Mi intención de viajar con la cabeza recargada sobre el hombro de Fred se viene abajo por las sacudidas del carruaje sobre el camino desigual. Entonces me limito a tomarlo de la mano.
Mi esposo va con el torso girado hacia mí, sus ojos me repasan una y otra vez con suavidad. Mira mis manos, mi rostro, mi cabello, mis brazos… en cada parte se toma su tiempo, como si estuviera embotellándome para siempre en sus pensamientos.
Su insistente mirada me hace sentir como una obra de arte; hermosa y digna de admiración.
Yo también lo miro a él. Es guapísimo, más con cada minuto que paso a su lado. Cuando lo conocí, me pareció apuesto, ahora creo que es el hombre más hermoso en existencia.
Dejo mis preocupaciones por Alaric, la finca y el rechazo de mi madre a un lado y me concentro en disfrutar del momento. Voy en compañía de mi esposo a pasar la tarde con miembros de la realeza; si tan solo pudiera dejarle saber a la Innessa de hace unas semanas que la vida se volvería tan dulce, no lo habría creído.
Aprieto la mano de Fred cuando nuestro carruaje cruza la reja de entrada al castillo Autumnbow. Es como entrar a un sueño y no a una construcción hecha de piedra.
Un sirviente en uniforme impecable nos espera delante de la enorme puerta de acceso.
—Bienvenidos sean usted y su nueva esposa, mi señor Fred —saluda en cuanto bajamos.
—Gracias, Mylo. ¿No te parece que tengo a la esposa más bella del mundo conocido? Esta vez sí que me lucí, ¿eh? —pregunta Fred con una pícara sonrisa de oreja a oreja.
—Oh, qué cosas dices —lo reprendo al tiempo que doy un cariñoso apretón a su brazo.
—¿Qué? Solo señalo lo obvio. Mylo seguro está de acuerdo —se defiende Fred en tono jocoso.
Mylo se limita a sonreír y nos hace una seña para que lo sigamos. No va a negar lo dicho por Fred, pero tampoco confirmará que soy la mujer más bella cuando está al servicio de una reina y las esposas de los príncipes Autumnbow.
Fred y yo seguimos a Mylo al interior del castillo. Voy embelesada sin decidirme qué mirar, si las columnas, los ventanales, las exquisitas alfombras o las pinturas que cuelgan de los muros. A pesar de la admiración que me provocan las estancias que cruzamos, voy en máxima alerta, sobrepasada de ansiedad, atenta hasta al más mínimo movimiento a nuestro alrededor.
—¿Crees que veamos al rey? —susurro tan bajo como puedo sin perder el paso.
Fred suelta una risa por la nariz.
—Lo dudo a menos de que hayas solicitado audiencia, cariño. Nuestro rey es un hombre ocupado, es raro que uno se lo tope por ahí sin más y, si sucede, normalmente va rodeado de sus caballeros y camino a cumplir algún deber urgente —me explica.
Relajo los hombros. Estar ante un rey se me antoja infinitamente más intimidante que conocer a un príncipe, así que la perspectiva de no ver al rey Esteldor ayuda a calmar mi ansiedad.
Mylo nos hace atravesar un par de estancias más antes de sacarnos a los jardines reales.
Tomo una inhalación profunda. Más que emoción por conocer al príncipe, siento mucha curiosidad por ver a su esposa. Uno de los Autumnbow está casado con una princesa de Dranberg. Jamás en mi vida he visto a un Mondragón, un miembro de la familia real de mi reino, pero los rumores dicen que son todo un espectáculo: hermosos, altos y de ojos violeta. Me fascina la posibilidad de tener a uno enfrente.
—Ya casi llegamos, el príncipe está por aquí —dice Mylo mientras apunta con su mano más adelante en el camino.
A la distancia vemos a dos figuras de espaldas sentadas sobre una amplia manta cuadrada.
El hombre es rubio y de constitución atlética, ella tiene el cabello negro y está ligeramente inclinada hacía él.
Al escuchar nuestros pasos, el príncipe echa un vistazo sobre su hombro para de inmediato levantarse de un brinco.
—¡Ahí están! —exclama con los brazos abiertos a los costados.
Su esposa está teniendo dificultades para levantarse, así que se toma de la pierna de él para ayudarse. La sonrisa del príncipe se borra de golpe y de inmediato se inclina para tomar a su mujer en brazos.
—Becca, perdóname. Qué marido tan zopenco tienes —dice el príncipe mientras la ayuda a levantarse.
Cuando la tengo de frente, quedan claras dos cosas: no se podía levantar debido a su avanzado embarazo y, más importante, no es una Mondragón. Su piel blanca salpicada de pecas sobre la nariz no corresponde a la gente de mi reino; aun así, es una mujer muy hermosa.
—Connor, Rebecca, les presento a mi esposa: Innessa —dice Fred colocando su mano sobre mi espalda baja—. Cariño, ellos son el príncipe Connor y su adorable esposa Rebecca.
Rebecca y Connor me sonríen en sincronía al tiempo que me analizan cuidadosamente con la mirada. No encuentro en ellos recelo o desconfianza, solo simple y llano interés por conocerme.
—Es un placer… un inesperado placer —dice Rebecca.
—Hay que hacer hincapié en inesperado —interviene el príncipe—. ¡Menuda sorpresa que me llevé! Freddy, ¿cómo que te casaste? ¿Es verdad la historia que escuchamos?
Fred alza las manos en señal de inocencia.
#286 en Novela romántica
#31 en Fantasía
hombre posesivo chica inocente, matrimonio arreglado celos, romantasy
Editado: 25.09.2026