Alianza de Cristal

Capítulo 38: La gala de los 72 minutos... o más bien, horas (PARTE II)

⏱️ Tiempo restante para la boda: 63:50:10

Victoria abrió la puerta de la suite con la firme intención de regresar al reservado principal para enfrentar a Liam con sus propias armas, dispuesta a reclamar lo que consideraba suyo. Pero apenas cruzó el umbral y dio unos pasos por el pasillo privado del ala este, el aire se le quedó atascado en los pulmones.

El sonido de risas ahogadas, música electrónica de bajo pesado y un olor empalagoso a perfume barato y alcohol caro flotaba en el ambiente.

Las puertas de la suite contigua —el reservado donde se suponía que los hombres celebraban la despedida de soltero de Liam— estaban completamente abiertas de par en par. Y lo que Victoria vio al asomarse hizo que todo su autocontrol de estratega se derrumbara en milisegundos.

Allí, en el centro de la habitación, varias mujeres vestidas únicamente con lencería de encaje negro, tan sugerente y diminuta que prácticamente no dejaba nada a la imaginación, bailaban de forma provocativa, rodeando los sofones de cuero. Los capos del sindicato reían a carcajadas, arrojando billetes y animando el espectáculo con comentarios lascivos.

Y en medio de todo ese caos visual... estaba él.

Liam seguía sentado en el sillón principal, con la camisa abierta hasta el pecho, una botella de bourbon en la mano y la mirada sombría. Aunque no estaba participando activamente del show y mantenía su habitual expresión de fastidio ante los payasos que lo rodeaban, una de las bailarinas se había postrado prácticamente sobre el respaldo de su asiento, rozando su hombro con los labios mientras le ofrecía una copa directamente a la boca.

El mundo de Victoria se detuvo.

Un segundo después, el vacío absoluto dio paso a una ola de emociones tan violentas, primitivas y viscerales que ella misma no se reconoció.

El enojo la golpeó primero, caliente y punzante en la boca del estómago. Luego vino la frustración, seguida de una ira sorda que le hizo clavar las uñas en las palmas de las manos hasta lastimarse. Pero lo peor —lo que realmente la quemó por dentro de una forma que la aterraba— fue una mezcla venenosa de envidia y celos incontrolables.

¿Cómo se atrevían? ¿Cómo se atrevía esa mujer a tocar lo que ya tenía dueño? ¿Cómo se atrevía Liam a permitirlo, incluso por mera inercia de la fiesta?

Durante días, ella se había convencido de que todo era una partida de ajedrez, un frío contrato estratégico donde los sentimientos no tenían cabida. Pero ver a otra mujer en el espacio que su propio corazón ya había reclamado como sagrado encendió un incendio forestal en su pecho.

Los celos, crudos y desesperados, la cegaron por completo. La estratega calculadora, la heredera fría que siempre controlaba cada tablero del sindicato, había desaparecido. En su lugar quedaba una mujer furiosa y dispuesta a quemar el mundo entero con tal de recuperar lo que le pertenecía.

⏱️ Tiempo restante para la boda: 63:35:40

La paciencia milimétrica de la estratega se evaporó en el preciso instante en que la bailarina inclinó aún más el torso, rozando con el cabello la mandíbula de Liam. Victoria no lo pensó. Su cerebro dejó de calcular probabilidades y su orgullo de clase se convirtió en una fuerza destructiva.

Con el paso firme y el rostro transformado en una máscara de hielo furioso, Victoria cruzó el umbral del reservado.

El impacto de su entrada hizo que la música pareciera bajar de volumen por instinto. Los capos del sindicato, que medio borrachos animaban el espectáculo, se quedaron boquiabiertos al ver a la intocable heredera de los Vance plantada en medio de la fiesta de solteros como una aparición salida de una tormenta. La bailarina que coqueteaba con Liam se apartó de inmediato al sentir el aura asesina que desprendía.

Liam, que tenía los ojos ligeramente nublados por el alcohol y el peso de las horas sin dormir, levantó la vista con lentitud. Al verla allí parada, con los ojos oscuros ardiendo de ira y los puños apretados, una chispa de oscura fascinación cruzó su mirada.

—Vaya, vaya... si es la novia —balbuceó uno de los capos menores intentando hacer una broma para aligerar el ambiente—. ¿Te perdiste de suite, Victoria? El show de los novios es por...

—Largo. Todos ustedes. Ahora —escupió Victoria con una voz tan baja, gélida y afilada que hizo que el capo cerrara la boca de golpe.

Nadie se atrevió a replicar. Ante la mirada de pura muerte que les dedicó la heredera, los acompañantes y las bailarinas retrocedieron en desbandada, abandonando el reservado en cuestión de segundos hasta dejar la habitación en completo silencio.

Las pesadas puertas de roble se cerraron de un golpe seco, dejándolos completamente solos.

Victoria avanzó a grandes zancadas hasta detenerse frente al sillón donde Liam seguía sentado. Respiraba agitadamente, con el pecho subiendo y bajando de la rabia.

—¿Te diviertes, Ghost? —le espetó Victoria, con la voz temblando de celos mal ocultos, señalando con desdén el vaso de bourbon y el espacio que la bailarina acababa de dejar libre—. ¿Esta es tu idea de prepararte para la boda? ¿Dejándote manosear por coristas de bar mientras a mí me mandan a tomar el té con las demás?

Liam la miró fijamente. El alcohol que llevaba encima, combinado con la total destrucción de sus defensas emocionales, había disuelto lo poco que quedaba del muro de contención del asesino. Ya no había barreras. Ya no existía el personaje frío, ni las reglas del sindicato, ni la cautela.

Con un movimiento lento y pesado, Liam se puso de pie. Su altura la abarcó por completo, y el olor a alcohol mezclado con su perfume varonil envolvió a Victoria como una marea.

—¿Celosa, estratega? —murmunó Liam con una voz ronca, áspera y completamente desprovista de su habitual cinismo, dando un paso al frente hasta acorralarla contra el respaldo del sofá que ella misma había venido a defender.

Los ojos oscuros de Liam la devoraban con una intensidad febril.




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