
Buscó la fecha y anotó las coordenadas que aparecían junto al nombre del lugar.
Era posible que aquel fuera el pueblo de la fotografía.
El incendio
Con las coordenadas apuntadas, Manoplas volvió a los periódicos antiguos.
Revisó varios ejemplares hasta encontrar una noticia que le llamó la atención. El titular estaba parcialmente deteriorado, pero todavía podía leerse:
«Un devastador incendio arrasa un pequeño asentamiento durante una tormenta».
Se sentó y comenzó a leer.
La noticia hablaba de un incendio ocurrido décadas atrás. Según el periódico, una tormenta había azotado la región durante aquella noche. Poco después, las llamas comenzaron a extenderse por las viviendas del pueblo.
Los vecinos habían intentado escapar, pero el fuego se propagó con una rapidez extraordinaria.
Las autoridades organizaron equipos de rescate y búsqueda. Sin embargo, los daños fueron tan graves que resultó imposible recuperar toda la información sobre lo ocurrido.
Manoplas pasó la página.
Encontró una lista incompleta de desaparecidos y varias referencias a personas que habían abandonado la localidad después de la tragedia.
Pero había algo más.
Una noticia posterior explicaba que una persona había desaparecido dentro de una antigua casona situada en el centro del pueblo. Los equipos de emergencia habían registrado las ruinas, pero nunca encontraron sus restos.
El expediente había quedado archivado con una frase que hizo que Manoplas dejara de respirar durante unos segundos:
«Desaparecido en circunstancias no esclarecidas».
Volvió a leerla.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
¿Por qué alguien habría desaparecido sin dejar rastro en medio de aquel incendio?
Y, sobre todo, ¿qué relación tenía esa persona con el espíritu que lo había elegido para realizar el pacto?
Manoplas sacó la fotografía y la colocó junto al periódico. La pequeña construcción que aparecía detrás del naranjo podía ser la casona mencionada en la noticia.
Sintió que estaba acercándose a algo importante.
Pero también comprendió que quizá estaba a punto de descubrir algo que el espíritu llevaba muchísimo tiempo intentando ocultar.
Una pregunta que no debía hacer
Aquella noche, Manoplas regresó a casa con varias fotocopias y anotaciones.
Dejó los documentos sobre la mesa y se quedó observando la fotografía.
—Ya sé lo que pasó en el pueblo —dijo en voz alta.
El aire de la habitación se volvió frío.
Las sombras comenzaron a alargarse por las paredes y una fina capa de ceniza apareció sobre el suelo.
El espíritu surgió lentamente frente a él.
—¿Qué has descubierto?
Manoplas levantó la mirada.
—Hubo un incendio. Un incendio que destruyó todo el pueblo.
El espíritu no respondió.
—He encontrado una noticia antigua. Habla de una persona que desapareció dentro de una casona. Nunca encontraron su cuerpo.