Terrones de azúcar, por favor, lean hasta el final, les tengo que comunicar algo muy importante.
Ya que esto tiene que parar.
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Claramente y de inmediato, al escuchar el grito del desesperado castaño, todos los dorados, los de bronce, el pequeño Kiki, la joven Diosa, salen corriendo en dirección a la habitación los mandamases.
Cada uno va pensando en miles de cosas terribles que pudieran estar pasándole al patriarca, sus terribles miedos de que algo malo le pudiera ocurrir, los está atormentando, después de todo es el papá de los mayores del grupo, aunque sea en figura paterna o materna, no quita que lo quieren mucho y si llegara a sucederle cualquier desgracia a él o al bebé o a ambos, sentirían que sus vidas se desquebrajarían.
Desde luego, aquellos que están embarazados, deben ir con mayor cuidado, pues su estado no quita su enorme preocupación, y claro que sus esposos los cargan para llegar lo antes posible, aunque deben ser sumamente delicados, ya que están bastante pesaditos y algunos con el riesgo de que están a poco tiempo de dará luz también.
El sonido de los pasos acelerados se hace presente, algunos subiendo por las escaleras, otros abriendo las puertas y yendo en dirección de aquella habitación, dándoles igual que casi rompen el piso por su enorme velocidad.
Y llegando en solo unos segundos todos, y abriendo la puerta tan rápido que es destruida, pues los primeros en arribar al lugar son el joven matrimonio de Saga y Aioros, y claro que este último pateo la entrada de madera sin pensarlo, eso sí manteniendo su preciada carga entre sus brazos, para que no se hiera, ni nada malo le ocurra.
A pesar de sus dificultades con su hermano menor, la angustia de que algo malo ocurra es evidente en su corazón como rostro, y solo quiere confirmar que el patriarca se encuentre bien.
-¡¡¡PATRIARCA!!! ¡¡¡¿SE ENCUENTRA BIEN!!!- Los ojos verdes, se quedan fijos hacia delante, casi mordiéndose los labios de la preocupación.
-¡¡¡¿PAPÁ, QUE LE OCURRE?!!!- Saga es el segundo en hablar, apretando las manos contra su pecho, aun siendo cargado por el centauro.
Detrás de ellos, Kanon también llega, en los fuertes brazos de Aldebarán, que, con un fuerte grito de susto, evidencia su sentir.
-¡¡¡¿QUÉ LE OCURRE AL PATRIARCA?!!!- Exclama con todas sus fuerzas, pues Kanon, últimamente se ha sentido más sensible de lo normal, ya que algunas lágrimas están amenazando con salir.
-¡¡¡¿LE DUELE ALGO?!!!- Aldebarán, lleva espuma en su barbilla, al parecer se estaba rasurando, así que se encuentra desnudo del torso, usando solo un short que le queda prode bajo de las rodillas.
Y es allí, que todos ya se encuentran, entrando a la habitación a empujones, los dorados son los principales que entraron sin pedir permiso, los de bronce quedándose en la entrada expectantes, y Kiki, también busca por donde acercarse más.
-¡¡¡¿LLEGÓ LA HORA?!!! ¡¡¡¿QUÉ DEBEMOS HACER?!!!- Cáncer, parecía temblar con cierto miedo, aunque rápido se nota que se le dificulta sostener a su Florecita por el peso extra y los movimientos que hace al bajar de sus brazos.
Afrodita, da uso dos pasos más cerca, con aquellos ojos celestes fijos en el patriarca -¡¡¡¿LO DEBEMOS LLEVAR A UN HOSPITAL?!!!- Pregunta completamente desesperado, frunciendo el ceño, buscando con la mirada a la castaña.
-¡¡¡QUÍTENSE!!! ¡¡¡SOLO ESTORBAN!!!- La voz de la Diosa, se escucha, pero no la localizan hasta que se hace presente delante de todos.
Al inicio, Daniela, no podía pasar por la puerta, pues los grandulones de los dorados habían tapado la entrada, hasta que lograron pasar, pero ella no perdería el tiempo y decidió hacer uso de sus trucos, para volverse agua y así caber en los pequeños espacios, para lograr colocarse a los pies de la cama del matrimonio, mientras admira su alrededor y escucha la angustia de todos.
Pero, el más desesperado de todos, es quien no pudo resistir más tiempo -¡¡¡PAPÁ!!!- Por extraño que parezca, el pelilila, quien a pesar de poder ir más rápido con sus propias piernas, fue rebasado por aquellos que llevaban a sus parejas cargadas, sin embargo, le dio todo igual y decidió teletransportarse junto a la cama del peliverde, con los ojos llorosos, pues por unos segundos empezó a imaginar miles de trágicos escenarios, los cuales le provoco un enorme terror -¡¡¡¿QUÉ TIENE?!!! ¡¡¡¿QUÉ LE PASA?!!! ¡¡¡¿POR QUÉ EL VIEJO MAESTRO GRITO DE ESA FORMA?!!!- Sus ojos color esmeralda, buscan al peliverde con desesperación que están llenos de lágrimas.
Al localizarlo, se da cuenta que el patriarca se encuentra sentado en la cama, aun en pijama, con la mirada rosa toda atónita, casi parpadeando miles de veces, para comprobar si esto es real o aún está soñando, pues solo transcurrieron microsegundos desde el grito de preocupación del castaño, al momento en que llegaron todos sus chiquillos.
- ¿Eh? Yo…- Simplemente no da crédito a todo lo que está ocurriendo.
-¡¡¡NO DIGA MÁS!!! ¡¡¡LO LLEVAREMOS A DONDE SEA NECESARIO!!!- Contesta el joven Aries, apretando sus puños, que están a nivel de su pecho, mostrando su angustia y lágrimas cayendo, tanto de preocupación como se cierto alivio por verlo aparentemente bien.
¡¡¡SI, NO LE PASARA NADA MALO!!!- Algo que pocos esperarían ver y escuchar, es la voz alzada y de cierto temor por parte del rubio, que da unos cuantos pasos hacia el frente para quedar más cerca de su ahora esposo.
Y es allí, que todos se acercan a la cama, mirándolo con una profunda duda expectante, y que a pesar de que varios de sus hijos también están en la hermosa espera de sus criaturas, él se ha convertido en el principal motivó de precaución entre todos, y eso lo comienza a conmover demasiado al punto de sonreír a medias y que sus ojos se cristalicen, y a la vez lo tranquiliza, porque en realidad no está pasando nada extraño o mejor dicho, que lo ponga en riesgo en sí.