Saga - Lágrimas en silencio

25- Dos caminos, un secreto

Capítulo 25. Aprender a estar cerca

Cuando las acciones empiezan a hablar más alto que las disculpas.

Lolo había comprendido que pedir perdón era solamente el primer paso. Durante los últimos días había pensado mucho en la conversación que había mantenido con Manoplas. Recordaba su expresión llena de rabia, las lágrimas que había intentado contener y cada una de las palabras que le había dirigido.

No podía reprocharle nada.

Manoplas tenía motivos suficientes para odiarlo. Durante años, Lolo había convertido su vida escolar en una pesadilla. Lo había humillado delante de sus compañeros, había disfrutado de su miedo y había aprovechado los momentos más dolorosos de su vida para hacerle todavía más daño.

Ahora pretendía cambiar, pero sabía que no tenía derecho a esperar que el omega confiara en él.

Por eso decidió mantener las distancias.

No lo buscaba en los pasillos, no intentaba sentarse cerca de él en clase y tampoco utilizaba a otras personas para conseguir información sobre su vida. Si Manoplas quería hablarle, sería él quien daría el primer paso.

Aquella decisión no resultaba sencilla. En ocasiones, cuando lo veía solo en el patio, sentía el impulso de acercarse y preguntarle cómo estaba. Sin embargo, recordaba su última conversación y se obligaba a continuar caminando.

Tenía que aprender que respetar los límites de alguien también era una forma de demostrar arrepentimiento.

Mientras tanto, Manoplas seguía concentrado en sus propias investigaciones. El pacto con el espíritu de las cenizas continuaba consumiéndolo poco a poco y todavía no había conseguido descubrir qué escondía exactamente la familia de Lolo.

Cada noche revisaba documentos, fotografías y cartas antiguas. El apellido del alfa aparecía relacionado con los antiguos propietarios de una construcción del pueblo abandonado, pero faltaban demasiadas piezas para comprender la historia completa.

Además, empezaba a inquietarle que el espíritu insistiera tanto en que necesitaba la ayuda de Lolo.

No confiaba en ninguno de los dos.

Una escena del pasado

Una mañana, durante el recreo, Lolo cruzó el patio principal del instituto.

El ambiente estaba especialmente animado. Algunos estudiantes jugaban con sus teléfonos, otros conversaban junto a las mesas y varios grupos ocupaban los bancos cercanos a las pistas deportivas.

Entonces escuchó unas carcajadas.

Al principio no les prestó atención, pero después distinguió una voz temblorosa que pedía que le devolvieran algo.

Lolo giró la cabeza.

Junto a una de las paredes, tres alfas mayores rodeaban a un alumno omega de primer curso. Uno de ellos sostenía su mochila por encima de su cabeza, mientras los otros dos se reían cada vez que el muchacho intentaba recuperarla.

—¡Venga, salta un poco más! —se burló uno.

—Devolvédmela, por favor —suplicó el omega.

—¿Qué pasa? ¿No puedes alcanzarla?

Algunos estudiantes observaban la escena. Ninguno intervenía.

Lolo se quedó inmóvil.

Durante unos segundos sintió que estaba contemplando una escena que ya había vivido muchas veces. Recordó sus propias burlas, las veces que había arrebatado los libros a Manoplas y las carcajadas de sus antiguos amigos.

Recordó también la mirada del omega cuando lo obligaba a recoger sus pertenencias del suelo.

De pronto, comprendió que aquellos tres estudiantes se parecían demasiado a la persona que él había sido.

Y que el muchacho asustado podía haber sido Manoplas.

Apretó los puños.

—Devolvedle la mochila.

Los tres alfas se giraron.

—¿Qué?

Lolo avanzó hacia ellos.

—He dicho que se la devolváis.

Uno de los agresores soltó una carcajada.

—¿Y a ti qué te pasa? ¿Ahora te dedicas a defender omegas?

La pregunta le provocó una punzada de vergüenza.

Durante mucho tiempo había utilizado precisamente ese tipo de comentarios para justificar su comportamiento.

—Desde que entendí que lo que hacéis es una cobardía.

El estudiante que sostenía la mochila frunció el ceño.

—No te metas donde no te llaman.

—Dejadlo en paz.

—¿Y si no queremos?

Lolo mantuvo la mirada.

—Entonces tendréis que explicar a dirección por qué estáis acosando a un compañero.

Los tres intercambiaron miradas.

Sabían que Lolo había perdido buena parte de su popularidad, pero todavía conservaba cierta influencia. Además, después de las sanciones que había recibido, nadie quería verse involucrado en otro incidente disciplinario.

Finalmente, uno de ellos soltó la mochila.

Cayó al suelo con un golpe seco.

Lolo se agachó para recogerla y se la entregó al omega.

—Toma.

El muchacho la recibió con las manos temblorosas.

—Gracias...

—No tienes que darme las gracias. No deberían haberte hecho eso.

El omega asintió y se marchó rápidamente.

Lolo permaneció unos segundos observándolo hasta que desapareció por la puerta del edificio.

No se sintió orgulloso.

Tampoco esperaba que aquel pequeño gesto cambiara la opinión que los demás tenían de él.

Simplemente había hecho algo que debería haber hecho desde el principio.

Una mirada desde la distancia

Desde una de las ventanas del edificio principal, Manoplas había contemplado toda la escena.

Había llegado al patio unos minutos antes y se encontraba buscando un lugar tranquilo donde sentarse cuando vio a Lolo intervenir.

No pudo evitar sorprenderse.

El alfa había defendido a un omega más joven sin intentar obtener nada a cambio. No había buscado aplausos ni había mirado alrededor para comprobar quién estaba observándolo.

Simplemente había intervenido.

Manoplas apartó la mirada.

—Qué conveniente —murmuró para sí mismo.

No quería sacar conclusiones precipitadas.

Conocía demasiado bien a Lolo para confiar en un cambio tan rápido. Durante años había visto su crueldad de primera mano y sabía que una sola buena acción no podía borrar todo aquello.



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En el texto hay: drama, terror, omega verse

Editado: 07.11.2026

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