El recuerdo volvió a moverse.
La noche desapareció y fue reemplazada por un amanecer pálido sobre los límites del reino.
Alis observó cómo la Sol del pasado se alejaba sola del castillo llevando entre sus brazos una cesta llena de frutas.
—¿A dónde ibas? —preguntó Alis.
Sol no respondió de inmediato.
La siguieron hasta internarse entre árboles cada vez más altos, lejos de los caminos habituales del reino. Después descendieron por una pequeña abertura escondida entre raíces hasta llegar a una cueva.
En el centro había algo parecido a un estanque circular del tamaño de una mesa.
Dentro de él existía todo un pequeño ecosistema.
Agua.
Musgo.
Rocas.
Árboles diminutos.
Y cinco criaturas.
Alis se acercó sorprendida.
—Espera...
Reconoció inmediatamente sus formas.
Una pequeña criatura parecida a un león con partes de reptil dormía entre unas piedras.
Otra, semejante a un insecto de largas extremidades, trepaba por una rama.
Pequeñas criaturas puntiagudas nadaban juntas en el agua.
Una diminuta bestia alada descansaba sobre un tronco.
Y debajo de la superficie acuática se desplazaba otra criatura con una enorme boca.
Alis abrió los ojos.
—No puede ser...
Sol adulta cruzó los brazos.
—Sí.
Alis retrocedió.
—¡Son los monstruos!
—Ahora los llamáis monstruos.
La joven Sol del recuerdo dejó la cesta en el suelo y comenzó a lanzar pequeños pedazos de fruta dentro del estanque.
Las criaturas corrieron inmediatamente hacia ellos.
Una de ellas soltó un extraño gruñido y Sol sonrió.
—Despacio. Hay para todos.
Alis observaba aquello sin poder creerlo.
—¿Tú los creaste?
—No.
Sol miró a su hermana en la distancia del recuerdo.
—Luz los creó usando el Corazón de Diamante.
—¿Luz?
—Quería imitar mi don.
Sol se agachó junto al estanque.
—Pero nunca tuvo demasiada imaginación para crear animales.
Una pequeña criatura alada atrapó una fruta y comenzó a sacudirla violentamente.
—Tomaba referencias de las criaturas que habíamos visto en el mundo humano. Mezclaba unas con otras.
Alis miró al pequeño Groffu.
Incluso siendo diminuto era bastante desagradable.
—Pues... sí que le faltaba imaginación.
Sol soltó una breve risa.
—Eso mismo le dije.
Una de las criaturas comenzó repentinamente a chisporrotear.
Su cuerpo creció durante un segundo.
Después volvió a encogerse.
La Sol del pasado reaccionó de inmediato.
Extendió ambas manos.
—Tranquilo...
Una luz envolvió a la criatura hasta estabilizarla.
Alis frunció el ceño.
—¿Qué le pasó?
—Eso comenzó a ocurrir cada vez con mayor frecuencia.
Otra criatura también aumentó repentinamente de tamaño antes de volver a su forma pequeña.
—Luz los creó usando una energía demasiado poderosa. El Corazón podía crear prácticamente cualquier cosa, pero una creación necesita permanecer conectada a quien la originó.
—¿Como un vínculo?
—Exactamente.
Sol observó las criaturas.
—Si el creador desaparece... o pierde el control sobre ellas...
Alis comprendió.
—Ellas también pierden el control.
Sol asintió.
—Y había otro problema.
La pequeña criatura insecto golpeó accidentalmente una roca.
La roca se partió en varios fragmentos.
—Eran extremadamente resistentes. Casi inmunes a nuestros hechizos.
Alis tragó saliva.
—¿Incluso siendo así de pequeñas?
—Sí. Pero en este tamaño no podían causar demasiado daño.
La Sol del pasado acarició con cuidado la cabeza del pequeño Groffu.
La criatura cerró sus tres ojos.
—Luz las abandonó cuando descubrió que no eran bonitas.
—¿Las abandonó?
—Decía que eran defectuosas.
La expresión de Sol se volvió más triste.
—Yo no podía hacer eso.
Alis la observó.
—Aunque fueran criaturas mágicas...
—Sentían hambre. Tenían miedo. Dormían. Jugaban entre ellas.
Sol la miró.
—Para mí eso era suficiente para considerarlas vivas.
La escena cambió.
Sol regresaba al castillo con la cesta vacía cuando vio una figura salir silenciosamente de una habitación.
Era Luz.
Sol se detuvo.
Reconoció inmediatamente aquella puerta.
Era la habitación de Morgan.
El amanecer apenas comenzaba a iluminar los corredores.
—¿Luz?
Su hermana se sobresaltó.
—¿Qué haces saliendo de ahí?
Luz acomodó rápidamente su vestido.
—Estaba hablando con Morgan.
Sol miró hacia la ventana.
—¿Toda la noche?
—Perdimos la noción del tiempo.
Sol la observó con sospecha.
—Creí que habías entendido que él se marcharía.
Una sonrisa apareció en los labios de Luz.
—Ya no lo hará.
Sol frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Hablamos.
—¿Y?
—Va a quedarse.
Sol se quedó mirándola.
—Eso no tiene sentido.
—Pues acostúmbrate.
Luz comenzó a caminar.
—Espera.
Sol la alcanzó.
—Por cierto, tus criaturas están empeorando. Necesitas sanarlas
Luz ni siquiera se detuvo.
—No son mis criaturas.
—Tú las hiciste.
—Son defectos, no me gustaron
Sol la miró con incredulidad.
—Luz, no puedes simplemente crear seres y abandonarlos porque no salieron como querías.
—Hazte cargo tú. Parece que te gustan tanto.
—No son objetos.
Luz suspiró irritada.
—Estoy cansada, Sol. - hizo una mueca de disgusto y cansancio
Intentó irse.
Sol tomó su muñeca.
—Solo quiero que—
En cuanto sus dedos tocaron la piel de Luz...
una visión atravesó su mente.
Un destello.
Morgan.
Luz acercándose a él.
Sus rostros demasiado próximos.
Un beso, y luego caricias
Morgan mirándola como si nada más existiera.