Saga - Lágrimas en silencio

21- El legado maldito

Capítulo 21. Una venganza heredada

El peso de los pecados de generaciones pasadas

Manoplas llevaba varios días sin poder quitarse de la cabeza las palabras del espíritu.

Desde que había descubierto que el pasado del pueblo abandonado estaba relacionado con la familia de Lolo, algo había cambiado. Ya no veía aquella historia como una simple tragedia ocurrida muchos años atrás. Ahora sentía que estaba conectado a ella de una manera que todavía no comprendía.

El apellido que había encontrado en aquel documento no dejaba de perseguirlo.

Era el mismo que llevaba Lolo.

Al principio había pensado que se trataba de una coincidencia. Después de todo, algunas familias conservaban sus apellidos durante generaciones y no resultaba extraño encontrar nombres repetidos en documentos antiguos. Sin embargo, el espíritu había confirmado que existía una relación.

Y eso era lo que más inquietaba a Manoplas.

¿Por qué Lolo?

¿Por qué su familia?

Y, sobre todo, ¿por qué él tenía que encargarse de resolver una deuda que había comenzado mucho antes de que naciera?

Aquella mañana, Manoplas regresó a la biblioteca. Apenas había dormido y tenía los ojos cansados. Se dirigió directamente a la sección de archivos históricos, donde había encontrado el documento que lo había llevado hasta aquella revelación.

La bibliotecaria lo reconoció y le permitió consultar de nuevo los materiales antiguos.

Manoplas extendió los papeles sobre una mesa y comenzó a revisar cada línea con paciencia. Había nombres, fechas, propiedades y referencias a distintas familias que habían vivido en el pueblo antes del incendio.

Algunos documentos estaban tan deteriorados que apenas podían leerse.

Sin embargo, el apellido de Lolo aparecía varias veces.

Manoplas pasó los dedos por el borde amarillento de una de las hojas.

—¿Qué escondéis? —murmuró.

Encontró una referencia a una antigua herencia familiar. No se explicaba con claridad de qué se trataba, pero mencionaba un depósito que había pasado de una generación a otra después de la tragedia.

La palabra estaba subrayada.

Depósito.

Manoplas la leyó varias veces.

No sabía si se refería a dinero, documentos, una propiedad o algún objeto de valor. Tampoco comprendía por qué aquel legado tenía tanta importancia para el espíritu.

Buscó más información en otros archivos, pero no encontró nada concluyente. Los documentos parecían incompletos, como si alguien hubiera querido borrar parte de aquella historia.

Finalmente, cerró la carpeta.

No podía seguir investigando a ciegas.

Necesitaba respuestas del único ser que parecía conocer toda la verdad.

Y sabía perfectamente dónde encontrarlo.

Cuando regresó a casa, el cielo comenzaba a oscurecerse.

Dejó los documentos sobre la mesa y subió a su habitación. Durante unos minutos permaneció sentado, contemplando sus manos.

Desde que había aceptado el pacto, su vida se había convertido en una sucesión de cambios. Había conseguido un poder que jamás habría imaginado, pero también había perdido cosas que nunca podría recuperar.

A veces intentaba recordar la voz del repartidor de pizzas.

Recordaba su rostro, sus conversaciones y algunos momentos compartidos, pero había detalles que se le escapaban. Lo mismo ocurría con los recuerdos de su madre. Sabía que había sido importante para él, sabía cuánto la había querido, pero cada vez le costaba más recuperar la calidez de ciertos momentos.

El espíritu le había advertido que el poder tenía un precio.

Y Manoplas empezaba a comprender que no se trataba de una amenaza vacía.

Miró los documentos una vez más.

El apellido de Lolo seguía allí.

Una parte de él sintió rabia. Otra, mucho más profunda, sintió inquietud.

No quería sentir preocupación por Lolo. Después de todo lo que le había hecho, pensar en él con compasión le parecía casi una traición a su propio sufrimiento.

Pero aquello podía ser mucho más peligroso que una simple disputa entre dos familias.

Si el espíritu decía la verdad, Lolo podía estar relacionado con una maldición que llevaba generaciones esperando su momento.

Y quizá ni siquiera lo sabía.

Aquella noche, Manoplas esperó hasta quedarse solo.

Colocó los documentos sobre el suelo de su habitación y pronunció las palabras que el espíritu le había enseñado para invocarlo.

Al principio no ocurrió nada.

Después, una corriente fría atravesó la estancia.

La luz parpadeó.

Las sombras comenzaron a extenderse por las paredes hasta reunirse en una esquina. Una figura oscura apareció lentamente, rodeada de pequeñas partículas de ceniza.

El espíritu había regresado.

—Sabía que volverías —dijo con su voz profunda.

Manoplas se levantó.

—Tenemos que hablar.

—Has encontrado algo.

—He encontrado mucho más de lo que esperaba.

El espíritu dirigió su mirada hacia los documentos.

Manoplas recogió el papel donde aparecía el apellido de Lolo y se lo mostró.

—¿Qué tiene que ver su familia con todo esto?

Durante unos segundos, el espíritu permaneció inmóvil.

No parecía sorprendido. Más bien daba la impresión de que llevaba mucho tiempo esperando aquella pregunta.

—Su familia forma parte de la deuda.

—Eso ya me lo has dicho. Quiero saber qué significa.

—Significa que el legado que debía haber sido devuelto continúa en manos de sus descendientes.

Manoplas frunció el ceño.

—¿Qué legado?

—Un objeto que perteneció a mi familia. Algo que fue arrebatado y que debía regresar a su lugar.

—¿Y por qué no lo recuperas tú?

El espíritu bajó ligeramente la cabeza.

—Porque estoy atado a este lugar. Mi existencia permanece vinculada a las ruinas, a las cenizas y a la promesa que no pude cumplir.

—Entonces me utilizas para conseguirlo.

El espíritu no respondió inmediatamente.



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En el texto hay: drama, terror, omega verse

Editado: 07.11.2026

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