Alis permaneció en silencio, esperando a Sol que se pronunciara
—¿Por qué me muestras todo esto?
Sol la miró.
—Porque necesitabas saber la verdad.
—¿Solo por eso?
Sol no respondió.
Alis entrecerró los ojos.
—No. Hay algo más.
El cuerpo de Sol volvió a desprender pequeñas partículas negras. Primero de los dedos, después de los brazos.
Alis bajó la mirada hacia ellas.
—¿Qué quieres que haga?
Sol extendió la mano.
—Ven.
Alis dudó antes de aceptarla.
En cuanto sus dedos se tocaron, sintió algo extraño. La energía de Sol era inestable. Por momentos podía sentirla cálida y tranquila; al siguiente, parecía querer escapar violentamente de su cuerpo.
—No puedo mantener esta forma por mucho más tiempo —explicó Sol—. Cuando desperté hace siglos, desperté convertida en Fuego de Sombra. Esta apariencia que estás viendo ahora... es temporal.
—Entonces podemos buscar una manera de estabilizarte.
Sol negó lentamente.
—No existe.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque llevo cuatrocientos años intentándolo, eh vagado entre ser un ser astral y luego perdiendo el control a eso
Alis quedó callada.
Sol apretó suavemente su mano.
—En algún momento volveré a perderme.
—¿Perderte?
—Volveré a convertirme en aquello que te atacó.
Alis recordó el fuego de sombra, la asesina indestructible
La herida que había recibido momentos antes de que Sol recuperara aquella apariencia.
—No quiero volver a hacer daño —continuó Sol—. Por eso necesito que hagas algo por mí.
—Destruye el Corazón de Diamante.
Alis abrió los ojos.
—¿Qué?
—Destrúyelo.
—Pero...
Alis miró hacia el centro del pecho de Sol.
Ahora entendía.
—El Corazón...
—Es lo que queda de nuestros núcleos.
Alis negó inmediatamente.
—Entonces no.
Sol sonrió ligeramente.
—Alis.
—¡No!
Retiró su mano, negando el hecho de destruirla
—Si lo destruyo... ¿qué pasará contigo?
Sol permaneció callada.
Aquello fue suficiente respuesta.
—Morirás.
—Sí.
—¿Y las criaturas?
Alis la miró alarmada.
—Si están conectadas al Corazón, ¿también morirán?
Para su sorpresa, Sol sonrió.
—No.
—¿Cómo puedes estar segura?
—Porque las modifiqué.
Alis no comprendió.
Sol levantó una mano y alrededor de ellas aparecieron las imágenes de las cinco criaturas.
—Durante siglos estuvieron conectadas a nuestra energía. Esa conexión las mantenía vivas, pero también impedía que alcanzaran un equilibrio propio. Cuando el Corazón reaccionaba, ellas reaccionaban. Cuando mi energía se descontrolaba...
Las criaturas de la imagen comenzaron a crecer.
—Ellas también.
—Entonces por eso atacaban.
—No eran malvadas, Alis.
Sol contempló a Groffu.
—Nunca lo fueron.
Alis recordó todas las historias que había escuchado sobre aquellos seres.
Bestias.
Devoradores.
Monstruos.
Enemigos del reino.
—Tenían hambre. Dolor. Miedo. Y una energía que no podían controlar.
Sol cerró la mano y las imágenes desaparecieron.
—Conseguí modificar el vínculo. Si destruyes el Corazón, mi existencia terminará... pero ellas quedarán libres.
—¿Libres?
—Sin creadora. Sin núcleo. Sin nada que altere sus cuerpos.
Sol sonrió.
—Serán simplemente criaturas.
Alis bajó la mirada.
—No es justo.
Sol ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Qué cosa?
—Esto.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Alis.
—Todos creen que eres malvada. Durante años han contado que tú provocaste todo. Que mataste a tu hermana por celos, que creaste los monstruos, que asesinaste a Morgan...
Su voz comenzó a quebrarse.
—Tienes que vivir.
Sol la observó sorprendida.
—Tienes que contarles la verdad.
—¿Para qué?
—¡Para limpiar tu nombre!
Sol soltó una pequeña risa cansada.
—¿Sabes cuánto tiempo son cuatrocientos años, Alis?
Ella no respondió.
—He visto generaciones enteras nacer y desaparecer mientras yo seguía existiendo de esta manera. He perdido la razón más veces de las que puedo recordar.
Las sombras volvieron a recorrer sus brazos.
—Estoy cansada.
—Pero no fuiste tú...
—También cometí errores.
Sol se acercó.
—Yo lancé aquella lanza.
—No querías matarlo.
—Pero murió.
Alis guardó silencio.
—No necesito que el reino me construya una estatua. No necesito que cambien los libros. Y tampoco necesito que todos sepan mi nombre.
Tomó las manos de Alis.
—Solo quiero que termine.
Alis negó lentamente mientras las lágrimas finalmente descendían por sus mejillas.
—No quiero hacerlo.
—Tienes que hacerlo.
Sol llevó las manos de Alis hasta su pecho.
Debajo de sus dedos apareció una intensa luz.
El Corazón de Diamante.
Alis sintió su energía latiendo.
Una vez.
Otra.
Como un verdadero corazón.
Intentó apartar las manos.
Sol no se lo permitió.
—No puedo.
Apretaba entre dientes mientras bajaba la cabeza
—Sí puedes.
—¡No!
—Alis.
Sol sonrió.
Por primera vez no parecía una criatura de cuatrocientos años.
Parecía aquella niña que alimentaba pequeñas criaturas dentro de un estanque, la que acompañaba a su hermana
—Libérame, porfavor
Alis cerró los ojos.
—Lo siento...
—No tienes que sentirlo.
Sus dedos comenzaron a cerrarse alrededor del cristal.
—Gracias por escucharme.
Alis apretó.
Una grieta apareció.
El sonido hizo que abriera los ojos.
Sol continuaba sonriendo.
—Sigue.
Otra grieta.
—Sol...
—Está bien.
Alis soltó un sollozo.
Y apretó con todas sus fuerzas.
El Corazón de Diamante estalló.