Saga - Lágrimas en silencio

26-Una cercanía peligrosa

Capítulo 26. Los sentimientos ocultos

Cuando el corazón empieza a acercarse a quien una vez fue su mayor enemigo.

La investigación sobre el pueblo abandonado había cambiado poco a poco la relación entre Manoplas y Lolo.

Al principio, trabajar juntos había sido una necesidad. Manoplas necesitaba descubrir qué relación tenía la familia del alfa con la antigua tragedia, mientras que Lolo quería averiguar por qué sus padres reaccionaban con tanto nerviosismo cada vez que mencionaba aquel lugar.

Ninguno confiaba plenamente en el otro.

Sin embargo, las visitas a la biblioteca, las conversaciones sobre documentos antiguos y las preguntas que ambos intentaban resolver habían creado una rutina inesperada.

Manoplas seguía siendo reservado. No olvidaba las humillaciones, las amenazas ni las manipulaciones que había sufrido por culpa de Lolo. Todavía había momentos en los que escuchar su voz le provocaba una tensión involuntaria.

Pero también comenzaba a reconocer que el alfa estaba intentando cambiar.

Lolo, por su parte, había aprendido a respetar sus silencios. Ya no insistía cuando Manoplas no quería hablar y evitaba acercarse demasiado si notaba que estaba incómodo.

No pretendía recuperar su confianza de inmediato.

Quería demostrar que podía ser diferente.

Aunque había algo que todavía no se atrevía a reconocer, ni siquiera ante sí mismo.

Sus sentimientos estaban empezando a cambiar.

Y eso lo asustaba mucho más de lo que imaginaba.

Los documentos de una familia

Una tarde, Manoplas se encontraba en la sala de lectura del instituto, rodeado de mapas y documentos antiguos.

Había pasado varias horas intentando descifrar unas escrituras relacionadas con el terreno donde se encontraba la antigua construcción de piedra. El espíritu le había advertido que las cenizas estaban vinculadas a una promesa incumplida, pero todavía desconocía qué había sucedido exactamente durante el incendio.

De pronto, escuchó unos pasos.

—He conseguido algo.

Manoplas levantó la mirada.

Lolo estaba delante de la mesa con una carpeta bastante deteriorada entre las manos.

—¿Qué es eso?

—Documentos de mi familia.

El alfa dejó la carpeta sobre la mesa.

—Los encontré entre unas escrituras de mis abuelos. Estaban guardados en una caja que apenas se utiliza.

Manoplas abrió la carpeta con cautela.

En su interior había documentos notariales, correspondencia antigua, registros de propiedades y varias hojas amarillentas que parecían haber sido copiadas a mano.

El omega comenzó a revisarlos.

—Esto es interesante...

—¿Qué has encontrado?

Manoplas señaló una de las escrituras.

—Aquí aparece la parcela original del pueblo. Y este documento habla del usufructo de una finca que pertenecía a tu familia.

Lolo se inclinó para observarlo.

—No entiendo demasiado de estos asuntos.

—Tu familia tenía propiedades allí.

—Eso parece.

Manoplas continuó leyendo.

Encontró varias firmas, referencias a terrenos y una anotación que mencionaba una construcción situada cerca de un antiguo camino.

El corazón le dio un pequeño vuelco.

Era la misma zona donde se encontraba el viejo naranjo.

—¿Por qué tus padres no quieren hablar de esto?

Lolo suspiró.

—Cada vez que menciono el pueblo, mi padre cambia de tema. Mi madre se pone nerviosa y algunos familiares me dicen que deje de remover asuntos antiguos.

—Eso significa que saben algo.

—Estoy empezando a pensarlo.

Manoplas pasó otra página.

—Entonces estamos investigando en el lugar correcto.

Lolo asintió y tomó asiento frente a él.

Durante las siguientes horas trabajaron juntos.

Compararon firmas, fechas y referencias geográficas. Descubrieron que algunos terrenos habían cambiado de propietario poco antes del incendio y que varias escrituras contenían anotaciones que no aparecían en los registros modernos.

No encontraron todavía la información que necesitaban, pero cada documento parecía acercarlos un poco más a la verdad.

En un momento, Lolo se inclinó para señalar una firma.

Sus dedos rozaron accidentalmente la muñeca de Manoplas.

El omega se apartó inmediatamente.

Lolo retiró la mano.

—Lo siento. No quería incomodarte.

Manoplas bajó la mirada hacia los documentos.

—No pasa nada.

Se ajustó la manga de la chaqueta y continuó leyendo.

Lolo no volvió a acercarse.

Aquel pequeño incidente le recordó que, aunque las cosas estuvieran cambiando, Manoplas seguía teniendo motivos para protegerse.

Y él debía respetarlo.

Una conversación inesperada

Los encuentros en la biblioteca comenzaron a convertirse en una parte habitual de sus tardes.

A veces pasaban horas sin hablar, concentrados en los documentos. Otras veces intercambiaban preguntas sobre sus descubrimientos o comentaban alguna anotación especialmente extraña.

Poco a poco, las conversaciones empezaron a salir del ámbito de la investigación.

Una tarde, mientras caminaban por el patio después de una sesión de estudio, Lolo decidió preguntarle algo.

—¿Siempre te ha gustado investigar cosas antiguas?

Manoplas lo miró de reojo.

—No.

—¿Entonces qué te gustaba hacer antes?

El omega tardó unos segundos en responder.

—Antes mi mundo era mucho más pequeño.

—¿A qué te refieres?

—Me gustaba estar en casa con mi madre. Pasar tiempo con ella. Y esperar a que llegara el repartidor de pizzas.

Lolo bajó ligeramente la mirada.

Conocía aquella historia.

Sabía que aquel joven había sido el primer amor de Manoplas y que su muerte había dejado una herida que todavía no había conseguido cerrar.

—Debió de ser alguien importante para ti —dijo con cuidado.

Manoplas asintió.

—Lo fue.

Continuaron caminando unos pasos.



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En el texto hay: drama, terror, omega verse

Editado: 07.11.2026

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