Detrás de una Sonrisa

CAPÍTULO TREINTA Y UNO

A veces, las personas no son lo que crees.

Elizabeth.

La fiesta estaba totalmente en ese punto donde todo el mundo ya esta demasiado ebrio como para detenerse a pensar en que hace o no.

Me encantaría que Dave estuviera de la misma forma, así podría irme sin que se de cuenta.

Aunque ahora que lo pienso, quizá es más imbécil de borracho.

Ver tanta gente alrededor mío me sofoca, no puedo respirar, y juraría que alguien me ha tocado el muslo hace un rato.

Entre en pánico y casi le doy un puñetazo qué, de no haber sido por el estúpido de Dave, si lo había mandado al piso.

O tal vez no.

Quizá solo me hubiera rotó los dedos y no le habría hecho nada.

Pero lo que si hice fue gritarle un montón de cosas.

Ahora, Dave se encuentra sentado a mi lado, o mejor dicho yo me encuentro sentada a su lado, a unos cuantos centímetros de la piscina. Cada vez que alguien se tira en ella me salpica.

Dave ha cumplido con lo dicho, le ha dicho a los chicos que no tengo la más mínima idea de quienes son que yo soy su novia. Al principio no le creyeron, porque, vamos, soy yo. Luego, cuando puso un brazo sobre mis hombros —tuve todo el impulso de empujarlo y darle una parada en los bajos —le creyeron.

Después lo aparte.

Y ahora el se está regodeando qué la chica rara del instituto, la que mira mal a todo mundo, le hizo caso.

¿Qué gana con esto?

No lo sé. Pero supongo que quiere crear el rumor, para que llegue a oídos de Jane, Carl y Harris, y como sabe, ellos le dirán a él.

La conversación se Dave y sus amigos —ya ligeramente ebrios— torna un rumbo distinto, pero no es nadie más que un idiota del equipo de fútbol qué se inclina hacia mi y comienza a decirme estupideces.

—Quítate—le espete cuando invadió mi espacio personal.

Lo único que comprendí es que se llama Derek.

No obstante, soltó una risillas de esas de los borrachos que son mala copa.

—La verdad Elizabeth… —arrastró las palabras—. Nunca creí que te vería en un lugar como este.

—Aléjate.

No lo hizo, al contrario, se pego más.

—Es que siempre has sido taaaan amargada, incluso pensé que te iban las chicas—río como si hubiera soltado un gran chiste—. Me sorprendiste.

Me aparte cuando su cabeza se inclinó hacia la mía, apesta a alcohol. Y los otros imbéciles siguen en su mundo.

Lo siguiente no me lo espere, de verdad que no.

Mi cuerpo entero se paralizó al sentir la palma de su mano sobre mi muslo, el aire se me fue por completo.

En un segundo, el ruido de la fiesta, las risas y la música pasaron a un segundo plano; mi cuerpo congelado por un pánico que me atormenta desde hace años.

Quise gritar, quise apartarlo de un empujón, pero los músculos no me respondían.

A mi lado, Dave seguía riéndose de algún chiste malo, completamente ajeno a mi tormento, mientras el aliento a alcohol del tipo ebrio rozaba mi cuello y su mano apretaba.

Me trajo recuerdos que he querido borrar. Esas imágenes suyas volvieron a mi cabeza.

Mi casa, mi habitación, el hermano de mi madre preguntándome si me encuentro mejor. Y luego, su mano justo donde mismo. Esas palabras de falsa preocupación.

Todo volvió a mi cabeza con solo su mano en mi pierna.

Y de repente, alguien lo apartó de mi, devolviéndome al presente.

—Veo que su conversación está muy divertida—una voz femenina—. ¿Puedo unirme?

Todos asintieron, incluso Dave.

Todo mi cuerpo seguía rígido, presente pero inconsciente de lo que acaba de pasar.

—Y bueno, ¿de que hablaban?—tomo asiento a un lado mio, justo donde el tipo estaba hace un segundo—. Haya dentro hace demasiado calor—se abanico la cara, con una sonrisa.

Entonces caí en cuenta que se trata de Haley. La misma Haley Jackson qué se burlaba de mi en primer año.

Ella me miró, muy raro. Y me sonrió.

¿En que planeta vivo?

—No pensé verte aquí—me dice—. Creí que estos lugares no eran tu tipo.

—No lo son—murmure.

Ella solo asintió, y volvió la mirada al frente, escuchando a los demás idiotas.

En el fondo le agradecí lo que hizo. Aunque quizá no lo hizo con la intención ayudarme, pero de alguna manera lo agradezco.

—¿Jane y Rod no vinieron?—volvió a hablarme.

—No me interesa—espete, acomodándome en la silla.

—Bueno, es que como siempre estas con ella, y ahora que Rodrigo se le declaró a Jane…

—No tengo porque ser su chicle.

Ella muro hacia los chicos que se aventaron una vez más en la piscina, haciendo una mueca.

—Sí, a mi tampoco gusta ser el mal tercio.

Recargo sus brazos en sus rodillas, fingiendo ponerle atención a Dave y sus amigos.

Necesito irme. Con urgencia.

Estar rodeada de chicos ebrios y una chica que no se acerca ni a la palabra amiga me pone de nervios. Sin contar que desde que Derek me toco la pierna me mantengo más alerta, y mi pierna no deja de subir y bajar.

De pronto volví a tensarme cuando Haley tomo mi mano y me puso de pie.

—Acompáñame al baño.

Ni siquiera me dio tiempo de quitarme, se puso de pie impulsándome a hacer lo mismo.

—¿A dónde vas?—pregunto Dave, notado la mano de Haley alrededor de la mía—. Tienes prohibido irte hasta que te lo diga.

—Tranquilo, solo vamos al baño—explico Haley—no nos tardamos.

No le dio tiempo de protestar a Dave. Me jalo hacia el interior de la casa. Se ha vaciado un poco lo que facilita qué me arrastre por todo el salón hacia las escaleras.

Subió tan rápido que casi caigo tropezando e uno de los escalones.

Al llegar arriba, no fue directo al baño, sino a una de las puertas de las habitaciones. Entramos en una y cerro con seguro.

Entonces la solté de inmediato.

—¿Qué mierda Haley…?

—¿Estas bien?—preguntó en cambio—. Te note un poco… incomoda haya abajo.




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