⏱️ Tiempo restante para la boda: 00:15:00
El eco amortiguado de la música clásica y el murmullo constante de cientos de invitados filtrándose a través de las paredes del salón principal apenas llegaban al refugio del cuarto de invitados. En el exterior, el presentador de la cúpula ya comenzaba a caldear las previas con una voz solemne y pomposa, anunciando la llegada inminente de la alta sociedad del sindicato y recordando el peso histórico de la unión entre dos de los apellidos más temidos de los muelles.
Dentro de la habitación, el tiempo parecía haberse ralentizado de golpe.
Victoria estaba sentada en el borde de un sillón de terciopelo oscuro, con la espalda recta y la mirada fija en la puerta de madera caoba. La armadura de encaje blanco y tul ajustada a su piel se fundía perfectamente con su silueta, y las flores silvestres que adornaban su coleta baja —entre tallos desnudos y pétalos intactos— exhalaban un sutil y fresco aroma que contrastaba con la tensión del ambiente.
Apenas faltaban quince minutos para que las puertas se abrieran y tuviera que caminar hacia el altar.
Ya no quedaba rastro de la estratega fría que calculaba cada movimiento de ajedrez ni de la heredera que fingía someterse a los caprichos de la junta. Debajo del encaje y de la fachada impecable, su corazón latía con una fuerza indomable. Cada segundo que pasaba la acercaba más al momento de encontrarse de nuevo con Liam, de desafiar a los patriarcas en su propia cara y de demostrarle al Ghost que la promesa que le había hecho de protegerla era un arma de doble filo: ahora él también pertenecía por completo a ella.
El sonido del micrófono resonando al otro lado del pasillo indicó que las previas estaban llegando a su fin. La ceremonia estaba a punto de comenzar.
⏱️ Tiempo restante para la boda: 00:08:00
El murmullo de los invitados al otro lado del pasillo y la voz del presentador que anunciaba los últimos preparativos en el altar fueron interrumpidos de golpe. Tres suaves y decididos nudillos golpearon la madera de la puerta del cuarto de invitados.
Victoria no necesitó mirar las pantallas de seguridad ni preguntar quién era. Su pulso dio un vuelco inmediato, reconociendo el ritmo exacto de esa presencia. Con una tranquilidad cargada de anticipación, se levantó del sillón de terciopelo, alisó con la mano las capas fluidas de tul de su vestido y caminó hacia la entrada.
Al girar el picaporte y abrir la puerta, allí estabas tú.
La luz fría del pasillo iluminaba tu silueta imponente, rompiendo la penumbra del cuarto de invitados. Te quedaste un segundo en el umbral, observándola de arriba abajo: la armadura de encaje blanco ceñida a su piel como una segunda capa viva, el escote profundo, la coleta severa y, entrelazadas entre los mechones oscuros, las flores silvestres —algunas enteras, otras reducidas a tallos afilados— que le habías enviado horas antes.
Victoria te sostuvo la mirada con una media sonrisa desafiante y divertida curvando sus labios, sintiendo el aroma amaderado de tu colonia mezclarse con la tensión del momento.
—Se supone que es de mala suerte ver a la novia antes de la ceremonia —te recetó Victoria en un susurro suave, ladeando ligeramente la cabeza con una chispa de travesura en los ojos, aunque el tono estaba completamente desprovisto de veneno o advertencia—. Los viejos del sindicato tendrían un infarto si supieran que estás aquí, rompiendo las reglas del protocolo.
Dio un paso al frente acortando la distancia entre ustedes, con el corazón latiéndole desbocado pero la postura de una reina dispuesta a reclamar su trono.
—Pero supongo que a estas alturas, romper las reglas es lo único que se nos da bien... ¿A qué se debe tu visita, Ghost?
⏱️ Tiempo restante para la boda: 00:06:00
El eco de sus palabras flotó en el pequeño espacio entre los dos, cargado de una electricidad que desafiaba cualquier protocolo de la cúpula. Al otro lado de la puerta, los preparativos avanzaban, pero dentro de esa habitación el tiempo parecía haberse detenido por completo.
Liam la miró fijamente, con la intensidad de quien no teme a las reglas ni a las consecuencias, y dio un paso hacia el interior del cuarto de invitados, cerrando la puerta a sus espaldas con un movimiento suave y deliberado. Sus ojos recorrieron cada detalle de ella: la armadura de encaje blanco que se adhería a su piel, las flores silvestres entrelazadas en su coleta y la mirada desafiante que solo le pertenecía a él.
—Que se ardan los viejos y que el sindicato entero colapse si quiere —respondió Liam con voz ronca y profunda, acortando la distancia que los separaba hasta rozar con su aliento los labios de Victoria—. No vine a cumplir con el protocolo de los patriarcas, ni a sellar una tregua mercantil.
Extendió una mano para rozar con delicadeza la línea de su mandíbula, sintiendo cómo el pulso de Victoria se aceleraba bajo su tacto, antes de mirarla fijamente a los ojos con una vulnerabilidad que solo ella conocía.
—Quería besarte —murmuró Liam con absoluta certeza, mientras sus dedos se deslizaban suavemente por su nuca—. Pero no el beso frío que exige el altar para sellar un destino impuesto... Vine por el beso que sella nuestro amor. El que demuestra que, pase lo que pase cuando crucemos esas puertas, ya no le pertenecemos a nadie más que a nosotros mismos.
Sin esperar una respuesta, inclinó el rostro y la besó.
Fue un beso profundo, hambriento de verdad y completamente liberado de las cadenas del sindicato. En ese roce no había contratos, ni alianzas forzadas, ni miedo a la muerte; solo la certeza absoluta de que, en medio de la guerra de clanes que estaban a punto de desatar, ya habían ganado la única batalla que realmente importaba.
⏱️ Tiempo restante para la boda: 00:03:00
El sabor de ese beso —claro, profundo y carente de toda máscara— todavía persistía en los labios de Victoria cuando el peso de la realidad comenzó a cerrar el cerco. El tiempo no se detendría por una tregua robada en el umbral.