El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 3: Cuando el mundo te señala

—Segunda ciudad: Lunvar—

La ciudad no dormía.

Aoi lo notó apenas cruzó la calle principal por segunda vez.

Lunvar no tenía el aire ordenado de la ciudad inicial. Aquí todo era más grande, más ruidoso, más vivo. Jugadores de distintos niveles se movían en grupos, comerciantes gritaban ofertas, aventureros discutían rutas, builds, recompensas.

Y en medio de todo eso…

estaba ella.

Fen caminaba a su lado, imponente incluso entre la multitud. Lyn sobrevolaba a baja altura, describiendo círculos atentos. Aoi intentaba no encogerse sobre sí misma, pero la sensación era inevitable.

Miradas.

Demasiadas.

—…esto es incómodo —murmuró.

Hina soltó una risa corta mientras se ajustaba el guantelete.

—Te acostumbrarás.

Kaede negó con la cabeza.

—No debería tener que hacerlo tan rápido.

Se detuvieron cerca de una fuente central. El agua reflejaba luces mágicas suspendidas en el aire y, por un segundo, Aoi vio su reflejo distorsionado en la superficie.

Seguía sin acostumbrarse.

Hina suspiró y se llevó una mano a la nuca.

—Aoi… tenemos que desconectarnos pronto.

Aoi alzó la cabeza.

—¿Eh?

Kaede fue la que habló esta vez, con tono suave pero firme.

—Tenemos clases mañana temprano. Ya nos extendimos demasiado.

El pecho de Aoi se tensó.

—Oh… claro. Lo olvidé.

No lo había olvidado.

Simplemente… no quería pensarlo.

Hina se acercó y le dio una palmada ligera en el hombro.

—Oye. No pongas esa cara. No te vamos a abandonar.

—Solo… —Kaede sonrió apenas— vas a tener que sobrevivir un rato sin nosotras.

Aoi miró alrededor.

La ciudad.

La gente.

Las miradas.

Fen gruñó bajo, percibiendo la tensión.

—Yo… puedo quedarme en algún lugar tranquilo —dijo Aoi—. No voy a meterme en problemas.

Hina alzó una ceja.

—Eso lo dudo.

Kaede activó su menú.

—Estaremos fuera solo unas horas. Cuando volvamos, te buscamos.

Hina levantó la mano.

—Y nada de aceptar invitaciones raras, clanes sospechosos ni “oye, ven con nosotros, somos buena gente”.

Aoi asintió rápido.

—Lo prometo.

Las dos hermanas se miraron.

Luego, casi al mismo tiempo, comenzaron a desvanecerse.

—Nos vemos, Aoi —dijo Kaede.

—No hagas explotar nada —agregó Hina.

Y se desconectaron.

El mundo no cambió.

Eso fue lo peor.

El ruido siguió.

La gente siguió moviéndose.

Y Aoi se quedó sola.

El silencio no llegó de golpe.

Llegó en forma de espacio.

Donde antes estaban sus hermanas, ahora había vacío. Y ese vacío parecía atraer atención como un imán.

Aoi dio un paso atrás.

—Fen… —susurró.

El lobo se colocó frente a ella de inmediato, erguido, alerta. Sus colmillos se asomaron ligeramente, y un gruñido bajo recorrió su garganta.

Eso fue suficiente para llamar más atención.

—Oye… ¿ese lobo es tuyo?

—¿Desde cuándo se puede domesticar algo así?

—¿Es una invocación?

—No, mira el ícono… es vínculo.

Aoi tragó saliva.

Un grupo se acercó primero. Tres jugadores bien equipados, sonriendo demasiado.

—Hola —dijo uno de ellos—. Oye, ¿estás sola?

Aoi retrocedió un paso.

—S-sí… digo, no. Estoy esperando a alguien.

—Podemos esperar contigo —intervino otro—. Somos de un clan mediano. Tenemos buenos beneficios.

—No estoy interesada —respondió Aoi, bajando la mirada.

No se fueron.

Otro grupo se acercó por el lado contrario.

—¿Eres nueva? —preguntó una chica—. Tu build es rarísima. Me gusta.

—Gracias, pero—

—Podrías venir con nosotros. Solo para probar.

Fen dio un paso al frente.

Un gruñido más fuerte.

Los jugadores se detuvieron, incómodos.

—Tranquilo, tranquilo… —dijo uno levantando las manos—. No puede atacar aquí, ¿verdad?

Y era cierto.

Aoi lo sabía.

Fen también.

Las zonas seguras no permitían agresión.

El lobo podía intimidar…

pero no proteger.

—Oigan, déjenla respirar.

—¿Por qué? ¿La conoces?

—No, pero—

—Entonces no molestes.

Las voces se superponían.

Invitaciones emergían una tras otra frente a su interfaz.

[Invitación a grupo]

[Solicitud de clan]

[Mensaje privado]

[Mensaje privado]

[Mensaje privado]

Aoi negó con la cabeza.

—No… no, gracias… de verdad…

Su voz se perdía entre el ruido.

Fen giraba sobre sí mismo, inquieto. Lyn descendió un poco más, pero no podía hacer nada.

Aoi sintió la presión cerrarse.

No podía moverse.

No podía huir.

No podía atacar.

—Esto… —pensó— esto es peor que estar sola.

Y entonces—

—¿No saben retirarse cuando alguien dice no?

La voz fue clara.

Firme.

Autoritaria.

El murmullo se detuvo como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.

Aoi levantó la cabeza.

Entre la multitud, una figura avanzaba con paso seguro.

Armadura oscura, elegante, diseñada más para el control que para la ostentación. Una capa corta caía por su espalda, moviéndose apenas con cada paso. Su cabello largo reflejaba la luz de Lunvar con un brillo contenido, y sus ojos observaban la escena con una calma que imponía respeto sin esfuerzo.

—Este no es un mercado —continuó la recién llegada—. Es una ciudad.

Algunos jugadores fruncieron el ceño.

—¿Y tú quién—

La mujer no le permitió terminar la frase.

Un símbolo apareció junto a su nombre.

Alto rango.

Muy alto.

La actitud del grupo cambió de inmediato.

—Tsk…

—No vale la pena.

—Vámonos.

Uno a uno, se dispersaron, perdiéndose entre la multitud como si nunca hubieran estado ahí.

El espacio alrededor de Aoi volvió a abrirse.



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Editado: 01.10.2026

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